lunes, 16 de mayo de 2022

POR CELIA OTERO LEDO

Carlos Rodríguez Brandeiro: el último adelantado al Río de la Plata

Carlos Brandeiro con la promoción del siglo web

Carlos Rodríguez Brandeiro: el último adelantado al Río de la Plata

Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron

por un mar que tenía cinco lunas de anchura

y aún estaba poblado de sirenas y endriagos

y de piedras imanes que enloquecen la brújula.

Jorge Luis Borges, Fundación mítica de Buenos Aires

Llegando a la sede del Colegio Santiago Apóstol me deslumbraba la multiculturalidad de la ciudad.

En su cercanía se distinguen personas de distinto origen. La impronta de Buenos Aires, una ciudad migrante, como se la caracteriza, se hace palpable. El barrio de Balvanera, popularmente conocido como “Once”, reúne al Centro Galicia, con sus socios y adherentes, a numerosos miembros de la colectividad judía y a gran cantidad de latinoamericanos. Buenos Aires es, sin duda, una ciudad del mundo. Y en este enclave la presencia del Colegio refuerza esa condición, haciendo notoria la cualidad de ciudad migrante. 

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Colegio Santiago Apóstol

Al llegar me sorprende la naturalidad con la que el personal de control de la puerta me explica que Carlos, del que hablan así con respeto y afecto, ha salido por unos minutos. -Usted es Celia, él nos dijo que llegaría a las 16 horas, aún faltan 20 minutos, insistieron para que quedara claro que Carlos no deja esperando a nadie.

Poco después estábamos ambos en su despacho, amplio, luminoso, con una gran mesa, sencilla y adecuada para guardar el protocolo sanitario. En el suelo se levantaban columnas de libros, cajas archivo, sobre la mesa otros materiales, todo daba cuenta de un lugar de trabajo intenso. Tan sólo las banderas correspondientes, la española, la de Galicia, la argentina y la de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires confirmaban que el lugar era la oficina del director de ese Colegio gallego, el único que existe fuera de la península, al que vi construir años atrás, pensando que tal obra, casi faraónica, sería interminable. La constancia y el tesón que nos caracteriza como colectividad la hizo posible, así como fuertes decisiones políticas.

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COLEGIO SANTIAGO APÓSTOL DE BUENOS AIRES

Me sirve café de un termo, mientras por los pasillos se oyen las voces de los alumnos, los mismos que fue saludando, uno a uno, con la pregunta correspondiente cuando circulamos por los pasillos de entrada.

A Carlos Xavier Rodríguez Brandeiro lo conocí en su faceta docente una mañana de sábado, en Outes, una asociación cuya sede está en Barracas. Allí nos reuníamos, un grupo que crecía en el boca a boca. Esa recomendación se centraba en las dotes pedagógicas y humanas del profesor. “Vale la pena madrugar en fin de semana, ya lo verás”, aseguraban, con acierto, los más antiguos. La pandemia nos interrumpió unos meses, pero el maestro no iba a cejar en su tarea, en poco tiempo implementó el sistema de teleconferencia y volvimos a clase, virtual, cada sábado.

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Carlos Brandeiro

Admiré de él muchas cosas, pero si hay que elegir una es la humildad que acompaña a un saber académico poco usual y a una generosidad sin límites. Estas características lo convierten en un orador que deleita con su saber y su forma de trasmitirlo, un apasionado de su lengua, un militante de la misma, pero no un fanático. 

-El peor gallego es el que no se habla- repite, convencido y nos convence- Con errores, si es que en la lengua puede hablarse de ellos, con términos diferentes o no aceptados, pero hablen. Porque si no tenemos lengua no tendremos identidad.

Todo esto recordé mientras intentaba hacerle una entrevista que diese cuenta del Carlos Brandeiro que llegó un día a Buenos Aires por unos meses y veinte años después, es el más porteño de los gallegos.

-Nací en la provincia de A Coruña, en San Román, parroquia de Cedeira, en mi casa, es decir la casa paterna, cuando ya se daba a luz en los hospitales, yo nací en el cuarto de mis padres. La aldea es  San Román de Montoxo, pero a los de allí nos gusta decir que es San Román de Cedeira.

