miércoles, 01 de diciembre de 2021

POR CELIA OTERO

Don Benito Blanco, el Quijote Gallego que conquistó Buenos Aires

Benito Blanco B.B.4 Benito con placas en Av de Mayo web
Benito Blanco inmortalizado en la Avenida de Mayo, una arteria de España en Argentina

Don Benito Blanco, el Quijote Gallego que conquistó Buenos Aires

“No es extraño que haya renacido siempre como el Ave Fénix”, dice Mariana, su actual esposa; al nacer, fue la madre quien lo “entregó” a San Benito. Así se decía en esos tiempos y en Alfonselle.

El encuentro  con el entrevistado y su encantadora esposa fue en un tradicional café de la Avenida de Mayo, “Los 36 billares”, su lugar preferido.   Por mi parte asumía  un  desafío: bucear en la historia aún no contada de Don Benito Blanco.   Es que  sobre él se ha escrito  mucho, y con motivos más que suficientes. Se sumaba a ello la biografía llevada a cabo por Mariana Vicat Machado,  su esposa, quien  supo relevar los aspectos antropológicos, históricos y familiares, con un estilo y minuciosidad impecables.  

Benito Blanco B.B.13 En el mitico 36 billares web

Con su esposa Mariana Vicat Machado, en los 36 Billares, durante la entrevista, 15 de Septiembre de 2021

Con ese marco vio la luz, en el año 2009, el libro “De Lalín a Buenos Aires, Benito Blanco, un gallego emprendedor”, (Abey Ediciones), del cual fue directora, autora de textos y productora editorial la propia Mariana Vicat, quien durante ese proceso inició una relación que culminó en boda. Sucedió como en un cuento de hadas, reiterando esa predestinación que parece acompañar a Benito en sus múltiples episodios de vida.  Hoy conforman una pareja en el sentido más profundo. Cuando ella habla de él, lo hace con admiración, respeto y cariño, Benito calla y sonríe cuando la escucha, la voz melodiosa y cultivada de su esposa lo subyuga y la reconoce como principal sostén, en su vida personal y en sus proyectos, que comparten y analizan en conjunto.   

Benito Blanco B.B. 10. Presentación de su libro webPresentación del Libro sobre su vida. De Lalìn a Buenos Aires..., junto a Mariana, su esposa y autora

Resulta fácil  ser “encantada” por esta metafórica Sherezade. Belleza serena, sonrisas y calidez la caracterizan, además de un currículo de excelencia y amplitud de intereses. La diversidad en torno a un eje, eso demuestra la elección de Mariana Vicat de Blanco a la hora de decidir su formación profesional e intelectual. 

Mariana resuena como una “mujer del Renacimiento”. Personajes que indagaban incansablemente en diversos aspectos porque tenían claro que la cultura es un todo, y que la formación es fundamental, para proceder y producir. 

El mundo editorial fue lo suyo pero la radio tampoco le fue ajena, participó en varios programas de éxito y actualmente hace un micro de cultura en el programa más antiguo de la colectividad española en Buenos Aires: “Recorriendo España”, por AM 650, Radio Belgrano. 

Su trabajo en Abril, una de las más prestigiosas editoriales argentinas, fue al lado de las plumas más reconocidas internacionalmente. Esa experiencia acumulada y su incansable vocación de estudio la convirtieron en directora de la editorial Abey, cargo que continúa ejerciendo. 

Su ascendencia española la llevó a vincular su trabajo, en muchas ocasiones, con la colectividad, tan numerosa en Buenos Aires. En este contexto fue que en el año 1998 el Café Tortoni, un icono de Buenos Aires, le reconoció con una medalla su aporte a la cultura de la ciudad. En el 2007 publicó “150 años del Gran Café Tortoni” y pocos  años después, “De Lalín a Buenos Aires, Benito Blanco, un gallego emprendedor”. Ambos declarados de interés cultural por la Cámara de Diputados de la Nación Argentina. En Madrid la distinguieron con la “Enxebre Orde da Vieira” y la nombraron “Dama de la Cofradía de Caballeros y Damas de Don Quijote”.

