Jueves, 14 de noviembre de 2019

Hija de emigrantes y emigrante. Nací en el trópico y de mayor me instalé en la tierra de mis padres. Quiero contar historias que reflejen mi admiración por esos padres que lo dejan todo por dar un mejor futuro a sus hijos y que sirvan de inspiración a quienes ahora se embarcan en esa aventura. También escribo en maternidadfacil.com, donde comparto junto a madres jóvenes la experiencia de la maternidad.

Emigración y reencuentros familiares

Son muchos los que aprovechan las fiestas navideñas para realizar un viaje y reencontrarse con sus seres queridos. Para muchas personas, las vacaciones de navidad son de las más largas del año, por lo que las aprovechan para ver a la familia, sobre todo si la distancia que los separa es larga.

Los reencuentros son momentos en los que muchas emociones confluyen. Son días muy esperados y que se viven con mucha ilusión, pero también pueden generar nerviosismo y ansiedad, sobre todo si ha pasado mucho tiempo desde que se ha emigrado, o si hay cambios importantes a nivel familiar, como puede ser un divorcio, la llegada de un bebé o la pérdida de un ser querido.

No siempre es fácil volver a casa. Cuando nos vamos, las imágenes de lo que dejamos se quedan estáticas en nuestras mentes. Al volver, no siempre es fácil procesar todos los cambios que han ocurrido y darnos cuenta de que, al igual que la vida ha seguido para nosotros, también lo ha hecho para los que se quedaron. Todo cambia y eso hace que en ocasiones nos encontremos con una realidad para la que no estábamos preparados emocionalmente.

Llegar a la que siempre fue tu casa y ver que la que fue tu habitación es ahora la habitación de las manualidades de tu madre, que tu hermano adolescente y un tanto perezoso es ahora un hombre responsable que está a punto de empezar en su primer trabajo tras acabar la universidad, que nuestra hermana pequeña ya se ha casado y acaba de salir de cuentas del segundo bebé, que tus primos y hermanos ya tienen sus propias familias y están deseosos de conocer a la tuya, son situaciones comunes cuando se producen reencuentros familiares tras la emigración.

Y es que aunque estemos al tanto de todas estas situaciones, verlas con nuestros propios ojos nos hace ser conscientes de hasta qué punto han cambiado las cosas, de aquello que nos hemos perdido y de que no es lo mismo estar al tanto de lo que ocurre, que vivirlo día a día.

Para que esos momentos sean recordados como experiencias positivas es importante comprender que, aunque haya cambios y situaciones nuevas, los sentimientos que nos unen son muy fuertes y que todas las experiencias nuevas pueden ser motivos perfectos para reforzar los lazos familiares.

Ponerse al día en tan poco tiempo puede ser abrumador. Visitar a la familia y a los amigos apenas nos deja tiempo de reflexionar sobre todo lo que estamos viviendo y en cierto modo, volviendo a conocer. Nuestros compañeros de fiestas tienen ahora a sus pequeños correteando por la casa, mientras nos preguntan por nuestra vida en otro país, nos cuentan cómo han sido esos años para ellos y recordamos juntos anécdotas de juventud entre brindis y celebraciones.

La familia se reúne en torno a álbumes familiares en los que no estamos en las fotos grupales, pero tenemos nuestro espacio reservado para las fotos que mandamos desde la que es ahora nuestra casa. Las cenas discurren entre historias de las que no formamos parte, recordando que  tenemos infinidad de anécdotas que contar que finalizan con un nostálgico “tendrías que haber estado ahí para verlo”.

Y sabemos que esos momentos son breves y que en escasas semanas todos volveremos a nuestras rutinas, que la vida seguirá para todos y que ese paréntesis, ese reencuentro, se quedará en nuestras memorias para acompañarnos en las noches de nostalgia, en los cumpleaños y en los brindis en los que quisiéramos participar y que participaran, en las alegrías que querríamos compartir y en los abrazos que anhelamos dar.

Por eso, en estas fechas tan especiales, para todos aquellos que tienen la fortuna de reencontrarse con sus seres queridos, deseo que estos sean momentos mágicos, llenos de calidez y de risas compartidas, de fotos que añadir al álbum familiar y que ese “volveremos pronto” que siempre decimos al partir, sea una realidad.

¡Felices fiestas!