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San Román de Montoxo

 -Mi padre, Julio Rodríguez, quedó huérfano a los doce años y se tuvo que hacer cargo de la casa. Supo lo que era cavar en el monte, ir a “rozar os toxos”, y todas las tareas del rural gallego. Su hermano, Higinio, que se destacaba en los estudios, entró en el seminario y fue sacerdote. Cuando me tocaba hacer el bachillerato me fui a vivir a su casa, lo que me permitió acceder a materiales bibliográficos que me facilitaron mucho el estudio. Justo cuando iniciaba la secundaria, mi tío que hasta entonces residía en Ortigueira se traslada a vivir a Landoi, localidad perteneciente al ayuntamiento de Cariño, razón por la cual mis estudios medios se desarrollaron en el instituto de esa localidad.

-Mi madre, Celia Brandeiro, tiene a un hermano, Miguel –mi tío materno– en Canadá desde hace muchos años. 

- En el desván de mi casa había una caja con postales de Caracas, seguramente de algún familiar que no conocí y que estuvo por aquellas tierras, y yo, cuando niño, me entretenía viéndolas y observando los paisajes. Ver esas imágenes me transportaban a otros lugares y generaban curiosidad por salir del contorno natural. De todos modos, creo que las lecturas, por ejemplo, Mark Twain o Salgari, eran las que más incentivaban mi curiosidad. 

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Parroquia y cementerio de San Román de Montoxo

-Cuando subí al avión para ir a Madrid y de allí a Buenos Aires, a principios de los años 2000, era la primera vez que volaba. Había andado un trecho, de San Román a Cariño y luego a estudiar Filología en la Universidad de A Coruña, pero no dejaba de ser un universo acotado. 

-Durante los estudios secundarios me atraía el periodismo, el de radio, e incluso en el instituto teníamos un taller extracurricular y producíamos un programa –Forza 8- que salía todos los miércoles por la tarde al aire. 

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Carlos Xavier Rodríguez Brandeiro
Director general del Instituto Santiago Apóstol de Buenos Aires

Intrigada, le pregunté qué figura fue determinante en su vocación profesional, y me dijo que puede nombrar dos que considera cuando menos trascendentes. La primera, Manuel Forcadela, su profesor de Lengua y Literatura Gallega en segundo de bachillerato.

-Él me cambió mi manera de entender Galicia. Fue como un destello que me abrió un nuevo sendero para vincularme con mi identidad y, de este modo, descubrirla, respetarla y defenderla, asegura pensativo, como rememorando esa época.  

-Yo hablaba gallego en la aldea, con naturalidad, así me había criado. Mi padre, que con el tiempo comenzó a trabajar de camionero, también lo hacía, incluso yo pensé en alguna etapa que mi destino sería hacer kilómetros en viajes, tal como mi padre. Eran tiempos en que aún las carreteras y autovías no se habían desarrollado y ese trabajo tenía sus riesgos y mi padre llevaba muchas horas al volante para ganar lo necesario, aunque luego aún continuase las labores de huerta y las típicas de las casas rurales. 

-Allí hablaba gallego, repitió, pero en Cariño y en el instituto, sin proponérmelo usaba el  castellano, quizá –ignorante de mí– por creer que empleando la lengua de la mayoría de los chicos tendría más amigos– O sea, que de lunes a viernes una lengua y sábado y domingo volvía al gallego sin darme cuenta siquiera de la dualidad. 

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Carlos Brandeiro

-Hubo una instancia, que creo que estuvo vinculada con la influencia de Manuel Forcadela, pero que fue totalmente instintiva, que me definió en la vocación y en mi comprensión de la cultura a que pertenezco. Yo había sido electo delegado de curso y asistía a las reuniones en que representantes de profesores y alumnos intercambiaban opiniones y proyectos. En una de ellas, y sin proponérmelo “falei en galego”. Manuel que estaba presente me felicitó, y creo que, en ese momento, nació mi militancia cultural. 

Luego, en 3º año del Bachillerato también influyó mucho Carlos Bernárdez, que lo fue implicando cada vez más en la cultura y así decidió estudiar Filología hispánica, con orientación en gallego portugués. 

Se recibió a los 23 años, luego hubo un impasse, y el servicio militar de nueve meses en la Capitanía de A Coruña, del que guarda gratos recuerdos porque lo asignaron a la oficina de Comunicación Pública, que, aunque no fuese periodismo propiamente dicho, estaba vinculado con sus intereses. 

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Carlos Brandeiro con Xabier Díaz

La falta de llamado a oposiciones le dilataba la posibilidad de conseguir una cátedra. Impartió clases en algunas academias particulares, y es entonces cuando la Xunta comienza con el dictado de Cursos de gallego. Sus amigos y compañeros lo instan a inscribirse, cosa que hace con pocas esperanzas, pero contrariamente a sus expectativas logra varias designaciones.  

