lunes, 16 de mayo de 2022

Historia de Gloria Gayoso Rodríguez

12. Gloria Gayoso Rodrìguez. En su casa de Mataderos web
Gloria Gayoso Rodríguez, en su casa de Mataderos, en Buenos Aires

La gloria de Doña Gloria. 

Historia de Gloria Gayoso Rodríguez

Comenzó a componer endechas y letrillas que hubieran podido servir para Nuestra Señora. Algunas noches (…) pasábase horas enteras asomado a la ventana (…) levantaba el rostro y las pupilas hacia la altura. Nada exaltaba su pasión como el suntuoso misterio de los astros. 

Enrique Larreta. La Gloria de Don Ramiro

Conocí a Gloria leyendo sus poemas, maravillosos sonetos y versos asonantes o disonantes, pero siempre con ritmo, ése que hace de las palabras poesía  y de la autora una artista. Con el tiempo la escuché recitar, versos suyos y ajenos. Pero por sobre todo la sentí presente con su palabra apoyada en Dios, ayudando a quienes se sumergían en la incertidumbre de la pandemia.

Por las noches enviaba una oración a los amigos virtuales que sabía en desgracia y estaban siempre pendientes de ese apoyo, ese pilar en que ella basó la recuperación de su vida y que tiende como un puente a quien está cerca del precipicio. 

Nunca pude dejar de asociar su nombre con los versos de Fiesta…  su Gloria está en las alturas… las de la fe sin fisuras  y las de ese natural arte que le brota, como ella afirma, “me los dictó el de arriba”.

Hubo conversaciones, intercambio de producciones escritas y por supuesto la historia de esta hija de inmigrantes, similar a tantas, pero con identidad propia.

Nació en Flores, un barrio de la ciudad de Buenos Aires, que para la década de los años 1950 tenía un gran componente de inmigrantes. Sin embargo, sus compañeras de colegio no vivían en un conventillo como ella, por lo cual se prometió que algún día lograría sacar a sus padres de allí.

-Fui muy buena alumna, me dice, imagínate que no podía dejar de destacarme en algo, y sólo a través de ser quien podía explicar mejor la sintaxis, o inglés o matemática… lograba que el conventillo se esfumara.

Virtudes Rodríguez Herrera, su madre, natural del Bierzo, pueblo  de Cabarcos, había nacido en 1913 y tuvo una maternidad añosa para esos tiempos, un día asustada sintió dolores y pensó que su embarazo peligraba. Corrieron a la maternidad Sardá, un símbolo para la salud pública de la época, y allí los médicos, Virtudes y Dios, lograron que alumbrara con normalidad a una niña, sietemesina, por la que muchos no apostaron una moneda, a la que llamaron Gloria. El padre   Isaac Narciso Luciano Gayoso Vazquez, nacido en Taboada, Lugo, se sintió emocionado y temeroso, a la vez. Esa niña que ya se hacía escuchar desde la cuna le llevaba a tomar conciencia de la responsabilidad de una vida nueva. 

Tal vez él aún soñaba con los tiempos en que vivía en la ciudad de Lugo, en la Plaza Santo Domingo número 2. Su padre, Antonio Gayoso Castro, era el  boticario pero la meningitis se lo llevó muy joven. Dejó sus frascos y sus manuscritos, pues también adolecía del vicio de la poesía, y se echó a andar por el sendero del Cosmos. 

- Tal vez sea ese abuelo desconocido el que por las noches, cuando no puedo conciliar el sueño me susurra al oído versos que forman estrofas y luego se convierten en poemas, sospecha Gloria, y escribe:

"El abuelo marcó el rumbo, 

mi padre no lo siguiera;

pero renació en mi sangre,

todo el perfil de su vena.

Atenta en mi Buenos Aires;

alguien dicta a mi conciencia,

versos cantando a Galicia,

versos de Galaica veta....

