lunes, 23 de noviembre de 2020

Ascensión y tragedia: la vida de película del fundador de Orense, Ramón Santamaría

Cuando Ramón Santamarina tenía siete años, su padre le llevó a la Torre de Hércules y se pegó un tiro delante suyo. Le encontraron poco después, abrazado al cadáver, recordando las últimas palabras de su padre: "Hijo, tú restaurarás la fortuna de la madre, ¿me lo juras?". Desde entonces, la vida de este ourensano se proyectó como respuesta a este juramento infantil. Solo mucho más tarde, cuando ya hubo hecho fortuna y hubo fundado una ciudad, Santamaría decidiría seguir el mismo camino que su padre: una bala terminaría con su vida al otro lado del océano, en 1904.

Pero en este momento temprano de su vida, aún queda mucho para eso. Ramón Santamarina nació en la ciudad de Ourense en 1827, le bautizaron en Santa Eufemia la Real y vivió toda su infancia junto a la Praza do Ferro. Poco después de la muerte de su padre -José García Santamarina, Guardia de Corps del rey Fernando VII caído en desgracia económica y acusado de ser infiel a su mujer-, moriría también la madre del joven Ramón, Manuela Valcárcel y Pereyra. Para evitar que se dedicara a mendigar, sus tíos le ingresaron en un hospicio de Santiago.

Gracias a la ayuda de uno de los frailes, Ramón escapó de aquel lugar y huyó a Vigo. Tenía 16 años. En el puerto de la ciudad olívica, se enroló como grumete en la corbeta La Española, que partía con rumbo a Buenos Aires. Santamarina abandonó Galicia en aquel momento, pero su tierra nunca dejaría su corazón. Llegó a Argentina el 20 de agosto de 1844, tras un viaje de casi 100 días.

En Argentina, Santamarina pudo hacer honor a la promesa que le había hecho a su padre en el momento de su muerte: comenzó a trabajar como recadero en un hotel, ayudando a cargar y descargar carretas, limpiando platos y guiando bueyes a través de un río que tenía que atravesar a nado, ya que no había puente. Una corazonada le hizo abandonar aquel trabajo e internarse en el campo: en la zona de Tandil, trabajó como peón y aprendió las labores del rural. Con sus pocos ahorros, compró una carreta y algunos bueyes, que serían la semilla de su imperio económico.

A lo largo de los próximos años, este ourensano se convirtió en el mayor proveedor del pueblo de Tandil, trayendo con sus carretas azúcar, vino, ropa o ladrillos para la construcción de la iglesia. Hoy en día, la ciudad de Tandil le considera una de las piezas fundamentales de su historia temprana, y en 1912 erigieron un monumento a este hacendado. Aún hoy, una avenida, el hospital municipal, una escuela de la ciudad y el club de fútbol más popular de Tandil llevan el nombre de Ramón Santamarina. 

Ramón Santamaría pintado por Sorolla

Estudio de Joaquín Sorolla para el retrato de Ramón Santamarina.

Orense, el legado de Ramón Santamarina

Tras toda una vida de sacrificios por su negocio y su familia -se casó dos veces y tuvo 16 hijos-, Santamarina se suicidó en 1904, cerrando el círculo. No obstante, a los ourensanos no nos interesa tanto esta ciudad como otra mucho más ligada a los orígenes del personaje. En 1913, se fundó en la localidad de Tres Arroyos la ciudad de Orense en homenaje a Santamarina.

Argentina Ourense

Antes de eso, el lugar era un campo atravesado por un arroyo: Huinca Loo para los indígenas, Arroyo Cristiano Muerto para los españoles que llegaron después. Hoy, Orense es una pequeña ciudad de poco más de 2.000 habitantes, que vive del comercio y la agricultura. Por estas fechas, la ciudad cumple 107 años, y esta semana sus habitantes -también afectados por la pandemia global- lo han celebrado con un acto sencillo.

Santamarina dejó también un legado en su ciudad natal. Tras el fallecimiento de su primera mujer, en 1866, el patriarca envió a Ourense a sus tres hijos, Ramón, José y Ángela. Esta última nunca retornó a Tandil, y con la herencia de su padre pudo financiar diversas obras culturales y benéficas en la ciudad: un ejemplo es el conjunto neomedieval que hoy acoge el colegio Padre Ángel, en O Couto.

Ourense Colegio Padre Ángel