jueves, 11 de agosto de 2022

Celebrado virtualmente el 98º Aniversario del Centro Riojano Español de Buenos Aires

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Muchos años han pasado desde que, el 16 de marzo de 1923, "un grupo de inmigrantes pioneros riojanos se decidió a concretar legalmente sus deseos de unirse con un fin común de conservar y difundir su cultura, tradiciones y sentimientos". Con el tiempo, otros inmigrantes, llegados hasta la década del '50, se sumaron a los primeros.

Argentina Centro Riojano de Buenos Aires 1 webLa sede estuvo en la Avenida Independencia 1071, hasta que, en el año 2006, con la ayuda del Gobierno de la Rioja, se inaugura el espléndido edificio de la Avenida Belgrano 952, un orgullo para los riojanos y para toda la colectividad.

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Valiosos testimonios compartidos por los protagonistas en uno de los aniversarios, nos permiten conocer cómo vivieron estos hombres y mujeres sus primeros años en la nueva tierra.

Ambrosio Romero Diez, Presidente del Centro Riojano Español de Buenos Aires, recuerda que llegó un domingo y, como no era mayor de edad, tuvo que esperar a que viniera el Juez de Menores. Evoca el contraste entre su vida en Anguiano, donde caminaba siete kilómetros con la burra, y el estar veintitrés días encerrado en un barco.

De un pueblo riojano que quedó bajo un pantano, vino un joven “escapándole a la posguerra, a la miseria que teníamos en aquellos pueblitos. Venir acá para mi, gracias a Dios, no fue un trauma porque tuve la suerte de venir con mi padre, mi madre, mis dos hermanos y mi abuelo. Fuimos a parar al Tigre - un hermano de mi padre tenía una quinta alquilada allá - y empezamos a trabajar en la fruta. Ahí fuimos creciendo. Estuvimos cinco años y después vinimos a Buenos Aires, a Barracas, compramos un negocio de lechería, heladería. Me tocó hacer de todo, trabajar dentro de la lechería con carro, caballo, con la leche. Y los domingos hacer una changuita donde se podía, para ir progresando". “La sorpresa fue que cuando fuimos a la isla, venía la lancha del almacenero y comprábamos dos o tres litros de leche, cuando en España teníamos dos o tres cabritas, ordeñábamos, sacábamos un litro y lo vendíamos al otro pueblo, para poder sacar unos pesos y comprar azúcar o aceite, o la pana, que era todo estraperlo. Ahí no".

"Cuando mi padre se iba a Tigre con mi madre a llevar la fruta, quedábamos mi hermano y yo con mi abuelo - yo era el más grande – y comprábamos y hacíamos arroz con leche, bifes de costilla”, algo impensado en su pueblo español.

Un riojano relata que, cuando llegó a Argentina en 1951, estaban los tíos esperando y lo llevaron a la tienda. Vivían ahí, durmiendo arriba o debajo de los mostradores. Un día, harto ya de que un diariero le dijera “gallego muerto de hambre”, le arrojó la lechera a la cabeza y “de los diarios, no le sirvió ninguno. Sólo tenía ese dinero para comprar la leche. Después iba por la vereda de enfrente; cuando me veía, corría”.

Otro riojano relata que “en un bar al que le llamaban La Jaula - porque era el punto de reunión de la colectividad canaria -, a las siete de la mañana comían patata pisada con sebo”.

A sus padres evoca Pedro Luis Valenciaga Moreno, Secretario General del Centro Riojano Español de Buenos Aires: "Pedro Valenciaga Puertas y María Isabel Moreno Valenciaga, nacieron en Viniegra de Abajo un pueblo a 60 Km de Logroño (Capital de La Rioja), enclavado en las llamadas Siete Villas del Río Najerilla, en las sierras riojanas. El primero en llegar a Buenos Aires fue mi padre, quien después de luchar los tres años de Guerra Civil Española y culminando la Segunda Guerra Mundial, en el año 1945 embarcó en una travesía épica al viajar en un barco carguero, que por casualidad no fue hundido por un submarino alemán. (...) Por el año 1951, volvió a España y a su Viniegra de Abajo tan querida, allí fue donde convenció a la familia de mi madre para que emigraran a Argentina. En Agosto de 1954, arribaron a Buenos Aires mi madre con sus cuatro hermanos y sus padres Amado e Isabel, radicándose en la ciudad de Tandil. (...) Mi padre fallece en 1988 a los setenta y cuatro años y mi madre, en 2012, a los ochenta y cuatro años, siendo miembro de la Comisión Directiva del Centro Riojano Español de Buenos Aires y Dama de ayuda del Hospital Español, trabajando diariamente ad honorem en el servicio de Oncología. Los dos disfrutaron y agradecieron a este país por haberles permitido formar una familia feliz y ver crecer a sus hijos".

Sobre su madre y sus infortunios, escribe una hija: "Dios, qué época! yo viví la época de la bañadera, pero mi madre conservó el tacho de aluminio, su bañera en Argentina ya casada, en 1954".

Entrevistadas para La Región Internacional, las autoridades hablan acerca del presente de la institución y sus proyectos para este año y el venidero.

¿Cómo se vivió la pandemia en el Centro Riojano?

Lamentablemente tenemos nuestra sede cerrada desde el 20 de marzo de 2020, sin poder reunirnos y compartir la cenas semanales, ni celebrar las fiestas tradicionales, por lo cual existe mucha tristeza y ansiedad de volver a reencontrarnos con los miembros de la Comisión Directiva y todos los socios y amigos que compartían los habituales eventos en todo el año.

¿Cómo se vive este aniversario, en una situación tan atípica?

Este Aniversario, tan atípico lo celebraremos con un video institucional, a la espera de poder festejarlo en forma presencial junto al Dia de La Rioja, San Bernabé y San Mateo. Con muchas esperanzas y ansiedad.

¿Cuáles son los proyectos para el futuro?

Los proyectos siempre se centran en eventos sociales, culturales y festivos donde difundimos la esencia riojana, sus danzas, canciones y tradiciones. Con la meta de ampliar la cantidad de socios, ofreciendo mayores actividades para la juventud. Pero todo dependerá de la evolución del Covid-19 en nuestra ciudad.

Con amor por la cultura que heredaron, con fe en el porvenir, se acerca al centenario este centro que surgió de la solidaridad y la nostalgia de los riojanos en Buenos Aires, y hoy es una de las instituciones prestigiosas de la colectividad española en la Argentina.