Benito Blanco B.B 10 Ordre de Vieira web

Pedimos tres cafés y me dispuse a escuchar. La historia de Benito me atrapó, si bien había leído su biografía, oírla de su voz tuvo un efecto casi hipnotizador. Fue una auténtica vida de película de aventuras en la que al protagonista se le presentaron hechos y oportunidades a veces inexploradas, otras inauditas y a todo se atrevió y, como en los mitos, en la actualidad mira hacia atrás sólo para valorar lo hecho pero tiene el futuro para caminar y proyectar. 

-Me llamaban el Rey del Petróleo, sin ser petrolero, dice, con una lucidez que sus noventa años no han hecho más que agudizar. Porque a la inteligencia natural se ha sumado la experiencia y la complejidad de una vida institucional que en los últimos años se incrementó raudamente. Esto lo convierte en un “personaje”, en el mejor sentido de la palabra, imprescindible para describir a través de la vida de alguien que es un emprendedor nato, a la Buenos Aires inmigrante, y reflejar a  la colectividad gallega en general. 

Benito Blanco B.B. 1.Familia webLa familia Blanco Alvarez, en Alfonselle

En mi caso, fue fácil trasladarme a la comarca del Deza, a Lalín y a la vecina aldea de Alfonselle con las alas de la imaginación y la morriña de mis propias raíces, por unos momentos me vi entre los carreiros, las xestas, los toxos y los hórreos que fueron parte de los primeros veinte años de Benito. Porque hasta esa edad allí vivió, quien hoy es un símbolo imponderable de la colectividad emigrante. Lleva setenta años residiendo en Buenos Aires y, como en tantos casos, su primer empleo fue el de lavacopas.

 Benito Blanco B.B.2 Feriante web

Benito Blanco, Feriante en Lalìn, antes de emigrar

-Tengo muchos recuerdos de mi vida en la aldea. Se guardaban las vacas en las cortes y se trabajaba la tierra con mucho esfuerzo. Debo confesar que estas tareas del campo no me satisfacían, pero la memoria las guarda como tesoros. Se hacían morreas, se sembraba poco trigo, la mayoría era centeno. 

-Siempre traté de ganar unas pesetas, por eso a los doce años cuando advertí un gran prado de un vecino que necesitaba regadío, abrir y cerrar los pozos y correr las piedras de los cursos de agua, acepté con gusto, y en secreto, el ofrecimiento de un dinero para que me ocupase de ello. También cortaba los toxos y las malas hierbas. Fue, de alguna manera, mi primer trabajo asalariado. Lo hacía a escondidas de mis padres, con disimulo guardaba las monedas, le confiaba a mi hermana Consuelo el tesoro, porque mi sueño era comprarme zapatos, no me gustaba  ir “cos zocos” a las fiestas o a las procesiones. 

En tanto lo escucho decir esto, observo su cuidada y prolija vestimenta, en que predomina el color beige y se advierte  la calidad y buen gusto de la ropa. Entonces, pienso que este hombre al que unos zapatos le parecían el lujo de un paraíso a conquistar, tuvo el motor increíble de lograr fortuna, reconocimiento y una popularidad tal que trasciende al ámbito internacional, más allá de la propia Argentina y España. 

-Nací un 2 de agosto, en pleno verano gallego. Mi padre, Amancio Blanco Carballude, era de Quintela y mi madre María Álvarez García había nacido en Alfonselle. Trabajo, esfuerzo y disciplina aprendimos los siete hijos con su ejemplo.

-Mamá era analfabeta, pero podía llevar mentalmente las cuentas con mayor rapidez que una calculadora moderna. Eran “feriantes”, aunque tenían su pequeña tierra, que se cultivaba, y algunas vacas, como casi todos los labradores. Ellos, con gran espíritu emprendedor, que seguramente me transmitieron, recorrían los lugares que por entonces eran los mercados de los campesinos de la comarca y comerciaban con lo que los labradores llevaban allí, en busca de unas pesetas para poder comprar lo indispensable.

- Jamones, manteca, huevos, miel, todos los productos que se obtenían en las pequeñas fincas del minifundio gallego tenían su lugar de mercadeo en las ferias que se realizaban con periodicidad ancestral. Aún hoy se conservan como tradición, convertidas en la actualidad en lugares de esparcimiento, para comer una tapa de pulpo o una ración de carne al caldero. Pero por entonces se vendían desde gallinas hasta un becerro y se compraba algo de fruta o un buen cerdo para mejorar la raza. 

