Miércoles, 13 de Diciembre de 2017

POR QUÉ ES IMPORTANTE PROMOVER MEDIDAS DE APOYO PARA FACILITAR LA INTEGRACIÓN DE LOS EMIGRANTES RETORNADOS

Volver tras las nieves del tiempo

En primer lugar, deseo puntualizar que escribo este artículo como Mari Cruz García, emigrante española en el Reino Unido, y cuanto digo lo hago a título individual.

Si de algo sabemos los españoles es de emigrar, ya que hemos sido tradicionalmente un país de emigrantes, salvo el breve periodo de bonanza económica que motivó la entrada de España en la CEE y la burbuja inmobiliaria, cuando por primera vez nos convertimos en el principal país europeo receptor de inmigrantes. La emigración es un fenómeno complejo que obedece a causas económicas y sociales, pero que también puede tener razones culturales y emocionales. Emigraban nuestros antepasados de la España decimonónica huyendo de la miseria y las guerras carlistas; emigraban nuestros abuelos y nuestros padres tras la Guerra Civil,  huyendo de esa misma miseria y, en algunos casos, de la brutal represión política. Y, finalmente, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria en el año 2008, se produce una nueva oleada migratoria, provocada por la precariedad laboral y la falta de oportunidades para incorporarse al mercado de trabajo. Esta nueva oleada migratoria, que es económica y forzada, se nutre precisamente de quienes tienen más dificultades para encontrar empleo: los jóvenes (según la OCDE, en 2017 España sigue liderando el paro juvenil entre sus miembros con un porcentaje de 38,6%) y los mayores de 40 años (de acuerdo al INE, más de la mitad de los parados de larga duración son mayores de 40 años).

Si existen razones para emigrar, también existen razones para volver: para atender a los padres o familiares directos a medida que envejecen y necesitan más apoyo, por haber contraído una enfermedad mental o física si en el país destino no se cuenta con una red de apoyo adecuada (pareja, amigos),  porque cambian las circunstancias personales (divorcios, separaciones) y porque algunas de esas circunstancias personales, como por ejemplo, perder el empleo, pueden afectar el estatus migratorio y al acceso a servicios básicos como la sanidad en algunos países. En el caso de quienes emigran a países industrializados del norte de Europa, la diferencia entre el modelo de socialización que rige la calidad y frecuencia de las interacciones sociales en dichos países  con respecto al modelo mediterráneo y latino del que procedemos, puede afectar a largo plazo a quienes emigran solos si no son capaces de construir un red emocional de apoyo en el país anfitrión. La soledad próxima a la locura que han experimentado quienes están solos en un país nórdico es otro factor válido para volver.

A las razones anteriores hay que sumarle una circunstancia muy particular que afecta a toda la comunidad española residente en el Reino Unido (comunidad en la que me incluyo): la pérdida masiva de nuestros derechos comunitarios y el cambio de estatus migratorio que supondrá salida del Reino Unido de la Unión Europea, el famoso “Brexit”. Tras más de 500 días en un “limbo legal”, en donde el actual gobierno británico no nos ha ofrecido ninguna propuesta justa y equitativa para garantizar nuestros actuales derechos como ciudadanos comunitarios, es de esperar que muchos de los emigrantes españoles que estamos aquí nos planteemos o bien regresar a España o marchar a otro país comunitario, dada la incertidumbre legal y ante el incremento del racismo y la xenofobia que lamentablemente promueven ciertos políticos populistas y medios de comunicación británicos.

Considero que el retorno de nuestros emigrantes, cualquiera que sean las razones que les impulsan a volver, es beneficioso para España porque quienes retornamos después de haber experimentado otra forma de trabajar y producir, somos un capital humano capaz de impulsar la economía y generar valor añadido, además de traer remesas de dinero que se van a invertir en la comunidad local. Es por ello que, como delegada del Consejo de Residentes Españoles en el Norte del Reino Unido (CREeNUK) decidí presentar, a través de nuestro presidente David Casarejos, una propuesta para promover las medidas de apoyo al retorno de emigrantes retornados que puede leerse en nuestra página web, y que se engloba dentro de las propuestas que como CRE hemos presentado para la reunión de la Comisión Permanente del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, reunión que tendrá lugar los días 27 y 28 de Noviembre.

