viernes, 23 de octubre de 2020

Un sueño cumplido desde Etiopía

La vocación del padre Juan González Núñez por la solidaridad empezó en el año 1964 cuando sin dudarlo dejó el seminario de Ourense para ingresar en el Instituto Misionero de los Combonianos. 

Desde entonces, el padre Juan ha continuado con su labor de misionero en África y ahora tendrá que sumar las tareas del nuevo cargo de administrador apostólico en la diócesis de Hawassa, que está situada en el sur de Etiopía. Esta diócesis es la más grande de la nación en cuanto al número de católicos. El nuevo cargo significará que el padre Juan podrá ejercer como Obispo en la diócesis. 

Pero la decisión de empezar a ser misionero en África no fue fácil. El padre Juan es el último de una familia de doce hijos. "Todos mis hermanos se habían ido yendo de casa sin perspectivas de vuelta. Mis padres esperaban aquella tan arraigada solución en aquellos tiempos: irse a vivir con su hijo pequeño a la parroquia donde lo mandaran. Pero, se me ocurrió la locura de irme a las selvas africanas", explicó el padre Juan. 

Como misionero se dedica a predicar la palabra de Dios por los distintos pueblos africanos. "Vamos y les proponemos enseñar la religión cristiana y aceptan, porque al no ser ni cristianos ni musulmanes, dicen que tienen que ser de una de las dos. Los jóvenes son los que más acuden a nuestras reuniones. Les hablamos de un Dios que no es distinto al suyo", indicó en una carta redactada desde Etiopía. 

Antes de llegar a África, el padre Juan realizó sus tareas como misionero en Europa. También fue elegido consejero general de su Congregación y trabajó en la sede central de Roma, en la que tuvo la posibilidad de visitar las distintas provincias combonianas de todos los continentes. 

“Me moría por poder ser misionero para ayudar"

El padre Juan González Núñez escribió una carta desde Etiopía en la que agradece y rememora sus vivencias como misionero durante todos los años. " En los variados servicios que la vida misionera presenta, los hay que están en la línea de cómo uno ha soñado ser misionero y que son a medida de lo que uno cree que son sus capacidades y sus fuerzas. Hay otros, en cambio, ante los que uno siente la tentación de plantarse y decir: no, mira, señor, lo siento, pero esto no es para mí, pero sigo creyendo", reflexiona. 

A pesar de todo, el padre Juan siempre tuvo claro su vocación para ayudar desinteresadamente a los demás. "Sí, me moría por ser misionero, mi deseo alimentado por ir a los que viven en tinieblas y sombras de muerte, un eslogan alimentado por sueños de selvas y desiertos africanos. Fue eso lo que me ayudó a superar los obstáculos que en aquel momento se interponían, el mayor de los cuales era el de la situación que vivían mis padres", comentó en una carta el padre Juan González Núñez.