domingo, 31 de mayo de 2020

ENTREVISTA: ROCÍO MARTÍNEZ

"En Hong Kong viví la experiencia más dura y reveladora de mi carrera"

Rocío Martínez es la socia fundadora de amoedoprojects.
Rocío Martínez es la socia fundadora de amoedoprojects.

Describir la trayectoria profesional de Rocío Martínez Amoedo es una tarea complicada. Pero esta arquitecta de interiores tiene bien claro que la emigración ha supuesto un salto en su carrera. Una cosa queda clara tras hablar con ella: su trabajo es también su pasión.

Rocío, ¿cuál fue el motivo principal de irte?
Siempre he estado abierta al mercado internacional. Ha sido una carrera de fondo que comenzó hace más de 10 años en Londres, donde viví una etapa decisiva trabajando con GMW Architects, una prestigiosa firma internacional. Mi vuelta a España coincidió con el comienzo de la crisis que aún arrastramos y aunque fue una etapa dura siempre recordaré con afecto mi paso por Touza Arquitectos antes de decidir dar el salto en solitario y abrirme camino como freelance en Madrid. No fue hasta el año 2014 cuando se me presentó la oportunidad de dar mi primer paso profesional en el continente asiático. Uno de mis clientes (Lobby Concept en colaboración con Ortíz León Arquitectos) me propuso el diseño de un restaurante español en Haikou (Hainan, China), y aquello supuso un curioso guiño al destino porque justo en aquella época comenzaban mis estudios de una lengua que siempre me había fascinado: el mandarín.

Aquel primer proyecto en China fue el que, finalmente, me llevaría a encontrarme con Manuel Palacio, un joven restaurador y empresario español afincado en Hong Kong. Siempre recordaré aquella llamada que de algún modo cambió mi vida: en plena reunión con mi equipo, el vértigo de la aventura comenzando justo en ese instante. En tan sólo una semana estaba embarcada rumbo a Hong kong, mi equipo organizado para encargarse de nuestros proyectos en Madrid y yo con la maleta más grande que fui capaz de encontrar porque no sabía cuánto tiempo estaría fuera. La ciudad me atraía como un imán y de un modo u otro tenía la certeza de que llevaba mucho tiempo esperándome, de modo que no me planteaba cuándo regresaría a Madrid sino cuántas puertas se abrían ante mi a partir de aquel momento. Manuel tuvo una fe ciega en mis capacidades desde el principio y me ofreció la gran oportunidad de participar en el proyecto que ha supuesto el mayor reto y asimismo la mayor fuente de satisfacción de toda mi carrera: el diseño y ejecución del restaurante de inspiración española en Wanchai, The Optimist, actualmente nominado para los premios RBDA en Londres.

¿Qué encontraste en Asia?
Aquella fue la experiencia más dura y más reveladora de mi carrera. Supuso enfrentarme a varias bestias negras del diseño que son la falta de tiempo, la escasez de presupuesto y la falta de comunicación con el equipo... Y además hacerlo en solitario en una ciudad en la que todo es tan diferente y al principio incluso hostil. Sólo tenía a mi favor la confianza depositada en mi por mis clientes, la libertad que me dieron a la hora de diseñar y las facilidades que pusieron a mi alcance para que pudiera desarrollar mi trabajo.

Salir victoriosa de este enorme reto ha supuesto para mi recorrer un camino que en realidad me ha llevado hacia mi interior y hacia mis orígenes profesionales porque ha sido precisamente ahí donde he encontrado las herramientas que necesitaba y que había olvidado por el camino. Cuando sales de la escuela tu visión de la arquitectura y el diseño a pie de calle es completamente irreal pero compensas la falta de experiencia con una fuerza creadora y una frescura que desgraciadamente suele perderse a lo largo de los años en un proceso natural de adaptación al mercado, a los clientes y a tu propia manera de entender la profesión. Esta experiencia ha sido un regalo ya que, entre otras muchas cosas, me ha permitido retornar a mis orígenes creativos desde una posición privilegiada de experiencia adquirida y control de mi trabajo.

