Sábado, 23 de Junio de 2018

REPORTAJE

Una voluntaria gallega lucha contra la tuberculosis en Kirguizistán

María Fernández Vivancos, una voluntaria de 33 años de Cruz Roja, acaba de regresar de Asia Menor, donde colaboró con la Media Luna Roja en la lucha contra esta enfermedad.
María Fernández Vivancos, una voluntaria de 33 años de Cruz Roja, acaba de regresar de Asia Menor, donde colaboró con la Media Luna Roja en la lucha contra esta enfermedad.

Aunque viéndola paseando por el centro de la ciudad de ourense, María Fernández Vivancos no se diferencia de otros voluntarios que diariamente aportan su granito de arena a Cruz Roja, esta joven acaba de vivir una experiencia que para muchos sería única, compartiendo esfuerzos con la Media Luna Roja en un remoto punto de Asia Menor, Kirguizistán, donde colaboró en la lucha para erradicar la tuberculosis. Vivancos, eso sí, tenía una experiencia previa en un país como Egipto, "donde viví cinco años y cursé un máster en Estudios de Oriente Medio", explica. A esto unió su paso por un instituto americano dedicado al desarrollo sostenible.

Aunque desde los ojos europeos la tuberculosis puede parecer algo menor, "en Kirguizistán es un problema serio y golpea con mayor fuerza a los más desfavorecidos", explica. Lo que más le llamó la atención fue "la capacidad que tienen allí de movilizar a gente; de hecho, el proyecto iniciado con ayuda de la Diputación de Soria se va a sostener ahora gracias a los voluntarios que han atraído durante este tiempo".

En cuanto a las condiciones de  vida, "sus centros sanitarios están bastante peor que los que conocemos aquí y, sobre todo, tienen un problema importante de personal". Una falta de medios que es paliada, precisamente, con iniciativas como el proyecto de lucha contra la tuberculosis de la Media Luna Roja.

La misión de Fernández Vivancos era evaluar el impacto del proyecto, para lo cual debió escuchar las historias de los propios afectados. "Una mujer cayó enferma cuando era emigrante en Rusia. En Kirguizistán son muchos los migrantes que contraen tuberculosis. Ella cree que la contrajo allí, pero eso es difícil de saber. Con tanta tos, ella pensaba que era neumonía", explica. Es una de las decenas de historias en torno a esta enfermedad que, según apunta, "carga con un fuerte estigma pues se relaciona con la pobreza, con ex prisioneros o enfermos de VIH, etcétera, así que cuando los pacientes reciben el diagnóstico se llevan una sorpresa desagradable".

Su paso por Kirguizistán también le ha servido para disfrutar de la gastronomía de otra cultura. "En Asia Central han confluido múltiples culturas y su comida es fruto de ello", señala, al tiempo que afirma: "La carne que probé allí estaba riquísima". Ahora está "a la espera de volver en cuanto pueda".