Miércoles, 24 de Abril de 2019
17/02/2015

Lo primero, las presentaciones

El primer artículo siempre es el que más cuesta.

Acosado por el horror al vacío que producen los días en blanco que vendrán, el escritor se arriesga a decir alguna que otra tontería. Por otro lado, no se puede evitar esa sensación desasosegante que siempre produce un público que espera que digamos algo de nosotros mismos (¿Les gustaré? ¿No les gustaré?).

Así pues, para hacer el trámite corto y lo más indoloro posible, diré que me llamo Paco Bernal, que soy de Madrid y que llevo diez años viviendo en Austria. Más en concreto en su capital, la ciudad de Viena.   

Si mis lectores han hecho cuentas, habrán caido en que me vine a EPR (Esta Pequeña República) cuando todavía no había crisis y España jugaba en la “championslig” de los países más opulentos, así que no espero poder captar la benevolencia de mis lectores con ninguna historia lacrimógena en la que aparezcan las palabras “exilio económico” o “maletas cargadas de sueños”. Quizá sería más bonito, pero no sería verdad y, por lo tanto, escribir algo así no sería decente. Y yo, ante todo, me considero una persona decente.

¿Qué echo de menos? Al principio, el idioma. Poder tener una conversación adulta, leer, entender. Hoy, la verdad es que tan solo echo de menos la cercanía de mi familia. Sin embargo, esta nostalgia tampoco debe ser motivo (ni en mi caso ni en ninguno ) para ninguna historia lacrimógena. La tecnología ofrece la posibilidad de comunicarse con los seres queridos fluidamente y, de hecho, desde que vivo aquí, gozando de Viena, la maravillosa ciudad que me acoge y sobre la que mis lectores (espero) que quieran saber más a través de mí, hablo más con algunos miembros de mi familia que cuando vivía en Madrid.

Extra Austria será pues un espacio básicamente optimista, positivo, en el que me propongo demostrar que, abandonar el país en el que uno nació no debería ser, en principio, más traumático de lo necesario y sí una oportunidad impagable para tener lo mejor de los dos mundos. Esto es: las risas españolas, que son abiertas y frescas, y el mejor humor centroeuropeo, que es seco y va directo al cerebro, como el mejor aguardiente (aquí se llama schnaps).

También espero poder transmitir, a través de Extra Austria, el amor hondo, sincero y entrañable que siento por esta tierra en la que vivo y por sus gentes. Gentes, por cierto, con las que los españoles, aunque no lo parezca a primera vista, tenemos tanto y tanto en común.

En fin: como dijo el clásico, pensé que no hallara consonante y ya estoy al final de este artículo. No ha estado mal ¿Verdad? Espero que este sea el principio de una grata amistad.