lunes, 16 de mayo de 2022

EL DÍA MUNDIAL DE LUCHA CONTRA LA DEPRESIÓN SE CELEBRÓ EL 13 DE ENERO

Salud mental

GRAF6438. VARSOVIA, 07/01/2022.- Ciudadanos españoles pidieron este viernes en Varsovia una mayor implicación de la Unión Europea (UE) en la salud mental, especialmente entre los jóvenes, así como homogeneizar y democratizar el acceso a la atención sanitaria bucodental en territorio comunitario, en el marco de la Conferencia sobre el Futuro de Europa (CoFoE). EFE/María Moya
Ciudadanos españoles, en el marco de la Conferencia sobre el Futuro de Europa (CoFoE), pidieron en Varsovia una mayor implicación de la Unión Europea (UE) en la salud mental, especialmente entre los jóvenes. EFE/María Moya

SALUD MENTAL 

Beatriz Arlanzon 

En el día mundial de la depresión y en un momento en el que los medios de comunicación empiezan a hablar abiertamente de salud mental, cabe preguntarse cómo anda el equilibrio emocional de los e/migrantes. Hasta hace poco, no se hablaba de shock cultural, ni de síndrome de Ulises, ni de duelo migratorio. Tu familia y tus amigos te decían que tuvieras paciencia, que era morriña y que con el tiempo te irías acostumbrando. Pero migrar supone un desgaste intenso tanto a nivel emocional como físico sobre todo cuando ese malestar empieza a somatizarse. 

Llámenos a las cosas por su nombre. A la mayoría de los migrantes nadie les espera con los brazos abiertos en el país de acogida. Es cierto que la Unión Europea permite la libre circulación de trabajadores (que no es poco) pero se trata de un acuerdo intergubernamental que no nos garantiza aprender otro idioma rápidamente, ni que la población del país en el que nos establezcamos haga algo por facilitar nuestra integración, ni que nos encontremos cómodos en la nueva cultura y sus valores, por no hablar de cómo vivimos las expectativas no cumplidas y los fracasos. Y esa frustración, como la tortura china de la gota, poco a poco, va minando nuestras fuerzas.  

La ayuda especializada dirigida a los españoles residentes en el exterior está aumentando. Es una buena noticia. Por una parte, porque empieza a desaparecer el estigma social que durante tantos años ha tenido ir al psicólogo cuando es un profesional de la salud igual que un dentista o un dermatólogo. Por otra parte, porque las diferencias y los filtros culturales suelen interferir en la comunicación. Lo que dice el paciente no es necesariamente lo que entiende el terapeuta y lo que responde el terapeuta puede no ser lo interpreta paciente. Añadamos la barrera lingüística a esta bola de nieve... La tecnología facilita buscar un buen terapeuta en España pero la gran mayoría no ha vivido la experiencia e/migrante y la desconocen. Por eso, los psicólogos españoles o hispanoamericanos que residen en el mismo país y que han pasado por situaciones similares pueden ser un buen apoyo.  

Aún así, cuidado con quien intente desplazar toda la responsabilidad al paciente. Si con un terapeuta / una terapia no se avanza, hay que cambiar. Mejor no perder autoestima, tiempo y dinero. Puede que sea un mal profesional, que los hay, o sencillamente que no sea el psicólogo que se necesita. No nos dejemos liar tampoco por los empleadores tóxicos que intentan convencernos de que la salud es responsabilidad exclusiva del trabajador. Hace años el psicólogo Ramón Nogueras decía en una entrevista que «estamos yendo al psicólogo cuando lo que en realidad necesitamos es afiliarnos a un sindicato». No hace falta ser un premio Nobel para darse cuenta de que un empleado sano será más productivo y tendrá menos bajas por enfermedad (con el consiguiente ahorro que supone a la empresa).

(https://blogs.publico.es/strambotic/2018/09/entrevista-ramon-nogueras/).

¿Y las mujeres? Un artículo publicado en este periódico hace unos meses informaba de que el 83% de los expatriados sufre estrés. 

https://www.laregioninternacional.com/articulo/en-el-mundo/economia-83-trabajadores-espanoles-expatriados-sufre-estres-estudio-cigna/20211207124124272432.html

La aseguradora Cigna llegaba a esta conclusión tras realizar un estudio en el que el perfil del trabajador expatriado se correspondía «con un hombre de entre 25 y 49 años, casado y con hijos menores de 18 años, con salarios elevados». Ser mujer y migrante es un claro caso de interseccionalidad en el que hay que relacionar los datos cuantitativos obtenidos con las estructuras sociales tanto en el país de origen como en el de acogida: educación y normas, presión social, roles, apoyos y recursos con los que se puede contar, obstáculos de todo tipo o techos de cristal.

Así que hablemos alto y claro de salud mental porque no sólo hay que tratar los síntomas. Hay que ir a la causa que está provocando ese desequilibrio.