jueves, 11 de agosto de 2022

VENEZOLANOS EN OURENSE:

La nueva tierra de la oportunidad

Venezolanos en Ourense

Jorge Pereira - La Región

Los venezolanos siguen figurando como los nacionales foráneos más numerosos en la provincia. Su presencia ya es parte del tejido social ourensano, ya que no es extraño oír sus acentos, acudir a negocios de gerencia venezolana o tener un familiar que haya trabajado o que tenga su origen en el país americano. Acudiendo a los datos del Instituto Nacional de Estadística, en menos de 20 años la cifra de nacionales venezolanos se ha duplicado en la provincia: desde los 3.191 de 2003 hasta los 7.156 de 2021.

De la gran presencia de esta comunidad  en Galicia dan fe las asociaciones que actúan como consulados de un país que, bajo un régimen que abarca todas las facetas del Estado, los ha abandonado a su suerte. Nueve de estas organizaciones se encuentran englobadas dentro de la Federación Venezolana en Galicia (Fevega), activa desde 2009, cuya sede ourensana se encuentra en la planta alta de las galerías Proyflem. En este punto Jose Félix González y Lorenzo González, en representación de Fevega y de Alma Llanera, reunieron a dos paradigmas del inmigrante venezolano de Ourense: Carlos Castillo, recién llegado, y Óscar Lossada, emprendedor con negocio en la ciudad.

Como caso de recién llegado se presenta Carlos Castillo, nacido en el estado de Cojedes: abogado, licenciado en Filosofía y Doctor en Gestión para la Creación Intelectual. Contando con cuatro meses en Galicia, ya ha tenido sus encontronazos con la administración española: “La problemática en España es que la cita para acceder a la protección internacional es de difícil acceso, porque necesitas pagar a un gestor, con un dinero que no tienes, y ser insistente”.

Con su familia en Venezuela y sin parentesco con el país de destino, Castillo tuvo que acudir a la Fevega para que lo orientasen en el largo proceso de regular su estancia y conseguir su permiso de trabajo, que aún se demorará otros seis meses. A este respecto, critica al sistema español porque, entre lapsos de tiempo y obstáculos burocráticos, “obliga al emprendedor de fuera a trabajar en negro, con el riesgo que supone”. Añade que no “reprocha nada”, pero desearía que desde el aparato estatal tuviesen en cuenta la urgencia de tener que sobrevivir día a día. Castillo insiste: “No pedimos regalos, queremos condiciones mínimas para desarrollarnos”.

Por su parte, Óscar Lossada, abogado de 50 años procedente de Maracaibo, cuenta cómo renunció a la Renta de Inclusión Social de Galicia (Risga) para iniciar su trayecto como autónomo y cumplir su ambición de desarrollar su negocio en la ciudad. Relata cómo participó en un programa de emprendimiento de la Xunta y, tras presentar un estudio socioeconómico y un presupuesto, chocó de bruces al no conocer a nadie que lo avalase en Galicia. “Un acercamiento por parte de entidades bancarias con una fianza solidaria o la posibilidad de recurrir a un gran grupo de avales para financiar nuestros proyectos sería de gran ayuda”, señala. Esta idea, sin embargo, no la ve posible sin un cambio de actitud hacia el inmigrante: “Necesitamos un voto de confianza”.

Apoyo mutuo

Procedente de Guatire, estado de Miranda, Jose Féliz González, abogado de 56 años, está al frente de la oficina local de la Fevega, una institución que describe como “un espacio común que permita la integración de las personas, inmigrantes y emigrantes retornados, a la sociedad que las acoge”.

González apunta que tanto Fevega, de la mano con Alma Llanera, está muy agradecida a la Secretaría Xeral de Emigración de la Xunta, que les aporta los fondos para seguir ofreciendo atención y asesoramiento presencial a cada uno de los casos que pasan por su oficina.

Desde esta federación trabajan para integrar, a través del apoyo al trabajo y a la empleabilidad, con iniciativas como talleres formativos e incluso “oficinas móviles” para llegar a todos los venezolanos repartidos por toda la provincia.

