lunes, 10 de agosto de 2020

Brasileños en España: la angustia por la pandemia multiplicada por dos

Representantes de movimientos y colectivos sociales brasileños a favor de los derechos humanos se manifiestan ante la embajada de Brasil en España para protestar por la respuesta del gobierno presidido por Jair Bolsonaro a la crisis del coronavirus y pedir que se le abra un juicio político para destituirlo. EFE/Gabriela Moscardini
Representantes de movimientos y colectivos sociales brasileños a favor de los derechos humanos se manifiestan ante la embajada de Brasil en España para protestar por la respuesta del gobierno presidido por Jair Bolsonaro a la crisis del coronavirus y pedir que se le abra un juicio político para destituirlo. EFE/Gabriela Moscardini
Residentes en uno de los países más afectados al inicio de la pandemia, los brasileños que viven en España han sufrido la angustia de ver cómo el coronavirus hacía estragos en su país de adopción mientras se iba extendiendo de forma inexorable por su patria.

El mismo día que España dio la bienvenida a la nueva normalidad con el fin del estado de alarma, el 21 de junio, Brasil alcanzó el hito de 50.000 muertes y más de un millón de casos confirmados por la COVID-19, con cifras que no paran de aumentar.

Casi 100.000 brasileñas y brasileños viven en España, según datos oficiales, y el agravamiento de la situación de su país generó a muchos de ellos preocupación y ansiedad.

Los último datos sitúan a Brasil como el segundo país en el mundo en número de muertes, con 61.8844, además de cerca de 1,5 millones de infectados.

Sin embargo, vivir la enfermedad en otro país, entender la importancia de medidas de seguridad para la contención del virus o haber trabajado en primera línea sanitaria en España ayudaron a generar conciencia entre amigos y familiares del otro lado del océano sobre la gravedad de la pandemia.

La brasileña Caroline Timm, residente en España desde hace 15 años y que tiene un canal de comunicación donde habla de la vida en el país, usó para ello las redes y los mensajes.

"Cuando empezamos la cuarentena en Madrid, mis parientes y amigos lo vieron través de mi realidad y yo intenté contar en mis redes lo que estaba pasando. La gente comenzó a tener un poco más de conciencia de lo que estaba sucediendo en España", cuenta a Efe.

"No considerar la COVID-19 un tema serio es muy preocupante. Tenemos que dejar claro que no es una gripe y que sigue matando a miles de personas", añade Timm.

La desinformación parece ser uno de los agravantes de la crisis sanitaria en Brasil. El 23 de junio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió una alerta para la posibilidad de subnotificación de los casos en el país.

La enfermera brasileña Keila Cristina trabajó durante más de dos meses en un hospital que recibía pacientes diagnosticados con la COVID-19 en Cercedilla, población de las montañas de la región de Madrid.

Para ella, Brasil todavía sigue sin tomar las medidas necesarias de prevención. "Aquí tuvimos la misma línea de información y las medidas eran para todos. En Brasil se ve que faltan información y unidad", cuenta la enfermera a Efe.

De momento, Brasil registra entre 600 y 1000 muertes diarias para desesperación de los brasileños en España.

LA EXPERIENCIA DE LA ENFERMEDAD EN ESPAÑA

Ni Timm o Cristina fueron diagnosticadas por el nuevo coronavirus, pero la brasileña Rubia de Oliveira, de 30 años, que vive en Madrid hace 3 años y medio, sí.

Embarazada de 30 semanas, esta fisioterapeuta empezó a sentir los síntomas dos semanas después del inicio del estado de alarma en Madrid, en el 15 de marzo.

Mucha tos, fiebre y agotamiento nunca antes vivido en el embarazo llevaron Rubia a sospechar que había contraído el virus.

"Desafortunadamente no fue solo una 'gripecita' y sumado al embarazo, lo pasé muy mal. Tener que ir al hospital era mi mayor miedo", cuenta Rubia, que contó con acompañamiento médico por teléfono cada tres días.

La recuperación tardó diez días y el parto, con todas las medidas de seguridad, salió muy bien: "Nunca me imaginé que daría a luz con mascarilla o que no podría ver la reacción de mi marido por llevar la cara cubierta. Nuestra primera foto fue con mascarillas, pero lo importante es que estamos bien, son recuerdos graciosas de una época dura".

Madre primeriza, Rubia contaba con que sus padres viajaran para el parto, aunque fue imposible por el cierre de las fronteras.

Pero las preocupaciones no se quedan solo en Madrid. "Tengo mucho miedo de lo que puede pasar a Brasil", afirma Rubia, que después de pasar por la enfermedad grabó un vídeo contando a los amigos y parientes la gravedad del coronavirus: "Me aseguré de enviar este mensaje para poder alertar a todos y sé que les ayudó a comenzar a tomar precauciones".

La enfermera Keila cuenta que hizo lo mismo. Después de extensas jornadas laborales en el hospital cuando España alcanzaba números alarmantes de casos y fallecimientos, empezó a dedicarse a hablar con ciudadanos brasileños a través de las redes para promover el conocimiento de la situación.

"Me sorprendió ver a los brasileños comparar enfermedades y tratar las muertes con frivolidad. Hay que cosas que pueden ser solucionadas, como el hambre o la economía, pero las consecuencias de la COVID-19 y, aún peor, las muertes, no", afirma.

Tras vivir el inicio del brote en España, trabajar como sanitaria durante la crisis y ver a los resultados de las medidas y del desconfinamiento, Keila reflexiona: "toda vida tiene su valor. Me duele mucho la declaración (del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro) en marzo de que '¿Van a morir algunos? Van a morir, lo siento, así es la vida'".

"Son personas, vidas humanas perdidas con historias y familias que ayudaron a construir el país".