Sábado, 14 de diciembre de 2019

Editorial: Los emigrantes cargan otra pesada maleta

Los emigrantes cargaron con la pesada maleta de dejar atrás su tierra y abandonar a los seres queridos para ahorrar unos duros con la esperanza de poder regresar algún día. Durante ese tiempo fueron generosos con las remesas de divisas con las que se apuntaló la delicada economía española y permitieron mantener sus casas en pie. Y cuando tuvieron la posibilidad de emprender el viaje de retorno para continuar pagando aquí el IBI, se han topado con la ingratitud de los respectivos gobiernos que han ocupado la Moncloa los últimos años. En vez de poder disfrutar con tranquilidad de una merecida jubilación y de una pensión que, según el sentido común, tendría que ser igual o incluso mejor que la que perciben los que no se tuvieron que marchar, los emigrantes retornados llevan mucho tiempo padeciendo la persecución de Hacienda sin que se solucionen de una vez por todas las discrepancias sobre la tributación. 

Lloraron en el andén cuando emprendieron la marcha, a la vuelta les toca defender sus derechos en la calle. A un gobierno se le cae el discurso social cuando se muestra con indiferencia ante una pancarta que reza: “Non somos defraudarores, fomos emigrantes”. Las palmaditas en la espalda que reciben de la clase política a modo de “lo estudiaremos” intentan maquillar las arrugas morales, pero no se acompañan de actuaciones firmes. La celeridad sólo se aplica para autoconcederse jugosos sueldos. Para solucionar los últimos años de vida de quienes nos han solucionado la nuestra en tiempos duros, muy duros, no tienen prisa.

En España ha cambiado el color del Gobierno sin que haya variado el trato con los emigrantes retornados

Es comprensible que los emigrantes se sientan en su tierra indefensos y dos veces maltratados. Primero se les trató como a estafadores al imponerles el ministerio que dirigía Cristóbal Montoro multas e intereses de demora por no declarar las pensiones que percibieron de los distintos países de destino entre 2008 y 2012, cuando no habían sido advertidos de la obligación de declararlas e incluso fueron informados de que no era necesario. Con la devolución de las sanciones y los intereses de demora, el Ministerio de Hacienda corrigió el despropósito, pero no entró a fondo en el trato discriminatorio respecto a los pensionistas del régimen común que denuncia la Coordinadora Nacional de Emigrantes Retornados de Galicia. La ley 35/2006 del IRPF les obliga a realizar la declaración de renta de pensiones a partir de los 11.200 euros anuales, mientras que los pensionistas que sólo han trabajado en España están exentos hasta los 22.000 euros. 

No se niegan a pagar, nunca lo han hecho en las reiteradas protestas que han celebrado, sólo piden un régimen de retenciones idéntico al resto de jubilados del Estado. Sólo en Ourense hay 50.000 personas afectadas y en Galicia unas 250.000, aunque algunos fallecen sin ver la batalla ganada porque casi todos superan los 70 años. Las trabas que complican el merecido sosiego son constantes y más cuando el lío acaba en los tribunales. El Tribunal Supremo ha sentenciado que las pensiones de invalidez en el extranjero no tienen reconocimiento automático en España. Resulta curioso que sea necesario someterse a un nuevo examen médico para alegar las reducciones en la renta, pero los jueces no elaboran las leyes, se limitan a hacer cumplir lo que hacen los políticos. 

En España ha cambiado el color del Gobierno sin que haya variado el trato con los emigrantes retornados. Ourense y muchos pueblos de Galicia, como se está viendo estos días, rejuvenecen y doblan la población con la llegada de las generaciones más jóvenes para visitar a la familia. El que ya ha retornado mantiene el apego a una tierra necesitada de gente. El doble servicio prestado a Galicia no merece la consideración del recaudador ni la actuación de los políticos. Los emigrantes retornados no sólo luchan por ellos, sino también para que los jóvenes que ahora cargan en el andén con la maleta de la emigración no tengan que protestar en la calle el día que decidan regresar. Continúan siendo un ejemplo para hacer un país mejor y más justo.