Los Blanco Álvarez lograron organizar una verdadera empresa familiar y con muchos años de ahorro compraron un vehículo, al que llamaron El Hispano. En él llevaban la mercancía y también transportaban a vecinos que iban a comerciar. Como el automotor tenía un cartel que decía “Alfonselle”,  es éste el nombre con que se conoce a la familia. 

Con el tiempo y las oportunidades la casa también fue convirtiéndose en una ocasional posada para obreros picapedreros o guardias civiles. Consuelo, la hermana mayor, cocinaba tan bien como su madre y sumaba su aporte de trabajo al clan familiar. Esta hermana siguió siendo el puntal, ella que apenas había aprendido las primeras letras con una vecina, y era quien oficiaba de madre, de labradora de la huerta y mantenía encendida la lareira, ese símbolo del hogar gallego, para que María, la madre, atendiese el puesto, se ocupase del negocio y su padre y hermanos hicieran su parte del trabajo. 

El espíritu empresario de la familia se encarnó con fuerza en Benito, quien, a los dieciséis años ya tenía su propio puesto de venta en la feria y comerciaba jamones y harina. Comenzó a pie, aquel joven que tuvo su primer par de zapatos a los doce años, supo ahorrar para comprar una bicicleta y luego una motocicleta. 

Resulta evidente que la inversión, como parte de la actividad empresarial, era una variable que el joven Benito, allí en la aldeas de la parroquia, ya había descubierto, con la practicidad de un Sancho Panza, con los pies en la tierra, y los sueños del Quijote, que busca desfacer entuertos, como sea y donde sea. 

Al emigrar, esta capacidad y actitud de constancia y empuje se desarrollaría en un mundo que abría sus puertas a quienes pusieran esfuerzo, inventiva y audacia.

A los dieciséis años era un joven traficante que compraba y vendía todos los productos de las aldeas e incluso los que, con su astucia natural, lograba conseguir, en el “estraperlo”, una situación irregular “de contrabando” muy común en esos tiempos del racionamiento, en que hasta el trigo estaba prohibido para el consumo.

-No emigré por necesidad extrema, como sí debieron hacerlo otros paisanos, en casa no faltó la comida nunca, mi madre procuraba con su inteligencia y su actividad constante que toda la familia tuviese lo necesario, a mi padre le servía siempre la ración más importante, lo adoraba. Ése fue el ejemplo de amor que tuvimos.

-Entonces, Benito, ¿cómo fue que llegó a Buenos Aires? -Le pregunto. 

-Cuando tenía veinte años, y ya me había echado moza, llegó carta de una tía paterna, que había emigrado antes a la Argentina y mandaba la reclamación para uno de los sobrinos. En casa se hizo una reunión y, ante la negativa de mis hermanos tomé la decisión. Siempre pensé que el destino llama, y hay que oírlo, si es posible, a la primera vez.  

Benito no temía escuchar el canto de las sirenas, pensé. La aventura era lo suyo, y de los audaces es el mundo. 

Así fue como el 12 de enero de 1952, arribó al puerto de Buenos Aires.

-Sin estudios, ¿qué podía hacer? ¡Lo que la mayoría de mis paisanos! De inicio fui lavacopas en la confitería La Ideal, muy tradicional, ubicada en Suipacha 380. Tuve una buena relación con los mozos, pero no con los vasos, porque rompí tantas copas que me despidieron. 

Benito Blanco B.B. 7 Lavacopas y Mozo web

Ya en Buenos Aires, lavacopas y mozo

Y lo veo reír, ahora que los años lo han convertido en un hombre condecorado internacionalmente, comensal en mesas de reyes y de personajes de jerarquía política y empresarial, e incluso recibido en audiencia por el Papa. Puedo acompañar su risa pensando “éste es el mismo Benito que un día fue despedido por romper las copas de La Ideal”.

