Sábado, 14 de diciembre de 2019

David Casarejos: Boris Johnson y la política en el 2019. Cualquier tiempo pasado es mejor, dicen

El nuevo líder del Partido Conservador británico, Boris Johnson. EFE/ Neil Hall
El nuevo líder del Partido Conservador británico, Boris Johnson. EFE/ Neil Hall

Boris Johnson y la política en el 2019

Cualquier tiempo pasado es mejor, dicen.

En la política de 2019, hemos llegado a una situación que nadie predecía, en los lejanos años noventa.

El   nivel del discurso ha bajado y ha hecho aparición en la primera línea del argumentario de la   política actual contenido y formas que parecían enterradas, no solo por ser sonrojantes, sino por entrar en el terreno de lo peligroso.

En los países que me tocan, que son Reino Unido y España, ha habido un declive y perdida de nivel en el discurso político, y ha ido de la mano con el crecimiento de movimientos populistas de claro talante xenófobo y racista.

Cuando das voz a millonarios egocéntricos, alejados de la realidad británica, como Nigel Farage, y les pones a su alcance columnas en periódicos o programas de radio su bilis logra hacer mella y esparcirse, con lo efectos que ahora estamos pagando. Su partido (UKIP) es el culpable del cisma que ha estancado la política en Reino Unido los últimos 3 años. 

El   Reino Unido de los ’90, el del   BritPop y crecimiento económico constante, contribuyo de manera positiva a que un país que sufrió durante los ’80 la mano dura, los cierres de empresas, la policía a caballo aporreando a mineros en Orgreave, o lanzarse a una guerra con Argentina para tapar sus problemas reales con la Dama de Hierro al mando, se volviera más optimista. Esta década abrió mentes, contribuyendo a que se dejara de lado temporalmente su insularidad, y su aislamiento voluntario, sumándose al   proyecto de la Unión Europea.

En 2005, pude ver de primera mano, durante la presidencia de la Unión Europea por parte de Reino Unido, el interés por parte del gobierno británico de agradar y de ayudar en el progreso del trabajo conjunto de esta unión de países. Tuve la posibilidad de aportar mi granito de arena como funcionario del Ministerio de Sanidad británico, trabajando con la delegación ministerial española   dirigida por la Ministra Elena Salgado, y ver como la   colaboración entre países era clave para mejorar los sistemas sanitarios, copiando o aprendiendo de experiencias de otros países miembros…por ejemplo en el germen de los NHS Foundation Trusts (hospitales fundación), se miraba con admiración al Hospital Fundación de Alcorcón.

Todo en aquel entonces era positividad, y en el rincón de los anti europeístas, estaban Nigel Farage, y poco más. 

El British National Party, partido nazi, que idealizaban a Oswald Mosley (fascista de los años 30, afín a Mussolini y Hitller), estaba en números rojos, con un Nick Griffin que no era relevante, y que allí donde se atrevían a presentarse no llegaban al 5% de los votos.

La crisis de 2008, sirve de punto de partida de ese UKIP 2.0, que ahora con la excusa de los problemas económicos, encuentra una rendija a través de la cual pueden empezar a emponzoñar la política, y la sociedad británica.

Hasta entonces no había un ambiente hostil hacia los europeos, que éramos percibidos como algo positivo. A partir de la expansión a países de Europa del este, sí que comienza un cierto resquemor ante la entrada de grandes números de trabajadores, principalmente de Polonia.

Crisis económica y financiera, más entrada de emigrantes, más la falta de autocrítica y tendencia a buscar culpables fuera de sus fronteras, en un país en el que cada vez que hay mundial de futbol algunos medios deciden sacar a relucir batallas, guerras mundiales, gripe española, o alguna situación histórica para ridiculizar a sus rivales deportivos, llevan al resultado del referéndum de junio de 2016.  

Cuando los extremos ganan (curiosamente se aplica más a la derecha) los partidos mayoritarios copian posturas y se radicalizan para reducir esa riada de votos a los nuevos partidos. 

Pasa en Reino Unido con un partido conservador que va a ser liderado por un Boris Johnson desatado. Ese personaje que compara a mujeres vistiendo burkas con buzones de correos, que habla de la sonrisa de ciudadanos africanos como “sonrisa de sandía”, o usa el   termino ultra ofensivo y racista “piccaninnies” que dejan claro que su pensamiento está en línea con sus antecesores en el lejano, aunque siempre presente, Imperio Británico. El mismo que se preguntó en 2002 acerca del matrimonio homosexual en unos de sus artículos, ¿que “por qué no entre un hombre y un perro?”. En 2013, ante una visita del primer ministro de Malasia, Johnson, sugirió que el incremento de mujeres en la universidad en el  país asiático, se debería a su interés por encontrar marido…increíble pero cierto.

Y este es el nivel de la política actual...políticos, o mejor dicho señores que cobran sueldo de políticos, que no son sino unos opinadores con el argumentario de un adolescente que acaba de darse cuenta que bajo su incipiente bigote puede abrir esa boca para decir cosas sin sentido, y que lo malsonante, crea más risa y jolgorio entre sus amigotes…   y así, el portavoz de Vox en el Parlamento andaluz, Alejandro Hernández, soltó la semana pasada la siguiente perla, comparando la muerte del autor de un asesinato por violencia de genero con su víctima: “La muerte es igual de grave en uno y en otro caso. Lo que tenemos que ver es qué lleva a que se produzcan ese tipo de situaciones. Y eso no se va a poder hacer desde una perspectiva ideológica”.

Frase para incluir, junto a las de Boris Johnson en el libro de “Ética y tradiciones “que dentro de poco, y si sigue así la cosa, estudiaran los jóvenes en los institutos de Andalucía. 

2019 es así, ya hemos encontrado la máquina del tiempo. De momento al pasado hemos viajado de golpe, a la época de la dictadura (o mas allá) en muchos ámbitos, ahora habrá que esperar que encuentren el botón para viajar al futuro, y que la sociedad progrese, y que sea rápido.