Así fue que Isaac a los dieciséis años emigró a Buenos Aires, dejando la bonanza de los frascos de la botica para buscar sustento. Era el segundo de cinco hermanos. Su madre, Áurea Vázquez Rodríguez, quien ya tenía un hermano radicado en Buenos Aires, decidió que era necesario sacar adelante sus hijos y ya había partido, cuando llegó Isaac. Cada uno de esos hijos sin padre había quedado a cargo de un tío, y luego de a poco fueron llegando. De los cinco Gayoso, sólo uno quedó en Lugo. 

Áurea había organizado su vida con una pareja, Isaac vivió un tiempo allí, en la calle México, antes de conocer a Virtudes Rodríguez.

1.Gloria Virtudes y Venancia. 1930. Madre y Abuela web
Gloria Virtudes y Venancia, en 1930. Madre y abuela

Virtudes, cuya madre Venancia, había trabajado en casa de una familia muy acomodada de Buenos Aires, llegó a los quince  años y heredó el empleo de ella, quien había emigrado sola para enviar dinero que mantuviese a su familia en la aldea. Entonces doña Venancia Herrera Arias decidió volver al Bierzo, donde habían quedado sus hijos y su esposo.

-Así lo hizo mi abuela, y al llegar, aún le alcanzó el tiempo para tener otro niño, cosa que fue un reproche constante en su hija Virtudes, quien tal vez por eso tardó tanto en formar un hogar y decidirse a ser madre. Todos los meses de casi toda su vida le envió giros a su familia, para ayudar a mantener tantas bocas que consideraba eran parte de su responsabilidad. Dejó de hacerlo solo el día que un sacerdote, vecino del lugar y que estaba circunstancialmente en Buenos Aires, la alertó de que ya no era necesario. –“Tus hermanos son adultos y se ganan la vida, le dijo, ya está bien de ahorrar céntimos sobre tus necesidades y las de tu familia para hacer esos giros, que no les son imprescindibles”.

Con esa imagen de una familia escindida, del otro lado del Atlántico creció Gloria.

-Solía pasearme por la costanera, con alguna amiga, y miraba el río, que se me hacía mar, y pensaba… del otro lado, muy lejos están los míos, esas familias que faltan aquí. Esas que tienen mis amigas y les llenan las mesas de cumpleaños y fiestas, en cambio nosotros somos tan poquitos, que me siento en el aire, con una pierna en el agua. 

-Mi madre fue un personaje que comencé a admirar con el tiempo, porque de niña tenía más afinidad con mi padre, hijo del boticario que escribía sonetos. Mamá era menos preparada intelectualmente, aunque ella había estudiado en la aldea en la que  propio su abuelo era el maestro y en su casa natal había libros, por eso será que mis regalos fueron más libros que muñecas. 

-Luego mamá tomó el modelo de la familia aristocrática con la que trabajara por años y conocía cada detalle del protocolo de la mesa, de la presentación adecuada. Con el tiempo le reconocí y mucho su esfuerzo por progresar. El único franco quincenal del que gozaba lo dedicaba a contratar una maestra para perfeccionar su aprendizaje, valoraba mucho la educación y el Quijote era su libro de cabecera, ya lo leía desde antes de cruzar el Atlántico. Así fue que la ascendieron, eso consideraba ella, a niñera, por sus modales y su interés por el estudio.

-Más adelante, cuando ya trabajaba en otra casa de abolengo conoció a Isaac, en una reunión en casa de amigos gallegos. Se casaron en 1947, y sólo por civil. El inquilinato, tan típico de los inmigrantes de la época fue su primer vivienda, en la que me crié durante muchos años. 

11. Sus padres, Virtudes e Isaac web
Sus padres, Virtudes e Isaac

-Dentro de mi familia vivía una escisión: mi madre a la que considero una aldeana de gran inteligencia, y mi padre, con cierto aire señorial, que se reafirmaba las veces en que veía a mi abuela Áurea. Yo la percibía, junto a mis tías paternas, como de otra categoría, superior a la mía. Recuerdo aún hoy las costumbres y el buen gusto y estilo de esta rama familiar y en ocasiones la ropa con que mi abuela Áurea me agasajaba. Era una artista de la aguja y el modelaje. 