¿Qué es lo que más valoras te gustó de Hong Kong?
Sin duda lo que más he podido valorar es la posibilidad de aprendizaje constante. En una ciudad donde confluyen dos culturas de una manera tan fascinante es imposible acomodarte en una rutina de pensamiento como lo hacemos en casa. Todo son estímulos físicos e intelectuales que te empujan a la acción y la reflexión y sin duda te aportan un diálogo interior y una interacción con el exterior enriquecedores. El hecho de que todo sea diferente te enseña definitivamente a cuestionarte y valorar todo lo que damos por hecho por mera inercia en nuestras vidas cotidianas.

¿Qué es lo que más echaste de menos allí?
Por supuesto a mi familia y a mis amigos.. Estar tan lejos de ellos es la peor parte y aunque Skype y Whatsapp te permiten sentirlos un poco más cerca es el motivo principal por el que se que no podría vivir tan lejos de forma permanente. 

¿Has echado de menos más apoyos antes de irte?
En absoluto. Mi familia, mis amigos, mis socios y las personas a las que más quiero han sido mi gran apoyo antes, durante y después de esta experiencia.

¿Recomendarías a los españoles la experiencia de la emigración?
Sin ninguna duda...pero con matices. Siempre he pensado que los españoles tenemos un punto de vista muy etnocéntrico al relacionarnos con otras culturas, al interpretarlas y convivir con ellas. Por supuesto que hay muchas y ejemplares excepciones pero en general me da mucha pena comprobar cómo nos hemos olvidado de nuestra historia, y tengo clarísimo que es básicamente un problema de educación. Creo firmemente que viajar es un aprendizaje necesario que te prepara para la vida y que por ello cuanto más joven se empiece a salir de casa, mejor. En un mundo ideal viajar debería ser una asignatura obligatoria en los colegios españoles y la experiencia de vivir en el extranjero un paso previo antes de cualquier formación profesional. Pero me temo que esta posibilidad sigue siendo un lujo al alcance de muy pocos. El matiz al que me refería es, obviamente, el drama de la emigración por necesidad, esa que rompe las familias de cuajo y genera tanto dolor de manera irreversible, que por motivos sociales, económicos, políticos, se repite a lo largo de la historia una y otra vez en cualquier país al que mires. 

Sin embargo este tipo de emigración, voluntaria y enriquecedora, la que puede darse en países como el nuestro (donde pese a todo quiero pensar que seguimos evolucionando y creciendo), es una gran "patada en culo" fuera de nuestra zona de confort, una experiencia en la que entender lo fascinante que realmente es nuestro planeta cuando dejas de mirarlo a través de la tele o sobre un mapa. Creo que es una experiencia realmente necesaria para todos esos jóvenes que, recién salidos del cascarón, aún no tienen muy claras las bases para interpretar el mundo que te rodea. Al no haber tenido la oportunidad de conocer otras entre las que poder comparar y elegir antes de formarse un criterio propio, asumen que las suyas son las únicas posibles sin cuestionarse nada, sin una cultura amplia que las sustente. Puede que este sea el origen de muchos de los problemas a los que tendremos que enfrentarnos en el futuro frente a un mundo cada vez más globalizado y, paradójicamente, dividido según las distintas ideologias.

¿Conociste a más españoles en Hong Kong? ¿Cuál es su situación general?
Me ha sorprendido mucho la cantidad de españoles que encontrado en Hong Kong, no me lo esperaba, y ha sido muy agradable comprobar el nivel al que se han situado en una ciudad masificada, carísima, con una cultura difícil de entender y brutalmente competitiva, en la que sobrevivir dignamente no es nada fácil, y destacar en tu profesión un logro admirable. Divididos en dos grupos muy claros, los solteros y los que han llevado a su familia desde España con ellos, la gran mayoría de los españoles que he conocido son profesionales entre los 25 y los 45 años vinculados fundamentalmente a cuatro sectores: restauración, aviación, finanzas y enseñanza, que se están abriendo camino en el mercado hongkonés dejándose la piel porque el ritmo de trabajo en esa ciudad es indescriptible. Abogados, pilotos, empresarios, profesores, comerciales, camareros, arquitectos,....todos han encontrado un presente y un futuro a medio y largo plazo en una ciudad en la que saben cómo divertirse, donde son bastante felices, y a la que se han adaptado con una naturalidad impresionante. Han comprobado que Hong Kong tiene unas limitaciones tremendas pero saben que les ofrece, a cambio, posibilidades extraordinarias de vida y de trabajo, y están sabiendo aprovecharlas al máximo.