Benito Blanco - B.B. 11 Con el Papa Francisco webBenito Blanco en una audiencia con el El Papa Francisco

-A los compañeros mozos les di pena y me recomendaron a un copetín al paso, que funcionaba en Corrientes 927. Se llamaba “Al pie de la Vaca”. En marzo del año siguiente me ofrecieron entrar con una sexta parte en Avenida de Mayo 1194, como mozo del turno noche. Estuve cuatro años seguidos, durante los cuales, además, hice cursos en la Academia Pitman, que por entonces era lo mejor para quiénes no podíamos asistir a escuelas. Tres  años después, con un asturiano y tres gallegos entré de socio en la pizzería “El Triunfo” de Corrientes 5157. Hoy se llama “Imperio”. 

 -Un día, estaba en “El Triunfo”; sabía que habían puesto hornos a gas y quería probarlos. No calculé que había demasiado combustible dentro, encendí los quemadores y abrí la puerta. Salieron llamaradas y me abrasó gran parte de la cara y el pelo. No fue grave, pero un vecino les contó a mis padres que yo estaba quemado y en cama. Recibí carta y llamado de mi padre, me dijo que mi madre no se consolaría si no confirmaba que yo no estaba grave. Por ello, me fui a Longueira y Longueira y les compré, según ellos afirmaron, el primer pasaje de avión que vendieron. 

-Corría el año 1960, volví a Galicia después de ocho años. Desde Madrid llegué en tren, y en la estación de Orense estaba toda mi familia. 

-Era invierno. En noviembre y diciembre ya sabes que llueve día y noche, decidí comprar un auto francés 0 km, un Simca. Y ya dejé de ser el “Benitiño de los Alfonselle”, para ser “El Americano”.

-En esos meses comprobé que mi familia había progresado, compraron casa en Lalín y en la aldea tenían un casero. Mis hermanos hicieron su vida, con trabajo y éxito. Una novia que había dejado al irme se había casado ya, seguramente decepcionada por el tiempo en que no le había escrito.

-Al regresar a Buenos Aires fui a ver a los hermanos Longueira y ellos me ofrecieron organizar una oficina de  tramitaciones entre España y Argentina. Así fue como di el primer gran paso: “Agencia España de Longueira y Blanco”. De esta forma se anunciaba por radio y mi nombre se asociaba, aunque no lo era, a los grandes de la colectividad.

- En sus inicios, la oficina funcionaba en la humilde pensión en que yo vivía, en Hipólito Yrigoyen 1194, luego la mudé enfrente, en el 1189. 

Yo lo escuché, admirada de la exactitud en datos, años, direcciones, entonces me dijo: se ganaba buen dinero, pero… 

El pero fue, como en las aventuras del Quijote, que de vez en cuando aparece Alonso Quijano y los sueños pierden vuelo, aunque con Benito esto siempre es temporario, porque él tiene alas muy poderosas. 

-Un paisano -me cuenta-, tenía siempre documentos por cifras altas para cambiar, pues las empresas con las que trabajaba eran muy importantes, internacionales o nacionales de las más poderosas, y así le pagaban. Él necesitaba ese dinero en efectivo. Yo lo se lo adelantaba y después él rescataba los pagarés. Sucedió que los pagos se le fueron haciendo más demorados y cuando nos dimos cuenta me debía un millón de pesos, “de aquellos”.

-Me ofreció, en compensación, parte de una mina de bentonita, que tenía en Río Negro, una provincia del sur de Argentina. Yo no sabía nada de estos temas, pero nunca me negué a lo que el destino me traía.

Benito Blanco B.B. 8 Empresa Minera web

La empresa minera

Aunque mi sorpresa por las derivaciones comerciales de Don Benito se hacía cada vez mayor, seguí comprendiendo que los cantos de sirena no lo asustarían nunca y Quijote saldría triunfante, como fuese. Porque de Alfonselle, que no es la manchega llanura, sino la verde Galicia, salen Alonsos Quijanos con estirpe de guerreros de la vida. 

-Así fue que  comencé con el tema que hizo que me llamaran el Rey del Petróleo, un error, porque nunca fui petrolero. La bentonita es una arcilla que sirve para aislar los pozos de petróleo, hacerlos más estables y menos propensos a desmoronarse, por lo tanto es muy importante en el rubro, pero yo sólo era un proveedor de empresas extractoras. 