6. Con su abuela Aurea, y sus primos web
Con su abuela Aurea, y sus primos

-Tuve una vida  extraña, el conventillo que me sumergía en los aspectos más rústicos contrastando con la categoría de Reina a la que me ascendía mi rama paterna. Por un tiempo fui la única niña de la familia. Yo no tuve hermanos y tardé en tener primos. 

-En ese contexto mi madre, que debió intuir algo en mí, me anotó a los ocho años en clases de Arte Escénico. En las escuelas, fuera de horario se impartían distintas disciplinas voluntarias y gratuitas.  

- Seguramente mi abuelo Antonio, el boticario poeta que además escribía en el diario El Progreso de Lugo, se habrá sentido muy satisfecho desde la nube en que observó el devenir de su familia, a la que tan tempranamente había dejado en la tierra. 

7. Gloria y sus primeras incursiones escènicas web
Gloria y sus primeras incursiones escénicas

Gloria es muy histriónica en la actualidad y lo era de niña, sin duda. No la conocí pero puedo imaginarla, frente al espejo, ensayando sus recitados, improvisando trajes de artista y luces de escenario. 

-Mi padre no opinaba, en general lo recuerdo poco involucrado en los temas domésticos. Siempre pienso que no fue un matrimonio complementario. Sin embargo finalizaron juntos su vida y acompañados por mí. Estuvieron en una casa digna que les procuré y donde viví con ellos. 

4.En el parque Rivadavia con su padre Isaac Gayoso web
En el parque Rivadavia con su padre Isaac Gayoso

-Mientras estudiaba declamación fui conociendo los versos de los poetas que, cuando los tuve que estudiar en el colegio, ya me resultaban más que familiares. Rubén Darío, Gabriela Mistral, Calderón de la Barca y Federico, el gran Federico. Leyéndolos fui entendiendo el ritmo de la poesía y hasta la actualidad me surge naturalmente, no tengo que contar las sílabas, lo hago cuando cierro el poema. Y verifico que mi oído interior y el compás que me lleva por los caminos de la poesía no se equivocaron.

3. Gloria, leyendo uno de sus poemas en el Atenero Iberoamericano web
Gloria, leyendo uno de sus poemas en el Atenero Iberoamericano

-Nunca olvidaré esa tarde de invierno, a mis ocho años, sola en la terraza, una niña de pocos amigos, muy apegada a los libros, que de pronto se puso a recitar lo que fue mi primer poesía: 

                                          Era una día de invierno,

                                          y mi alma se sentía más alma.

                                           - Vete- le dije yo al viento.

                                           - Haces mal en soplar,

                                           rompes las plantas!!!

 

-Esos primeros versos fueron las semillas, escribía en cuanto papel encontraba pero los escondía. Fueron, por un tiempo, mi secreto.

Después comenzó a estudiar magisterio, y admiraba a las profesoras de literatura, y ya pensaba que eso era lo que le gustaría hacer. 

Y eso hizo, al recibirse de maestra siguió Literatura. 

-Un día se apersonó Jorge Luis Borges y nos dio una charla, una clase maestra como te imaginarás, nunca voy a olvidar el impacto de escucharlo decir el tiempo que le dedicaba a escribir cada poema, la búsqueda de la palabra precisa, y yo pensaba que de mi interior brotaban como torrentes, casi sin tiempo a saber lo que iba a escribir, como si alguien me los dictara. Seguro que desde arriba, mi abuelo el boticario y el Padre Eterno lo hacen.

La religiosidad de Gloria está siempre presente, pero no como una catequista sino como alguien que cree que la vida fluye por lo espiritual y que el destino o la ruta que transitamos es la que desde ese lugar superior se ha diseñado para cada uno, y es sin duda, la mejor. 