Tampoco se olvidan de los que siguen en Venezuela: “En estos momentos tenemos un programa de ayuda humanitaria de recogida de medicamentos que enviamos por medio de la Hermandad Gallega de  Venezuela en Caracas, que los distribuye a hospitales y oenegés para aliviar la actual crisis sanitaria”.

“Con todos los problemas de allá en Venezuela, acá buscas vivir para tener la tranquilidad de que tus hijos salgan adelante, ese es nuestro sueño”, concluye Jose Félix.

Cerrar el ciclo

Lorenzo González, presidente de la asociación Alma Llanera y gerente de la cafetería Charlotte, recalca los vínculos y las raíces que unen la tierra gallega con el país de ultramar donde nació hace 38 años. Comenta que, con su llegada a Galicia, “cierra el ciclo” que inició su bisabuelo tras emigrar a Venezuela, dejando atrás la casa donde ahora, décadas después, vive él.

Originario de Barquisimeto, capital del estado de Lara, González llegó en 2001 a España para estudiar Políticas en la Universidad de Santiago de Compostela y, después, Empresariales en Ourense. Dice sentirse “privilegiado” por haber migrado en circunstancias más favorables que los compatriotas que llegaron después: tenía familia  en Galicia y abandonó su patria antes de la crisis de 2007.

Consciente de que la situación de su país ha ido a peor y de la necesidad desesperada de muchos venezolanos por buscarse la vida fuera de sus fronteras, González, a través de la asociación Alma Llanera, está a la disposición de aquellos paisanos de la provincia que busquen una guía para asentarse.

Con todo, apunta que “sin colaboración no hubiéramos podido ni hacer la cuarta parte del trabajo”. Fevega y Alma Llanera cuentan con el apoyo de instituciones como Cruz Roja, Cáritas o Xarela, que ofrecen su servicio con iniciativas de reparto de ropa y  alimentos, tarjetas monedero y asesoramiento legal y jurídico, y orientación y formación laborales.

Sin embargo, echa de menos más iniciativas por parte del Concello y, sobre todo, del gobierno provincial: “Necesitaríamos un impulso mayor para potenciar a los retornados por esa ourensanía de la que se presume”. E ilustra con un ejemplo: “Muchos de los que llegan a Ourense acaban por irse a A Coruña por el problema que suponen los trámites burocráticos y la falta de apoyo constitucional”.

A pesar de todas las trabas y dificultades, tanto Lorenzo y Jose Félix, desde sus respectivas organizaciones, como Óscar y Carlos están agradecidos a la sociedad ourensana por acogerlos hasta el punto de que ahora son parte indispensable del tejido social.

Lorenzo aún se sorprende al comprobar lo mucho que ha cambiado la situación de la comunidad venezolana: “Cuando llegué se me ponían los pelos de punta al escuchar un acento venezolano; hoy, día a día, se lo puede oír en cualquier parte”.

Los negocios venezolanos dan fe de su espíritu emprendedor

 Los establecimientos venezolanos ya son parte de la compra diaria de los vecinos de Ourense,  ya sea para adquirir artículos del país americano o para invertir en los productores locales.

En las galerías Viacambre encontramos la tienda El Budare Market, especializado en la importación de productos 100% venezolanos y en el envío de paquetes y dinero. Al frente del mostrador está Eduardo Rodríguez, oriundo de los Altos Mirandinos, que muestra su género con las marcas más conocidas: el refresco Frescolita, el chocolate Toronto o las tostadas de yuca Casabe, además de la cerveza Polar o el ron Diplomático, productos que no se encuentran fácilmente en otros mercados.

Junto al cruce de la calle Bedoya con la avenida de Buenos Aires se encuentra A Despensa Galega.  Óscar Lossada, gerente del negocio, ofrece hortalizas, quesos, panes y otras delicatessen de proveedores locales. A base de “error y ensayo” ha salido adelante gracias a una clientela que busca la calidad de origen gallego y hábitos de consumo más sostenibles. Ofrece servicio de entrega a domicilio y en breve tendrá un punto de recogida del gigante Amazon.