sábado, 24 de octubre de 2020

Huella ourensana en el Nobel de la Paz: "No nos lo creíamos"

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En el trabajo puede haber días buenos. Luego están los días en los que te premian con el Nobel de la Paz. La ourensana Miriam Rodríguez (Ourense, 1993) teletrabajaba el pasado viernes desde su casa de San Cibrao cuando comenzó a recibir multitud de mensajes de enhorabuena en el correo electrónico. "¡Que nos habían dado el Nobel de la Paz al Programa Mundial de Alimentos! No nos lo creíamos", comenta Rodríguez, todavía sin creérselo demasiado. "Fue un alegrón para todos, nos alegró muchísimo el día, claro", asegura. 

El equipo del Programa de la ONU celebró, aunque de forma telemática, el reconocimiento a su trabajo, muy necesario en un año tan duro como este 2020. "Después de estos meses tan complicados agradecemos mucho el galardón, sobre todo por los compañeros que trabajan en terreno y que no han podido volver a casa y ver a sus seres queridos a causa de la crisis sanitaria", apunta Rodríguez. 

El papel del PMA

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la Organización de Naciones Unidas (ONU) se enfoca en cubrir las necesidades nutricionales de países con dificultad para acceder a alimentos. Además, promueve un futuro sostenible para las poblaciones afectadas por catástrofes naturales, situaciones de emergencia o conflictos armados. La sede del PMA está situada en Roma (Italia), donde Rodríguez trabaja desde enero de 2019. "Cuando empezó la pandemia empezamos a trabajamos todos en remoto, para no correr ningún riesgo. Hasta que la situación mejore, no volveremos a las oficinas", explica. La ourensana forma parte del departamento de compra de alimentos a nivel internacional. "Hacemos la compra de alimentos a nivel internacional y las enviamos a todos los países en los que operamos", desgrana. Entre los productos destacan diferentes tipos de cereales y harinas, legumbres, aceites vegetales o azúcar, así como alimentos nutricionales especiales. "Compramos desde a Canadá o Bélgica hasta Kenia, Sudáfrica, Madagascar, Pakistán o Indonesia", apunta.

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Miriam Rodríguez, en la sede del Programa, en Roma (Italia).

Un año especial

La crisis sanitaria multiplicó el número de personas en situación de riesgo alimenticio, y con ello la carga de trabajo, más difícil a causa de la situación mundial. "El cierre de fronteras nos afectó bastante, es cierto que como somos una agencia humanitaria no nos bloqueaban las mercancías, pero hemos tenido muchos problemas", reconoce Rodríguez, que destaca la labor en terreno. "En determinados lugares, como Yemen, Siria, Sudán o Congo, los compañeros lo han pasado mal, en primera línea de fuego", cuenta. 

La ourensana, además, también dedica su parte del premio a su familia. "Estos días celebré con mis padres en casa el reconocimiento, ellos son los que me han apoyado absolutamente en todo lo que he hecho. Cuando me salió esta oportunidad de irme a Roma fueron los que me animaron a que fuese", explica Rodríguez, que tenía claro, desde pequeña, que lo suyo era lo internacional.