-Aunque no lo puedas aceptar, me dice. Y ella bien sabe por qué me lo dice.

Ambas reconocemos que fue la galleguidad lo que nos unió, entramando los hilos que se tejieron para que nos conociéramos. 

-Sin embargo en mi casa no hablaban gallego, aunque los del Bierzo lo hablan, de un modo peculiar, pero es casi igual, y los de Lugo son gallegos, pero en la capital no era usual en esos tiempos hablar una lengua que estaba discriminada. 

-Sin embargo la música que escuchábamos, las películas, los relatos de mi madre sobre su infancia, su aldea y sus costumbres, fueron penetrando en mí, hasta el presente. 

10. A los 18 años, vestida por su madre web
Gloria a los 18 años, vestida por su madre

-Fui abanderada muchas veces y cuando portaba la bandera argentina lo hacía siempre pensando en Galicia, en ese lugar desconocido, del que sólo tenía referencias, pero al que sabía que pertenecía. 

-No sé por qué pero tenía morriña, nostalgia, de algo que siempre suponía mejor, aunque sabía de la pobreza pero lo idealizaba porque en las palabras de mis padres estaba la añoranza del lugar al que se pertenece por siempre. 

“Tengo una morriña grande,

guardada bajo la almohada;

de mis padres la heredé

y me colmó toda el alma”.

-Las cartas  llegaban contándonos cosas  que, por el tiempo que transcurría en el viaje, seguramente cuando las leíamos ya habían dejado de tener importancia. Sobre todo recuerdo una que me llegó de manos del cartero, con el sobre y el contenido chamuscado. “Es que hubo un incendio en el barco señorita”, me dijo el hombre y yo saqué de adentro un pañuelito que me mandaba mi abuela Venancia, con las señales del fuego, pero sin daño profundo. Así debía sentirse el emigrante, chamuscado pero vivo. Fuerte para seguir adelante, como el pañuelo con el que me enjugué las lágrimas mientras trataba de leer.

-Hubo un hecho en mi vida de adolescente que explica muchas cosas. Me dí un golpe muy fuerte, ocasionado por una caída en el colegio. Sentí el impacto en el occipital y eso me dejó sin visión por un tiempo, relativamente corto. Pero no quise que avisaran en mi casa, quería preservarlos, no ocasionar problemas, y sacarlos del inquilinato. 

-Ese día sentí que toda la familia estaba del otro lado del mar, nadie llamaría por teléfono, estábamos solos en el mundo. Esa sensación me acompañó por mucho tiempo y tal vez explique que la compañía de la fe sea la única que no se escapa, que no me abandona, que acude a mi llamado.

Gloria se casó a los veintiséis  años y nació Celeste, su hija. Después de un tiempo se separó porque la situación de pareja se hacía insostenible, pero siempre continuó al lado de sus padres, que se hacían mayores. 

-Mi padre me sorprendió con unas palabras que me salvaron de sentirme culpable de algo que no estaba bien visto para los ojos tradicionalistas. “No era el único hombre del mundo, hija”. me dijo, al saber que iba a iniciar otra pareja. Y sentí que me daba la libertad. 

Fue en esas circunstancias que se acercó a un templo Bautista y encontró en el Pastor la comprensión de quien sabe de matrimonios, de sinsabores y de reencuentros. Allí conoció a su actual marido, Roberto.

8 .Gloria con su esposo, Roberto web
Gloria con su esposo, Roberto

Él también venía de una experiencia similar y tenía a su cargo  una hija de diez años, Vanesa. Ambos sintieron que compartían el amor y el deber, criar a sus hijos. Después nació el de ambos, Rodrigo, quien sintetizó la unión. 

