Martes, 17 de septiembre de 2019

¿Es un voto rogado o un rogado voto?

Para el ciudadano de a pie, que cada día se siente más indefenso ante la ‘maquinaria’ del Estado, hay situaciones difíciles de entender. Pensando en los residentes en el exterior, una de ésas situaciones es la del polémico cambio de la LOREG, la Ley que regula las convocatorias electorales y la exigencia de lo que se llama el ‘voto rogado’, un atropello a los derechos de los emigrantes y que tanto ha condicionado, limitado, coartado y perjudicado sus legítimas aspiraciones como ciudadanos españoles de primera. Aunque se les haya tratado, y se les siga tratando, como de segunda.

La clase política, cuestionada, en su momento no fue capaz de explicar el porqué del cambio de la LOREG, y ahora mismo es menos capaz de explicar el porqué del no cambio, a pesar de que con la boca pequeña dicen que hay que cambiarla. De hecho, importantes representantes del PSOE admiten, sin ambigüedades, que se equivocaron... Seguir echándole la culpa al empedrado no es un argumento que vayan a seguir tragándose los españoles, vivan en España o sean de la diáspora, y menos siendo máximos, absolutos y únicos responsables de éste despropósito los 2 partidos mayoritarios, o sea el PP y el PSOE.

Pero lo que produce más perplejidad es que, costando tanto que se pongan de acuerdo ambos partidos, ni siquiera para cuestiones de Estado, en el cambio de la LOREG, para llevarse por delante uno de los derechos de los emigrantes, sí que han estado de acuerdo. Y viendo éste despropósito, ¿cómo es posible que hace apenas unos días se hayan puesto de acuerdo para votar, por unanimidad en el Congreso, a favor del reconocimiento de Palestina como Estado y no sean capaces de ponerse de acuerdo para devolver a los emigrantes uno de los derechos que les han ‘birlado’? Difícil de entender...

Parecen no saber lo que significaron los emigrantes en los 2 últimos siglos, ni lo que significan. Y pocos saben, obnubilados por la ideología, el partidismo o los prejuicios, que para un emigrante, el acto de votar, al margen del resultado, es como sentirse ése día, aunque lejos de la patria, más español. Si es que alguien puede sentirse más español que un emigrante. A los emigrantes, con el voto, se les ha tratado, y hasta que no cambien la Ley se les tratará, como españoles de segunda. Es intolerable. ¿A qué le tienen miedo, señores legisladores?

Parece mentira que luchemos por una plaza para estar en el Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas y que en España aún no se sepa lo que es el voto electrónico.

Lo que hay que ver. Lo que hay que oír...