Jueves, 12 de diciembre de 2019

OPINIÓN

El viaje de Pedro Sánchez

Es una costumbre inveterada que los presidentes del Gobierno español aprovechen los viajes al extranjero para realizar anuncios de iniciativas que tiene previsto desarrollar cuando vuelvan a nuestro país y que son de gran relevancia como para haber esperado a plantearlas en alguno de los foros nacionales. En su primer viaje a cuatro países latinoamericanos –Chile, Bolivia, Colombia y Costa Rica- el jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez ha realizado, hasta el momento, tres mensajes internos que se pueden resumir en dos rectificaciones y una petición al resto de los partidos.

La primera consecuencia de esos anuncios relacionados con la política nacional es que las relaciones bilaterales con los países que visita pasan a un segundo plano porque la actualidad española lo devora todo, de tal forma que se da al traste con la difusión de la proyección que se pretende dar a la acción exterior, de fortalecer lazos con países en los que es preciso recomponer relaciones dañadas, a los que se ofrece ayuda de distinto tipo y, como no, sentar las bases para que las empresas españolas inviertan en ellos y puedan realizar sustanciosos negocios que redunden en beneficio de las dos partes.

La facilidad de acceso al presidente del Gobierno en las conferencias de prensa que ofrece junto a los mandatarios de los países que visita permite que se le pregunte sobre la actualidad nacional, tan cargada de asuntos conflictivos. La polémica sobre el juez del Supremo, Pablo Llarena, por la demanda civil interpuesta por el expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont y cuatro consellers huidos de la justicia –con la clara manipulación de sus palabras para confundir al juez belga- fue resuelta por Sánchez con un apoyo incondicional a la ministra de Justicia, Dolores Delgado, quien desde su ministerio se trata de explicar el debate jurídico que se desató al respecto, sin intención de dejar desamparado al juez y a la jurisdicción española en ningún momento .

Más sorprendente fue la nueva rectificación de Pedro Sánchez acerca del futuro del Valle de los Caídos y la inédita propuesta de convertirlo en un cementero civil presidido por una inmensa cruz que se ve a kilómetros de distancia. En política, como en tantos otros aspectos de la vida, lo mejor es enemigo de lo bueno. Si la intención inicial del Gobierno es exhumar los restos de Franco de la basílica, hágase, dese ese paso sustancial para ir cerrando la página del franquismo y, más adelante, con la suficiente calma y estudio, aváncese en el resto de cuestiones pendientes sobre el uso que dar a ese espacio público y a ser posible –algo improbable- con el máximo acuerdo.

Sobre la necesidad de reformar la ley electoral parece que no existe ninguna duda, aunque con criterios distintos acerca de ir hacia un modelo más mayoritario o más proporcional y la cuantificación del peso del voto nacionalista, lo que impedirá el acuerdo a corto plazo. Pero lo que planteó Pedro Sánchez en Bolivia es una cuestión de calidad democrática: acabar con voto rogado que impide a la inmensísima mayoría de los emigrados españoles ejercer el derecho al voto en las elecciones españolas. Eso sí que es una cuestión de voluntad política y de respeto a los ciudadanos españoles que han tenido que emigrar. ¿La tendrán todos o están haciendo cálculos electorales.