miércoles, 22 de marzo de 2023

'La mujer de hoy en día ha espabilado. Antes no le dejaban hacer nada'

Con poco más de 18 años, en 1968, Encarnación García emigró a Alemania con un contrato bajo el brazo para trabajar en una fábrica de hilo textil. Allí conoció a su marido, Carmelo Jiménez, un sevillano que la conquistó con su sentido del humor y su honradez, y que se convirtió en el padre de sus dos hijas, Ana Isabel y Sonia. Echando la vista atrás, y tras casi 45 años en la emigración, reconoce que su vida está en Alemania, país que la acogió, donde está su familia y donde nunca le ha faltado nada. ¿Cómo fueron sus primeros años en Alemania?
Yo emigré muy joven, apenas cumplidos los 18 años, con una tía. No teníamos a nadie allí, fue un poco a la aventura, buscando una vida y un futuro mejor. Yo iba con un contrato de trabajo en una fábrica de hilo textil y la empresa ponía a disposición de los trabajadores una residencia para los emigrantes que trabajaban allí. La verdad es que guardo buenos recuerdos de esa época, entre todos nos apoyábamos porque teníamos una situación similar. Mi principal miedo era el desconocimiento del idioma, pero en la residencia había gente de toda España y no tuve problemas para integrarme en esos primeros años que suelen ser los más difíciles. Además, en los primeros meses conocí al que años más tarde se convirtió en mi marido, un alegre andaluz, Carmelo Jiménez con el que me casé en el año 1971 y con el que he tenido a mis dos hijas.

¿Cómo fue y es su trato con otras mujeres emigrantes? ¿Y con la mujer alemana?
Cuando llegué la mayor parte de la plantilla de la fábrica eran mujeres e hice grandes amistades que aún conservo a día de hoy, aunque muchas de ellas ya han regresado a sus países.
También tengo amigas alemanas, pero aquí la gente es más reservada que en España, no es tan abierta y es raro que haya tanta amistad como allí, aunque si las necesitas siempre te echan una mano.

¿Cuáles son las principales diferencias que observa entre la mujer en España y la mujer en Alemania?
Pienso que aquí la mujer es mucho más esclava que en España. Ambas tienen que conciliar la vida familiar con la laboral, pero aquí una pareja no puede permitirse vivir de un solo sueldo y ahora, en estos tiempo difíciles, aún menos. La mujer, si tiene hijos, tiene que arreglárselas para cuidarlos y poder trabajar, al menos unas horas, para llevar un sueldo a casa y poder salir adelante. Es una vida muy dura.

¿Cuál es el papel de la mujer en el mundo laboral alemán?
En mi entorno, afortunadamente, no he percibido muchas diferencias en el trato a hombres y mujeres, tal vez por las profesiones que yo he desempeñado. Aunque sí es verdad que las mujeres ocupan menos cargos importantes que los hombres y los sueldos tampoco están equiparados.
En general tengo que decir que el trato, antiguamente, era más distendido, era más fácil hacer amigos entre los trabajadores y no había tanta desconfianza entre nosotros. El trato con los jefes también ha cambiado; antes se podía hablar con ellos y eran mucho más cercanos. Ahora las condiciones son mucho más duras y, si te gusta, bien y si no, te vas.

¿Cómo ha cambiado la mujer durante estos años?
Pienso que ahora la mujer ha espabilado más. Antes no la dejaban, donde había un hombre no había espacio para la mujer. Gracias a Dios esto ha cambiado para mejor.

¿Cuál es su relación con el centro Español de Alemania?
Desde que llegué estuve vinculada al Centro. Primero formé parte de él y, a lo largo del tiempo, he desempeñado diversas funciones, hasta que hace cuatro años, con gran orgullo, fui nombrada presidenta. El Centro es un punto de encuentro y un referente para los españoles que viven aquí. Actualmente tenemos 54 miembros y entre todos nos apoyamos y nos damos consuelo en los momentos más difíciles. Somos como una gran familia.

¿Cómo es la educación en el país? ¿Los hijos de emigrantes tienen más dificultades?
Desde mi punto de vista es muy bueno. Mi hija mayor es enfermera y la pequeña es oficial de mecánica en Audi y nunca tuvieron problema durante sus años de estudio. Ambas compaginaron la escuela alemana con las clases de español, algo que cada vez se está perdiendo más y que yo considero muy importante, por un lado para no perder las raíces, y, por otro, porque el conocimiento de idiomas siempre abre puertas.

¿Aún mantiene contacto con su familia en España?
Sí, aunque vienen más ellos aquí de visita de lo que nosotros vamos. A Galicia íbamos más cuando aún estaban mis padres, ahora, me quedan tíos y primos y, aunque guardo muy buenos sentimientos hacía ellos, no es lo mismo. Sí vamos más al sur, donde tenemos vivienda.

¿Entra en sus planes regresar a España?
De momento no tengo pensado volver. Tengo a mis hijas y un nieto aquí y yo quiero estar donde esté mi familia. Mis raíces ya están echadas en Alemania, aunque de vacaciones siempre volveré.