-Fui en avión a llevar maquinaria, muy costosa, que era para moler la arcilla, varias veces, muchos viajes. Mi socio estaba allí, para instalarla. Hasta que un día me enteré que no lo había hecho, me había estafado. Nuevamente estaba en bancarrota. A fojas cero. 

-Era el año 1973 y ya había formado una familia. Casado con Edelmira Pardo, hija de gallega y asturiano, tenía ya dos de mis tres hijos. Debía pensar en ellos, entonces fui a ver a los hermanos Longueira, para  pedirles trabajo.

-Ellos se miraron y me dijeron: “Benito, para vos no hay trabajo, hay capital. Porque eres un empresario nato, nunca serías un buen empleado. ¿Cuánto necesitas para recuperarte?” Un millón de pesos, les dije. Me los entregaron sin un papel ni una firma. “Tu palabra es suficiente”.  Y lo fue.

-A los seis meses había resurgido como el Ave Fénix. Es que mi madre me había entregado al santo y nunca me falló, dice, muy seguro. 

-Puse entonces una empresa de ingeniería de perforación de pozos de petróleo, pero yo no extraía, por eso digo que la prensa, sobre todo la española y la gallega en especial, cuando me bautizó el “Rey del petróleo”, se equivocó. Pero ya el apelativo se había difundido y así permaneció. 

Benito Blanco B.B.9 Empresario web

Benito Blanco, el empresario

-Hice contacto con un ingeniero francés, experto en el tema, que pertenecía a la empresa italiana Saipen, que se iba del país. Me vendió un automóvil Ford Falcon casi nuevo, por entonces era un coche de lujo en el país, y me dejó contactos para contratos y proveedores. Así, conocí incluso a dos ingenieros químicos que habían trabajado en YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales, empresa nacional de Petróleo de Argentina) en los pozos que hay en Mendoza y, casualmente, eran de familia de Lalín. Es evidente que estaba predestinado. 

No todo fueron aventuras comerciales y audaces incursiones en ramos desconocidos; la vida de este hombre tuvo el golpe más duro que puede sufrir un ser humano. La pérdida de un hijo. 

-Habíamos ido a pasear a España en familia, por entonces ya tenía tres niños varones, el menor, de tres años, se llamaba Marcial. Fue en Asturias, donde visitábamos a la familia de Edelmira. Entonces, como un rayo, ocurrió el segundo más largo de mi vida, el que quedó en la memoria para dar vueltas y preguntarnos el por qué de las cosas, hasta que aceptamos el destino, con lo bueno y lo malo. Pero con el  dolor siempre intenso. Un camión pasó por la carretera, a la que el pequeño se había asomado, y fue el final. El mundo pareció detenerse, la familia  entró en caos, pero al tiempo una niña, a la que adoptamos, recién nacida, nos llevó a aceptar, sin olvidar. 

Hechos excepcionales jalonaron su vida, entre ellos, la visita a Argentina de su madre, Doña María, quien con su espíritu imbatible aceptó viajar en avión y venir a ver dónde y cómo vivía su Benitiño. Fue recibida con un asado monumental y el orgullo de su hijo por presentar a su madre, en el multitudinario agasajo. 

Benito Blanco B.B.5. Con su madre web

Benito Blanco con María Alvarez, su madre

En la actualidad Benito tiene dos hijos varones, Fabián y Claudio y la menor, Carolina, recibida al nacer, enviada por Marcial, pienso, porque desde que llegó a su hogar este hombre de grandes empresas vivió pendiente de ella que fue su alegría y su motor.

Benito Blanco B.B.14 con sus hijos en su 77 cumpleaños webBenito Blanco con sus hijos, festejando sus primeros 77 años

Los tres le han regalado siete nietos, todos varones. La estirpe Blanco tiene sucesores. El patriarca aún ejerce su lugar, sueña con proyectos y vive con plenitud. El eterno joven que es, como si hubiese bebido de la mitológica fuente, me causa admiración, porque es el ejemplo concreto de que la edad es una actitud y no un número. 

