lunes, 28 de septiembre de 2020

ARTESANOS

Manos latinas crean los zapatos artesanales del flamenco español

Manos latinas crean los zapatos artesanales del flamenco español. Foto:zapatoflamenco.com
Manos latinas crean los zapatos artesanales del flamenco español. Foto:zapatoflamenco.com

El flamenco tiene acento latino en Madrid: la mayoría de artesanos que crean los zapatos de tacón del tradicional baile español proceden de Latinoamérica, donde todavía se conserva la elaboración a mano de calzado, mientras en España cada vez hay menos maestros.

Aunque no hay cifras detalladas disponibles, varias fuentes del sector apuntan a Efe que la mayoría de los artesanos que elaboran a mano estos zapatos en Madrid son latinoamericanos, “alrededor de un 80 %”, según el maestro artesano peruano Edwin Coila.

A las afueras de la capital, en un pequeño taller situado en un polígono industrial, Coila coloca los clavos en la suela de un tacón color rojo con la destreza de quien conoce su oficio de memoria.

MAYORÍA DE ARTESANOS LATINOS EN MADRID

“Por aquí hay varios talleres y la mayoría de maestros somos latinos”, afirma el zapatero mientras sostiene orgulloso el zapato ya terminado entre sus manos curtidas.

Acostumbrado a hacer calzado de calle en el taller de su padre en su Arequipa natal, Coila tuvo que aprender a elaborar zapatos de flamenco ("tacones") cuando llegó a Madrid, pero enfrentó el reto con decisión y pronto cogió “el ritmo de los clavos”.

“Para mí los zapatos no tienen secretos, cuando me puse a hacer los de flamenco me dije: esto no me va a vencer a mí, solo es un poco más complicado”, añade.

Y el esfuerzo mereció la pena porque más allá de poder ejercer su oficio de toda la vida: su habilidad le ha llevado a trabajar para grandes figuras del flamenco español, como cuenta el artesano: “Le hice unos zapatos blancos a Rafael Amargo, todavía conservamos su horma de la talla 41”.

Coila se abre paso entre muestrarios de zapatos multicolor, cintas métricas y materias primas en este taller con olor a piel, para dejar los tacones ya terminados en el montón de los que están listos para subirse al escenario.

Desde este taller, los pares recién hechos por el maestro viajan al corazón de la capital, en el Barrio de las Letras, donde conviven modistas, guitarrerías y pequeñas tiendas artesanas dedicadas al flamenco, que han florecido en torno a la escuela de danza española Amor de Dios.

Descendiendo por la calle del mismo nombre se escucha el taconeo que sale de las clases y se cuela en los comercios flamencos, entre ellos el de Manuel Ballester, que relata la falta de maestros artesanos suplida por los expertos latinoamericanos.

GUERRA POR LOS ARTESANOS LATINOAMERICANOS

“En un momento determinado hubo que amarrar a los maestros porque nos los quitábamos unos a otros. Esto era una guerra… encubierta, pero una guerra”, recuerda entre cajas de calzado elaborado por Coila y preparado para partir hacia Japón, donde el flamenco vive un auge.

Ballester cuenta que hace unos años, cuando la escasez empezó a notarse, “los maestros cotizaban en bolsa” porque “cada vez más gente que dominaba el arte de hacer zapatos se fue retirando”.

Sin una generación que les sustituyera, “ese hueco lo ocupó gente con el oficio más latente, como peruanos, colombianos y ecuatorianos… en general países que mantienen viva esa tradición”, detalla Ballester, que lleva más de 20 años en el negocio.

También tuvo dificultades para encontrar artesanos David Martínez, el dueño de un establecimiento flamenco que se encuentra calle abajo, unas tiendas más allá.

“Hace 10 o 12 años intentamos buscar un zapatero y no encontramos. Trajimos a un chiquito de Argentina", relata Martínez.

Ahora es el maestro español Alberto Lozano, que se jubila dentro de un año, el que está formando a quien tomará su testigo, aunque advierte de que el oficio no es fácil y lleva toda la vida aprender: “Yo llevo 50 años en esto y sigo aprendiendo todos los días”. EFE. Beatriz Díaz