jueves, 18 de abril de 2024

BRAIS FERNÁNDEZ

Con sabor ourensano en Londres

brais-fernandez
Brais Fernández es de la cosecha ourensana de 1991 y a pesar de su tierna edad, lleva tiempo con las manos en la brasa.

La vida en Londres se cocina a fuego rápido. "Parece que fue ayer cuando llegué para vivir la experiencia, sin planes de tiempo, y casi llevo cuatro años". Brais Fernández es de la cosecha ourensana de 1991 y a pesar de su tierna edad, lleva tiempo con las manos en la brasa. Hijo de un constructor y de una auxiliar de enfermería, estudió en Salesianos, cursó cocina en el prestigioso Centro Superior de Hostelería de Galicia en Compostela, trabajó en el restaurante Caney del Hotel Araguaney y en el afamado Pepe Vieira de Pontevedra hasta que a los doce meses de probatura decidió cambiar el Miño, el Sar y el Lérez por el Támesis. "En la escuela hay un centro de antiguos alumnos y estaban seleccionando gente para trabajar en el extranjero, me puse en contacto con ellos, me vine a Londres, hice la prueba y comencé a trabajar".

Primero avivó fogones como ayudante hasta que ascendió a chef del restaurante Ibérico, con doce personas a su cargo durante dos años y medio; cuando se apagó la llama cambió a un servicio de 'catering' y ahora es el segundo de cocina del Padrón, un restaurante que ya cuenta con tres establecimientos y recibe las mejores críticas en cualquier guía de la 'City' tanto por la calidad como por el precio sirviendo productos españoles a pesar de que los propietarios son ingleses. "Nuestro plato estrella son los garbanzos con carrillera, pero también ofrecemos pimientos de Padrón, ternera de Lugo o pulpo de O Carballiño". La carta es infalible para conquistar el paladar más exigente. "El restaurante en el que yo estoy en Bethnal Green Road es pequeño, pero podemos dar de 100 a 150 servicios al día". El licor café que trasiega como buen emigrante ourensano lo reserva para las fiestas con los amigos.

Apoyo de los padres

En este menú de éxito hubo un momento en el que pensó en entregar la cuchara y regresar a casa, pero Antonio y Amalia, sus padres, le aconsejaron que aprovechase la experiencia, que lo vivido nadie se lo podrá arrebatar y que el fuego del hogar siempre estará encendido por si un buen día decide sacar el billete de vuelta.

En Londres conoció a Marta, una jerezana que espanta la bruma y adereza con sonrisas el caldo de la persistente lluvia para condimentar una aventura laboral a la que todavía no le ha puesto fecha de caducidad. "Mi meta es seguir aprendiendo y si algún día puedo abrir mi propio restaurante". ¿Será a orillas del Big Ben, territorio masticado, o en Ourense para ser profeta en la tierra que echa de menos cada vez que tiene una jornada de descanso? Los paseos despaciosos por el Casco Vello saben mejor que los 90 minutos de transporte público que hay que tragar para acudir a trabajar y para regresar a casa como si se tratase de un partido de fútbol. "Sabe dios dónde será, pero en Londres no", responde sin dudar.

Con el 'Brexit' se encontró a una ciudad que se arrugó por unos días por el temor a un futuro económico incierto tras aprobar la salida de la Unión Europea. "No sólo nosotros, ibas a cualquier tienda y la caja había descendido, la ciudad estaba triste". También escuchó en el restaurante por primera "por qué no te vas a tu país" y eso que en el centro de Londres hay más polacos o italianos que nativos, pero como sucede con la crecida de un río, las aguas acostumbran a regresar a su cauce.

A sus 24 años y tras una vida cocinada a fuego rápido, Brais Fernández sólo aspira a seguir aprendiendo para cuando llegue el punto de cocción exacto abrir su propio restaurante. A él, que alimenta el estómago de mucha gente cada día, se le llena la boca cada vez que le preguntan por su origen y responde: "Soy de Ourense".

¿Qué le sugiere la palabra Ourense?
Mi casa, mi tierra, mi familia y mis amigos. Cuando voy por ahí me llena la boca decir que soy de Ourense. Todo el mundo lo conoce por las termas o por el calor, pero es una ciudad con mucha magia. 

¿Cuál es su rincón preferido?
El Casco Vello es lo más bonito que hay.

¿Qué echa más de menos?
La tranquilidad y la paz. La gente es la justa para una ciudad.

¿Cuál es su garito preferido al que siempre vuelve?
Siempre voy a ver a mi amigo Diego, que tienen una pub que se llama Maitines. Y de restaurantes me quedo con Nova, en Valle Inclán, con una estrella Michelín. Los productos que usan siempre satisfacen mis papilas gustativas. 

¿Cuántas veces piensa al día en Ourense?
En los días libres piensas que es una pena no estar cerca, cuando trabajas no te da tiempo a echarlo de menos.

¿Volverá?
Volveré.

¿Qué ha aportado Ourense al mundo?
Es un territorio que debería estar más explotado, aunque todo el mundo que visita Galicia te dice que estuvo en las termas. 

Aunque es joven, ¿dónde le gustaría ser enterado?
En Cartelle, al lado de mi abuelo. 

Pregunta de quesito. ¿Cuántos puentes tiene la ciudad?
Cinco, ¿no?