Benito Blanco B.B. 15 . sus nietos webLos siete nietos de Benito Blanco

A esta altura del diálogo, Benito me cuenta con orgullo que casi frente al bar en que nos hallábamos hay dos placas en su recuerdo y homenaje. Hacia allí nos dirigimos para verlas juntos y tomar una foto. Pude advertir en su gesto, que, aunque ha sido recibido por personalidades y preside organizaciones de nivel internacional, esas placas significan una caricia especial. Están allí en la Avenida  de Mayo, en donde todo comenzó, porque una de ellas, bajo su retrato, dice:

Benito Blanco B.B.4 Benito con placas en Av de Mayo web

Benito Blanco inmortalizado en la Avenida de Mayo, una arteria de España en Argentina

“Aquí funcionaba el Bar El Internacional, el legendario lalinense Benito Blanco fue mozo desde 1953 a 1957….” Y a su lado un recuadro de mármol: “Homenaje a Benito Blanco Álvarez, exponente de la hermandad hispanoargentina por más de cincuenta años”. 

Benito Blanco B.B. Caballero de la Cofradía de Don Quijote web

Benito Blanco, Caballero de la Cofradía de Don Quijote

Están fechadas en octubre de 2016, cuando el reconocimiento ya era indiscutible. Este jovencito que regaba el prado y cortaba los toxos del vecino, fue condecorado por el Rey Juan Carlos I con la Encomienda de la Orden del Mérito Civil, recibió la Orden de Caballero de la Muy Honorable Cofradía Internacional de Caballeros de Don Quijote, y la Asociación Amigos de la Avenida de Mayo le dedicó una placa “por su quijotesca vida”. Sin duda alguna, merecido calificativo.

Benito Blanco B.B. 12 Asoc. Av de Mayo por su Qujotesca web

La Asociación de Amigos de la Avenida de Mayo lo distinguió

Un día se propuso restaurar el Teatro Avenida, que fue el emblema de la colectividad española emigrante por décadas y había sido destruido por un incendio. Con el objetivo de reconstruirlo, comenzó la batalla, que, sin que los Gigantes se lo impidieran, iba a ganar. 

Como el Cid, se dijo: “La victoria nunca debe depender de la suerte”, así fue... Y hoy el Teatro Avenida alberga compañías internacionales y recibe a los niños de los cuerpos de baile del Colegio Santiago Apóstol y de los distintos centros gallegos, en las festividades y en las ceremonias de fin de curso. 

En su larga y diversa historia puede rememorar la habitación de la humilde pensión y también las oficinas del emblemático Palacio Barolo. Es vocal titular del Club Español; representante, junto a Mariana, en la Federación Argentina de Colectividades; ha cumplido dos mandatos como presidente del Club Europeo, y es directivo titular del Hogar Gallego de Ancianos.

Don Benito ostenta tantos cargos y nominaciones que dan cuenta de un hombre que ha sabido ser, crecer y visibilizarse. Es presidente de la Federación de Sociedades Españolas en Argentina (FEDESPA) desde donde ha firmado un convenio con la colectividad italiana, porque cree en la hermandad de los pueblos. Fue invitado a los agasajos de la visita del Rey a la Argentina y lo ha recibido, en audiencia, el Papa Francisco. 

Pero los sueños no han terminado, sigue pensando en grande, a su medida, una Sociedad Hispanoargentina de Cultura, con especial dedicación a lo Académico y a la Tecnología y cuyo nombre no duda: Alfonselle.  

-Ya está casi finalizada la organización, estamos trabajando en eso. Benito, se hace un tiempo para saludar cariñosamente a la mesera del café Los 36 billares y no deja de comentar con el cajero que sólo sale a despedirme, que ya vuelve. 

Benito Blanco B.B. 16 Monumento al Quijote webMonumento al Quijote en Buenos Aires, un emblema 

Nos alejamos unos metros por la Avenida de Mayo. Recuerdo que muy cerca está emplazada la estatua del Quijote, un monumento que donó España a la Argentina; el viento del otoño porteño me trae aquellas palabras del Hidalgo, cuando la voz de Sancho le advertía acerca de quienes hablaban de sus andanzas: 

“Ladran Sancho, señal que cabalgamos”. Y vaya si cabalga, así en presente, Don Benito Blanco Álvarez, uno de los Alfonselle, que nació en un lugar de Galicia de cuyo nombre no puede olvidarse.

Celia Otero, Octubre 2021.