Junto a Roberto concretó su proyecto de vivir en una casa digna con sus padres y la familia que formaban, en ella sigue en la actualidad y siempre recuerda lo felices que fueron Virtudes e Isaac en esos últimos años de vida. La muerte les llegó dulcemente, propia de los achaques de la vejez  pero de la mano de su hija y escuchando sus poemas.

“Aunque argentina nací,

Galicia prende sus galas,

en los versos que me soplan

"meigas" muy de madrugada..”.

La crisis del 2001, tan tristemente recordada en Argentina los golpeó de lleno. Roberto perdió su pequeña empresa y cuando la desazón le comenzaba a ganar, Gloria recibió una carta de España. Un familiar les ofrecía trabajo. 

Celeste estudiaba  en la facultad Licenciatura en Comunicación, y era madura para quedar en la casa haciéndose cargo de su trabajo y estudio. Vanesa, la hija de Roberto, ya maestra estaba casada y vivía Cataluña. El matrimonio y Rodrigo, el hijo adolescente, partieron a León.

Había trabajo y consiguieron vivienda pero fueron años duros, sin embargo Gloria logró continuar con su vertiente poética en grupos literarios de la zona y aún hoy conserva publicaciones y amigos de esa época. 

-Eramos de varios sitios, incluso uno de ellos, con el que aún tengo contacto era cordobés. Ese espacio me llenaba el alma y me permitía resistir el trabajo rutinario con el que ganaba mi sustento.

-El taller literario de León, fue un remanso en el que depositaba mi morriña, porque estando allí, tenía, como todo emigrante, la nostalgia de lo que se deja atrás. Recuerdo haber caminado largos trechos para comprar un alfajor Havana, que aquí no consumo casi nunca, pero allí eran algo más que un dulce, simbolizaban lo que me faltaba. Otro día me encontré comprando un libro de Gardel, yo que no soy tanguera especialmente, pero lo vi en una vidriera de viejo y sentí que una mano superior lo había dejado a mi alcance para que esa noche no mojara la almohada.

-Al año y medio nos mudamos a Ponferrada, donde otra de mis primas maternas, le dio a mi esposo un buen puesto en su empresa. 

¿Por qué decidiste regresar?, le pregunto, inquieta por saber:

-Fue una frase de Rodrigo, la que me alertó: -“Mamá vos viniste a vengar a tu madre”.

-Le negué la razón, pero me dejó pensando en aquella Virtudes que por años había trabajado para girar dinero con que ayudar a  alimentar a su familia, aún a costa de pasar necesidades y trabajar casi sin descanso.

-Entonces pensé en la Biblia y la idea de Tierra Prometida, y creo que no la hay, que ni allí ni aquí, está esa tierra sino en el lugar en que encontremos la paz y el amor.  Mi casa estaba en Buenos Aires, me había costado mucho conseguirla, y esa era la raíz. Tenía que volver a ella.

Así fue como después de un año y medio decidió que el desarraigo y la integración para su hijo eran demasiado fuertes y eligió regresar. 

-Rodrigo estaba formado desde pequeño en el  sistema escolar argentino y en España le tocó la reforma educativa, muy localista. Aunque su pasión es la música siempre quise que su formación fuese integral, multicultural, universal. Lo de Rodrigo es la música, su guitarra, esto es indudable. Aún hoy, que estudió Producción de Artes electroacústicas, siempre incluye la música en sus trabajos. Es evidente que heredó de mí lo escénico, como lo habré hecho yo del abuelo Antonio.

-Roberto continuó en España cinco años más. De esa forma sostenía a la familia en Buenos Aires aunque yo sumaba mi aporte. Di clases particulares a todo el barrio, durante todas las horas del día. 

Con el esfuerzo de ambos recobraron un mejor nivel de vida y entonces decidieron que era momento del regreso de Roberto. Esa ausencia pesaba mucho y ya se hacía innecesaria. 

Gloria, tu vida fue dura y fue dulce, todo a la vez, tuviste pruebas de varios estilos, le digo. 