La propuesta pretende sensibilizar al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social , a la Dirección General de la Emigración y a los observatorios de la emigración de las distintas CCAA, de los retos y dificultades a los que se enfrentan los emigrantes retornados para reintegrarse en la sociedad, y establece cuatro líneas de acción fundamentales:

1) La aprobación de unas medidas de protección e inserción mínimas para todos los emigrantes retornados, que sean comunes en todo el territorio nacional y no dependientes de la Comunidad Autónoma a la que el emigrante decide retornar.. Las ayudas específicas de cada comunidad autónoma continuarían existiendo como complemento de las medidas comunes. De esta forma se garantiza un trato más equitativo a todos los emigrantes retornados, independientemente de la comunidad a la que se retorne.

2) El establecimiento de una renta activa de inserción (RAI) para emigrantes mayores de 40 años, con una validez de dos años para todos aquellos emigrantes retornados que se registren en el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE).

3) El acceso al sistema público de salud para todos los emigrantes retornados así como cónyuges y descendientes de nacionalidad no española. Puesto que la salud es una competencia transferida a las administraciones autonómicas y la cobertura para emigrantes retornados varía de una comunidad a otra, es fundamental que el acceso a la sanidad pública esté garantizado en todo el territorio nacional.

4) La creación de programas de formación específica para aquellos emigrantes que deseen establecerse como autónomos, así como la concesión de subvenciones para ayudarles a establecer su propio negocio. También se promueve la celebración periódica de ferias de empleo que pongan en contacto empresas, ETT y cazatalentos con la emigración cualificada y capaz de generar valor añadido.

¿Por qué una renta de inserción para emigrantes retornados mayores de 40 años? Porque España “no es un país para viejos” como siempre han reflejado las Encuestas de Población Activa y las cifras del INE, y aquellos que regresan con la frente marchita y las nieves del tiempo plateando sus sienes, como decía el tango de Gardel, tienen más riesgo de convertirse en parados de larga duración si las empresas vuelven la espalda a la experiencia que pueden aportar y deciden contratar personal más joven. De ahí la importancia de los programas de formación específica para convertirse en autónomos, que ayude a este colectivo demográfico especialmente vulnerable a generar su propia fuente de ingresos.

Soy consciente de que el regreso a nuestro país de origen puede resultar tan difícil para una persona de 20 años como otra de 50, y es por ello que la propuesta promueve la creación de unas medidas de protección y apoyo mínimas y comunes para todos los emigrantes, medidas que también pueden incluir una renta de inserción activa para todos los retornados e independientemente de la edad, como la hubo en otras épocas en España. Lo que pretendía enfatizar con esta propuesta es que se debe proteger especialmente a aquellos emigrantes que, al regresar, son más vulnerables de sufrir discriminación laboral “por ser viejos”. Proteger al colectivo demográfico considerado más vulnerable no implica desatender al resto, como recoge el espíritu de la propuesta.

Hago esta última aclaración dada la aparente “guerra de edades” entre emigrantes que han generado ciertos artículos publicados en La Región Internacional y en cuya polémica no deseo entrar. Si deseo realizar una última aclaración y es que, tanto en la emigración como en el retorno a un país que un día fue nuestro hogar y que al cabo de los años nos puede resultar extraño y hostil, debemos permanecer unidos y mantener vivos los valores que nos hacen humanos, como la capacidad de empatizar con el otro, y sentir compasión y bondad en un mundo completamente deshumanizado por el capitalismo. Si mantenemos vivos dichos valores, quienes nos han forzado al exilio en tierra extraña y a la precariedad laboral no podrán manipularnos tan fácilmente.