Con estos antecedentes en el año 2001, después de varias temporadas impartiendo cursos en diferentes instituciones y colaborando activamente con la dinamización lingüística en ámbitos diversos, lo convocan para que venga por unos meses a Buenos Aires, a la Universidad de Belgrano, en la que funcionaba, con un convenio, el Instituto de Estudios Gallegos, el cual dirigía el profesor Adolfo Lozano. Acepta muy animado, era toda una experiencia. 

En noviembre de ese año regresa a Galicia y sigue sus actividades, pero en Julio del siguiente reiteran la convocatoria. En verdad Carlos había hecho un trabajo muy por encima de las expectativas, colaborativo, superador.

-Recuerdo con detalles el día en que me encontraba en la Librería Couceiro, de A Coruña, (hoy ya desaparecida) cuando vi en mi móvil que tenía muchas llamadas desde Santiago. Intrigado, me comuniqué y me urgieron a presentarme en la Xunta. Allí me notificaron que mi destino en Buenos Aires era el Colegio Santiago Apóstol, como docente. Vine por un año y llevo veinte. 

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Carlos Brandeiro con estudiantes

Y así comenzó su historia en este colegio que funcionaba desde 1998, dando clases en un primer momento en el nivel primario (la secundaria no se había creado todavía), y luego haciendo un verdadero “cursus honorum”, Jefe de Departamento de Lengua y Literatura Gallega, Secretario Técnico Educativo (desde donde se vinculaba con la Fundación) hasta llegar, desde hace unos años, a ser el Director General. 

-Sigo dictando clases, porque considero que el aula es el lugar en que se puede conocer lo que sucede en el colegio, en el alumno, en su entorno, acerca de sus necesidades y expectativas. Todas mis decisiones de importancia las he tomado allí, escuchando a los jóvenes. 

-La Fundación Galicia- América, -que se rige por la Ley de Fundaciones de Galicia- está en Santiago de Compostela, de ella depende el colegio, por lo cual su sede, legalmente, está allí.

-Es el Patronato quien tiene a su cargo el establecimiento, presidido honoríficamente por el presidente de la Xunta. La máxima autoridad del Patronato de la fundación es el Conselleiro de Cultura, Educación e Universidade y lo integran otros altos cargos del Gobierno Gallego junto a las autoridades que designa el Centro Galicia de Buenos Aires. Estos últimos integrantes conforman la Delegación argentina de la fundación que preside don Manuel Peleteiro Pérez. Todas estas personas colaboran “ad honorem”, no son cargos rentados. 

-La Xunta de Galicia nos concede un aporte anual, a través de la Secretaría Xeral de Política Lingüística, que depende de la Consellería de Cultura, Educación e Universidade a la que se unen otras ayudas extraordinarias. Todas están afectadas a las obras y mantenimiento de las instalaciones. Los salarios del personal se cubren con las cuotas de los alumnos, ya que no solicitamos el aporte del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, (si bien estamos sujetos a su supervisión, que nos refrenda como bicultural y laico) algo que nos da independencia para nuestras actividades extracurriculares, fundamentalmente las vinculadas con la cultura gallega, que son obligatorias. De gestionarlo, obtendríamos un aporte, pero perderíamos autonomía. 

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Carlos Brandeiro con la promoción de 2021

- El alumnado mayor, antes de finalizar sus estudios en nuestro colegio, realiza un viaje de estudios a Galicia. El pasaje y sus gastos personales son sufragados por las familias y por el trabajo que durante el año realizan los chicos y chicas recaudando fondos a través de diferentes iniciativas (fiestas, sorteos…). La estadía, manutención y desplazamiento corren a cargo de la Consellería de Cultura, Educación e Universidade. Asimismo, los estudiantes gozan de cobertura sanitaria del Servicio Galego de Saúde (SERGAS). 

Carlos cree con total convicción que la perspectiva histórica va a hacer justicia con el Colegio Santiago Apóstol, que no sólo preserva la cultura, sino que la genera.

-No se trata sólo de mantener, sino de “ser la marca”. 

Este concepto de imponer la “marca Galicia” como algo de calidad con miras al presente y al futuro, es parte de la sana obsesión de este docente entusiasta y está convencido de  que sólo con educación de excelencia se conseguirá.

- Hay que hacer lo mejor, para que esto suceda, y estoy seguro de que lo lograremos. 

