sábado, 18 de mayo de 2024

'Muchos centros viven al borde de la desaparición'

Fernando de Castro, presidente del Centro Gallego de Madrid.
Fernando de Castro preside el Centro Gallego de Madrid desde hace 14 años. Se trata del Centro Gallego más antiguo, ya que sus orígenes se remontan al año 1741, aunque el acta fundacional es de 1892. Fernando de Castro compagina sus tareas de presidente con su profesión de arquitecto. En Ourense algunos edificios llevan su firma, como el Museo Municipal, cuya reforma llevó a cabo siendo alcalde Antonio Caride Tabarés. Todos los meses acude una vez por los menos a Ourense, a veces por motivos profesionales, y otras -como en agosto- a Fondo de Cea, para pasar unos días de vacaciones. ¿Cómo llegó a la presidencia del Centro Gallego de Madrid
Yo era vicepresidente del Centro, cuando el anterior presidente, Luis Blanco Vila, dejó el cargo por motivos personales. Ocupé el puesto de forma provisional. Más tarde creamos una junta directiva muy sólida, con la que he trabajado muy a gusto y por eso me he ido presentando a las sucesivas reelecciones.

¿Qué diferencia al Centro Gallego de otros centros?
Creo que lo más importante que hemos hecho ha sido invertir la pirámide de edad. En la última década hemos cambiado por completo la visión del Centro. Hemos conseguido implicar a los jóvenes, que nos traigan sus propuestas y que asuman responsabilidades en su gestión. También contamos con un importante grupo de retornados e hijos de retornados de países como Argentina, Chile, Venezuela y otros, que se han instalado en Madrid.

¿Cuántos socios o simpatizantes acuden cada día al Centro?
Tenemos más de 2.500 socios que pagan sus cuotas puntualmente. Pero además, por el Centro pasan otras muchas personas que acuden bien a las actividades que organizamos o simplemente a tomar café o comer en nuestro restaurante.

¿Cuántos ourensanos forman la colonia que reside en Madrid?
Los últimos datos indican que somos en torno a 480.000 personas de origen gallego. Calculamos que el 30 por ciento son ourensanos.

¿Siguen marchando los ourensanos de la provincia o se ha frenado esa corriente migratoria?
No, esa corriente se ha frenado. Eso se ve sobre todo entre los jóvenes. Los que vienen lo hacen a estudiar o a cursos de postgrado, pero siempre vuelven a la provincia. Incluso, muchos de los que residen en Madrid acuden al Centro Gallego para realizar cursos que les ayuden a regresar.

¿Cuáles son las actividades más destacadas que organizan en el Centro Gallego?
Las principales son las clases de gaita y danza. Además, también damos cursos de fotografía, pintura y teatro. Por otro lado, somos un centro homologado por la Xunta para impartir cursos de gallego normativo y gallego jurídico. El año pasado había más de 120 personas inscritas.

¿Qué momento viven las casas regionales en la actualidad?
Es un momento complicado, económica y socialmente. Muchas casas están casi cerradas, apenas realizan actividades. Son centros en los que no ha existido una renovación generacional. Los que las dirigen son gente muy mayor y los jóvenes apenas acuden a ellas. A eso hay que añadirle el difícil momento económico. Estamos hablando de centros privados que no tienen medios para financiarse y que si fallan las subvenciones de sus gobiernos autonómicos no pueden desarrollar actividades.

¿Cómo han logrado ustedes implicar a la juventud en la gestión y participación del Centro?
Fue de una manera muy sencilla. Les preguntamos qué querían para venir y para quedarse en el Centro. Nos pidieron entrar como socios de pleno derecho e implicarse en las actividades de gestión. En principio fue un grupo pequeño de unos doce, que empezaron con los grupos de gaitas y panderetas, y posteriormente se fueron añadiendo muchos más. Ahora tenemos unos 50 alumnos en los cursos, una se van y otros entran, pero tenemos un Centro vivo en el que la juventud está a gusto.

¿Logran evolucionar las Casas Regionales al ritmo que marca la Sociedad?
Las que dependen de las comunidades autónomas sí evolucionan, tienen un amplio presupuesto y organizan actos que resultan atractivos. Las privadas lo pasan peor, en algunos casos están al borde de la desaparición.

¿Desde su punto de vista como arquitecto cómo ve el urbanismo en Galicia?
El urbanismo en Galicia es de alto riesgo. Todo el mundo sabe que hay ciento de miles de viviendas preparadas para invadir las costas gallegas por aquellos promotores que ya no los dejan edificar o no tienen cabida en otras partes de España. Si hasta ahora no lo han hecho ha sido por la irrupción de la crisis, pero la amenaza está ahí. Creo que la Xunta debe elevar el grado de protección de la costa, porque no se puede vender Galicia como un destino diferente, para luego ofrecer cemento y hormigón como si fuera Benidorm.

¿La Galicia interior está entonces a salvo?
El problema del interior es que no tiene venta. En realidad, eso le ayuda a autoprotegerse. Pero de todas formas siempre hay promotores dispuestos a edificar donde sea. Aquí tienen un papel destacado los políticos locales, no para impedir el crecimiento de sus localidades, sino para buscar un crecimiento racional. Hay que preservar Galicia como la hemos conocido siempre.