Viernes, 13 de diciembre de 2019

Río de Janeiro, el exilio "doblemente trágico" de la escritora Rosa Chacel

María Angélica Troncoso

Río de Janeiro, 15 nov (EFE).- El exilio de la escritora española Rosa Chacel en Río de Janeiro fue "trágico", pero la "Cidade Maravilhosa" marcó de forma tajante la vida y narrativa de una de las plumas más sobresalientes de la generación del 27, como recoge una exposición que esta semana abrió sus puertas en Brasil.

Río de Janeiro, cuna de la samba y el bossa nova, fue un destino gris para la escritora, que no consiguió sentir a Brasil como una segunda patria por su obligada condición de exiliada.

Chacel (1898-1994) vivió por más de 30 años en una ciudad en la que no consiguió adaptarse, pero que le influyó profundamente.

Un registro fotográfico y documental de esa experiencia se recoge en la exposición "El exilio brasileño de Rosa Chacel", abierta al público hasta el 11 de diciembre en el Instituto Cervantes de Río, y una de las actividades dedicadas a la escritora española organizadas por la Academia Brasileña de las Letras y el Centro de Estudios Brasileños de la Universidad de Salamanca.

- UN EXILIO DOBLEMENTE TRÁGICO

La vida de la autora vallisoletana estuvo marcada por la caída de la República tras el triunfo del fascismo en España, lo que acabó con los sueños de modernidad, democracia e igualdad en el país europeo y obligó a los republicanos a exiliarse en el exterior.

Para el comisario de la muestra, el escritor español Javier Montes (Madrid, 1996), el caso de Chacel resultó en un exilió "doblemente trágico" ya que no solo tuvo que abandonar su patria cultural, la que le dio el idioma y el saber, sino también la República que desapareció con el triunfo del dictador Francisco Franco.

Montes conoce bien la historia de la escritora española, cuya vida ya había narrado en "Varados en Río", obra en la que además habla de la experiencia de otros escritores que vivieron su exilio en la ciudad más emblemática de Brasil como el argentino Manuel Puig, el austriaco Stefan Zweig y la poetisa estadounidense Elizabeth Bishop.

"El sueño de la España moderna, más justa, más democrática más igualitaria, con voto femenino, eso desapareció, por desgracia para todos nosotros por 40 largos años. Entonces, aparte de del destierro de esa patria mental se destierra de su patria cultural, de su lengua española que unía tradiciones y vínculos sentimentales", aseguró Montes durante una entrevista a Efe.

Por eso para Chacel, quien llegó a Río de Janeiro casi con medio siglo encima, el estado emocional "no le daba" para apropiarse de una ciudad y un país en el que vio como durante la edad dorada de Brasil -años 40, 50 y 60- llegaban la modernidad, la democracia y la revolución cultural tan anhelada por ella en su querida España, aunque también fue testigo del coto que a eso puso después la dictadura militar (1964-1985).

"Su patria mental es otra, está sin estar del todo porque se ve en el deber de mantener viva la llama de la República, de mantener vivo el recuerdo de lo que había podido ser y no fue y de mantener la tradición cultural previa a Franco", explicó.

Regiones como la isla de Paquetá, ubicada en la bahía de Guanabara y considera un oasis de paz en medio del agitado mundo de la capital fluminense, o la ciudad de Valença, al sur del estado de Río de Janeiro, fueron dos refugios donde la escritora encontraba sosiego en el país tropical.

Por eso, la muestra también reconstruye los principales aspectos de su vida no solo en Río de Janeiro, sino en esos lugares que fueron remansos de paz para la escritora.

"Hemos intentado reconstruir un poco su vida apoyándonos en imágenes de la época y narrando un poco desde su voz, citando frases de sus diarios, de las cartas donde ella hablaba mucho de Nélida Piñon, de Clarice Lispector y de Lucio Cardozo, y de sus viajes a Paquetá, la isla de la bahía de Guanabara que fue para ella una especie de miniexilio voluntario dentro de su exilio en Río", señaló.

Esta escritora, oriunda de Valladolid y autora de obras como "Teresa", "Memorias de Leticia Valle", "La Sinrazón" y "Barrio de Maravillas", solo comenzó a tener reconocimiento tras su regreso definitivo a España a finales de la década de los 60.

A pesar de haber sido galardonada con el Premio de la Crítica (1976), el Premio Nacional de las Letras (1987), el Premio Castilla y León de las Letras (1990), entre otros, Chacel siempre se quejó por no recibir el premio Cervantes.

Tampoco tuvo un lugar en la Real Academia Española, hechos que según Montes se dieron por el hecho de ser mujer "en una cultura muy machista y una España que estaba dejando atrás una cultura muy conservadora".