-Nuestra actual matrícula es de 554 alumnos, en los en los tres niveles educativos (inicial, primario y secundario). La capacidad total del colegio ronda los 750 alumnos y alumnas. Contamos con dos divisiones en todo el nivel inicial y el primario y una en el secundario. Nuestra orientación pedagógica es la de Ciencias Sociales y Humanidades y la mayoría de los chicos que finalizan sus estudios primarios continúan en nuestro instituto, si bien es cierto que algunos optan por carreras técnicas o artísticas y algunos otros ingresan a colegios vinculados a la Universidad de Buenos Aires, fundamentalmente Carlos Pellegrini y Nacional Buenos Aires. Eso nos llena de orgullo puesto que con su formación primaria adquirida en nuestro colegio pueden perfectamente ingresar en esos centros de difícil acceso.

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Carlos Brandeiro con José Edelstei

Carlos Brandeiro hablando de educación es un apasionado que transmite su fervor, sin embargo, no puedo terminar la charla, ya con el café frío y casi finalizado, sin preguntarle por el Carlos “ser humano”, ése que nació en San Román, estudió en Cariño y vive en Buenos Aires. No vino con una maleta vacía, sin conocimientos y muchas necesidades, sino que arribó como el Adelantado, tal vez el último, siguiendo los pasos de quienes buscaban clavar el rollo de la justicia junto al madero  y así fundar las ciudades, que en su caso se trata de  la educación con la marca Galicia.

No es muy afecto a hablar de sí mismo, aunque tampoco rehúye hacerlo. Vive en Avellaneda con Alejandra Lorenzo, una joven argentina, nieta de gallegos, quien es su pareja desde el año 2012. La zona es un lugar en que recaló gran parte de la inmigración del siglo XX. 

-Alejandra casi no tenía vincularidad con lo gallego, la adquiriría conmigo. Actualmente, su padre entona alguna canción “da terra”, que nunca se le había escuchado, es que la memoria emotiva aflora siempre. Su hija tiene los valores del compromiso con su tarea docente, con el cuidado de su padre, y de la adaptación a las circunstancias. 

-La cultura del trabajo, la honestidad y la verdad, son los pilares sobre los que se asentaron los emigrantes que hoy forman parte del mosaico que es Argentina y Buenos Aires en particular. Ése que pudiste ver en las aceras, rodeando el colegio, y que yo observo, en parte, entre el alumnado, ya que no todos son de origen gallego. Si bien la mayoría del alumnado tiene familia española, fundamentalmente gallega, nos sentimos muy orgullosos de que chicos argentinos de origen gallego compartan aulas con chicos argentinos de otros orígenes. La idea es esa, difundirnos sin perder identidad, pero adquirir la riqueza de lo diverso.

Carlos Brandeiro con Jorge Mira y M. Peleteiro web
Carlos Brandeiro con Jorge Mira y M. Peleteiro

-Cuando voy a casa me cuesta creer que no estoy en mi tierra. El comerciante de la esquina, el vecino, las señoras del barrio, todos son parte de esta aldea, que se trasladó a través del Océano.   

A Alejandra la conoció en la escuela, como docente de plástica y con ella recorrió galerías y museos, caminó la ciudad, así se insertó en esa mítica Buenos Aires, de la que habla Borges. Brandeiro es un defensor de este país, muchas veces enjuiciado por los propios. No deja de mencionar cuando en su primer viaje tuvo un episodio de enfermedad, carecía de seguro médico y fue atendido en un hospital público, “como si fuese un personaje importante”, agrega, “y cuando pregunté el  precio, me dijeron, por supuesto que nada, es público y sin  costo para todos”. 

-Es una tierra acogedora, con estudios gratuitos, y un acceso a la cultura que tal vez no haya en otro lugar del mundo. 

Carlos Brandeiro con Arturo Lezcano web
Carlos Brandeiro con Arturo Lezcano

Sus palabras me dejan pensando si algo estaremos haciendo mal los argentinos que no podemos ver con sus ojos, y si lo hacemos, procuramos desarmar la imagen, para construir una alternativa que sólo recoge lo negativo.

-Creo que en Galicia falta conocer la importancia de la emigración, debería enseñarse en las escuelas, pero no sólo como proceso demográfico sino para valorar el capital humano y económico que actualmente aporta a Galicia. Es un presente complejo en todos los planos, es necesario “resetear”. Volver a empezar y apuntar a lo más alto. 