-Es así, el Señor nos pone siempre a prueba y de eso se alimenta el espíritu.

-Así fue como España, esa otra parte de mí que yo sentía que me faltaba, estuvo siempre presente en mi vida, cuando era niña, cuando fui adulta, y cuando, aún antes de ir a vivir allí, me relacioné artística y socialmente con la colectividad. El Centro Carballiño me solicitó que fuese la locutora en sus encuentros festivos y durante casi dos años fuí la conductora y presentadora de esas fiestas mensuales a las que asistían tantos paisanos.

9.Gloria presentando las fiestas del Centro Carballiño web
Gloria presentando las fiestas del Centro Carballiño

La miro y no dejo de encontrarle ese aire a la artista española clásica, es una mezcla de Lolita Torres, que aunque no era española fue un icono de la colectividad, de Naty Mistral y a veces, cuando la veta gitana aflora, aparece la gran Lola Flores.

En la radio se lució en el programa “Un encuentro con España”, con un espacio que llevó el muy apropiado nombre de “España en el buen decir de sus poetas”. Obviamente eran sus recitados los que ponían en valor aquellos poemas inmortales.

5. Con los creadores del programa Un encuentro con España, Centro Carballino. Junto a su esposo e hijos Celeste y Rodrigo web
Con los creadores del programa Un encuentro con España, Centro Carballino. Junto a su esposo e hijos Celeste y Rodrigo

¿Y de la Gloria de hoy, qué podemos saber?

Extraña las reuniones sociales que el tiempo pandémico nos robó a todos, siente que las mascarillas tapan las sonrisas y nos convierten en seres que no transmitimos sentimientos, 

-Es estar y no estar, dice. Ni aún en el 2001 sentí esta especie de fumigación, miedo, como si el virus se hubiese apoderado de la humanidad toda.

“Estas en el mundo pero no sois del mundo”, dice la Biblia, que ella consulta siempre para encontrar las respuestas. 

-Un planeta dentro del Universo y los seres humanos apenas hormigas. Un niño, al que mi madre cuidaba le decía: Virtudes, ¿para qué quiere Dios tanta gente arriba?. Siempre recuerdo el impacto que me causó esa reflexión.

-Gente como autómatas y muy pocos niños jugando en las calles, dice medidativa. 

-“Estoy aquí pero no soy de aquí, en realidad esto es un sueño, a veces se vuelve pesadilla, pero en el final volverá a ser sueño”, eso afirma, con un dejo de Calderón de la Barca en su pensamiento.

Me mira y agrega, con firmeza:

-Hay mas colores que los siete que conocemos, la vejez no existe, y nadie puede irse hasta que no es su hora. 

Terminamos la entrevista debatiendo el tema del localismo versus el multiculturalismo, el puerto y del otro lado España.

Tengo la misma morriña que cuando compré el libro de Gardel. Soy de dos patrias que no logro unificar. Es un dúo. Un vínculo dual. Me gusta oír hablar gallego, me recuerda a mi madre, ya que en el Bierzo la lengua es tan similar. Ella hablaba castellano salvo cuando quería contar algo secreto, que no lo supieran los vecinos, o un chiste subido de tono, con retranca. Entonces acudía a su lengua intima. 

Cuando me despido me muestra un vídeo: 

-Ya tengo heredera. Vera, mi nieta, heredó mi veta histriónica. 

Yo puedo comprobarlo observando a una pequeña actriz de menos de tres años, que continúa de este lado del agua, la saga que comenzó en Lugo, allá en una botica.

Mientras escucho mis pasos sobre las vereditas de Buenos Aires, resuena la voz de Gloria recitando sus versos, los que alguien le dicta en las noches de insomnio:

Yo fui una niña distinta

con una pierna en el agua

y una muñeira en mi boca,

que cantando la gozaba...

Galicia se convirtió 

en mi patria de añoranza....

Celia Otero Ledo, Febrero de 2022