¿Encontraste alguna dificultad especial allí?
Acostumbrarse a vivir en Hong Kong no resulta tan difícil para un europeo como puede llegar a serlo otras ciudades de la China continental como Pekín o Shanghai. La influencia oriental es obvia, especialmente en las partes continentales, pero la impronta británica es manifiesta en casi todos los aspectos de la arquitectura, el arte y la cultura popular y acabas por tener la sensación de vivir en una especie de Londres asalvajado con palmeras. Aunque parezca un topicazo, adaptarse al clima y la comida del sudeste asiático es muy atractivo primero, después sólo llevadero, y a largo plazo puede ser difícil de soportar: lo que más he echado de menos estando en Hong Kong es el aire y los cielos limpios de Madrid (los niveles de contaminación, sin ser tan preocupantes como los de Pekín, pueden ser muy elevados), el frío, el cambio entre estaciones, los atardeceres de verano...Estando tan cerca del ecuador es imposible que haya sol pasadas las siete de la tarde, y esto me descolocaba por completo cuando aterricé en plena primavera española. Hay cosas a las que siempre me costará acostumbrarme, como a no poder utilizar el agua del grifo normalmente, el  acto cotidiano de tener que lavarte los dientes con agua mineral que te recuerda a diario que no estás en casa. O  pasear por aceras minúsculas aprisionada por masas infinitas de personas. A los olores que se cuelan por las ventanas de tu casa, que no son precisamente los de la paella que está cocinando el vecino, al cambio horario y no poder llamar por teléfono cuando te apetezca sino siempre pensando antes... ¿y qué hora será en Madrid?....

Al dominar el ingles y chapurrear algo de mandarín pensé que al final siempre encontraría la manera de comunicarme, y así fue. Pero había un problema y no era hacerme entender, sino el aislamiento que produce la falta de comunicación real. Me quedé helada en el momento en que me di cuenta de que llevaba cinco meses sin entender absolutamente nada de lo que se hablaba a mi alrededor al pasear, al viajar en metro...que todos los estímulos que me llegaban los procesaba en silencio. La vida en la calle y la interacción con los desconocidos en situaciones tan normales como hacer la compra o coincidir con alguien en un ascensor son tan diametralmente opuestas a lo que mi cultura me tiene acostumbrada, que potencian esa sensación de soledad que ya de por si acompaña al emigrante porque te acabas sintiendo completamente invisible. La mayor dificultad con la que me he encontrado ha sido el no poder comunicarme a otros niveles, y ha sido una experiencia que me ha hecho comprobar hasta qué punto valoro y necesito la calidez y la cercanía de nuestra cultura, nuestra manera de entenderla y entendernos.

De vuelta ya en España, ¿en qué proyecto estás embarcada?
Soy la socia fundadora de amoedoprojects, una pequeña empresa dedicada al diseño y el interiorismo en la que cuento con un equipo maravilloso. En él todos buscamos lo mismo en cada nuevo proyecto y cliente que acude a nosotros: disfrutar haciendo nuestro trabajo, trabajar sólo en aquello que podamos disfrutar, y siempre hacer ambas cosas a la perfección.  Actualmente estoy en el típico momento de calma antes de la tormenta, preparando nuestra página web, seleccionando y cerrando los nuevos proyectos y viajes para los próximos meses (Milán, Hong Kong, Londres...) que van a ser realmente intensos. No paramos y poder decir esto en unos tiempos tan sumamente difíciles como los que atraviesa nuestra economía y nuestro sector es una suerte inaudita. Me siento realmente afortunada y feliz con mi trabajo.