-Si algún día debiera dejar el Santiago Apóstol antes de mi jubilación, seguiría en Argentina. Ya es mi lugar.

¿Y viajar a tu aldea, a ver a tu familia?, le pregunto, intentando bucear en sus sentimientos. 

-Es una deuda que tengo. Quiero estar junto a mis hermanos menores, Santiago y David que permanecieron allí, y conocer a mi sobrino, que está creciendo, viéndome sólo en pantallas. Llevo ocho años sin viajar, ni tener contacto personal con mi familia. Mi padre ya no está, pero mi madre sí y también mi tío. De todas formas cuando he viajado y llevo allí un tiempo pienso en mi cotidianeidad argentina y la extraño. 

Carlos Brandeiro con Carlos Núñez web
Carlos Brandeiro con Carlos Núñez

Sabedora por comentarios de sus hábitos laborales, busco constatarlos. ¿Es verdad que a las seis de la mañana eres el primero que está en la puerta del colegio? 

-Habitualmente sí, me dice, pero porque hago lo que me gusta. El entusiasmo en la tarea, gozar de lo que se hace, es lo que nos va a permitir sobrevivir como sociedad en el mundo.  

-La humanidad está en riesgo, se resquebraja, porque pierde sus valores: La lealtad, la verdad, el respeto, la fidelidad, empatía, solidaridad. Creo que ser humilde es lo más importante en una persona. Eso les repito a los alumnos, “nunca sabes dónde te vas a encontrar con una persona que sepa más que tú, y cuando la encuentras, si no eres humilde, puedes obtener de ella como respuesta  dos acciones que te humillarán: o te expone, o te ignora, que es lo peor.” 

-Hay que trabajar para que sean activos, ya que construirán su futuro con propuestas. Siempre les digo que el mundo precisa personas creativas y que las grandes empresas valoran mucho el aporte individual porque la diversidad enriquece su crecimiento. “Tienen que aprender a encontrar lo que no está en internet, y aportarlo, porque lo que existe ya no hace falta crearlo”.

-La transmisión de valores y conductas a los jóvenes debe ser en  base a ejemplos, sólo así se incorporan. Repetirles que nos equivocamos mucho y que de ello aprendemos, “no teman, hagan mucho y cometan errores, así aprenderán”.

-La dicotomía actual es “contemplar o arriesgar” y eso nos lleva a educar a las familias para que dejen de ser reacios a los cambios e intenten avanzar. Para esa dicotomía utilizo mucho –copiando al presidente de la Real Academia Gallega– “a lenda da paxariña da Armenteira e a lenda da trabe de ouro e alcatrán”.

-La escuela tiene que ser un catalizador, prepararlos para que reconozcan sus capacidades, generarles el contexto que les permita conocerse a sí mismos. El docente es un mediador y acompañante, no es un guía. Porque el guía marca camino y los caminos son múltiples y conviene explorarlos sin condicionantes previos. Claro que abrir la cabeza implica libertad, con sus riesgos, pero sin conocimiento no hay libertad. 

-Y es este minifundio propio, el del colegio, el que me remite a mi infancia de chico rebelde, contestatario, que ponía a prueba a los adultos, que a veces defendía lo indefendible, y así crecí en la diversidad. La del campo, con las abejas, la libertad del monte y todo el tiempo para nuestras correrías. 

-Por eso creo en la escuela de puertas abiertas, con los padres que buscan aclarar dudas o hacer críticas, que no me molestan, por el contrario, necesito escuchar la contrapropuesta y repensar mi decisión, o reafirmarla, fundamentándola. 

Antes de finalizar le pedí una foto, a las que es reacio, un poco “kraussiano”, admite, pero accedió hacérsela al lado de la bandera de Galicia. 

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Carlos Brandeiro

Es tiempo de despedirme, estaría horas escuchándolo, con su hablar pausado, claro, simple y tan profundo, pero sobre todo por ese plus que lo caracteriza, la humildad de los grandes. 

Me alejé por la calle Paso, cincuenta metros hasta la Avenida Rivadavia, llevaba las imágenes de “Carliños no faiado”, soñando con las goletas de Salgari y Sandokán, las aventuras de Huck Finn en el Misisipi y las postales, pero en ninguna estaba el obelisco, el de la calle Corrientes que lo estaba esperando, sin saberlo. 

Celia Otero Ledo, Abril de 2022

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El obelisco de Buenos Aires, en la Avenida 9 de julio y Corrientes
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