Viernes, 20 de septiembre de 2019

IN MEMORIAM

In Memoriam Felisindo López Lorenzo: “Aquí vamos a hablar a calzón quitao…”

En la imagen, primero por la izquierda, José Antonio Alejandro González y a su lado Felisindo López.
En la imagen, primero por la izquierda, José Antonio Alejandro González y a su lado Felisindo López.

“Aquí vamos a hablar a calzón quitao”. Así comenzaba Felisindo López sus reuniones. No importaba la organización que presidiera, cuando la reunión empezaba así algo se traía entre manos o alguna decisión importante había que tomar.

Aquel niño que nació un 12 de Febrero de 1938, en Arenteiro, un pueblecito del Ayuntamiento de Piñor de Cea, en la provincia de Ourense, ya apuntaba maneras a su corta edad, y grandes dotes de nobleza y solidaridad.  

Con solo 8 años tomó la decisión de dejar su domicilio familiar para cuidar a una tía suya. Una mujer viuda de 75 años de edad, sin hijos, que estaba sola. Decidió acompañarla durante el tiempo que le quedara de vida y durante 5 años residió en un pueblo cercano al suyo llamado Betar, en la parroquia de Oseira. Lo hizo mientras estudiaba, colaboraba en las labores del campo, y se ponía al frente de un pequeño taller de carpintería. Así fue como nació su pasión por la carpintería. 

A los 13 años volvió al lado de sus padres, y durante los años siguientes aprendió distintos oficios: barbero, albañil, músico... La música fue su gran pasión, y a pesar del deseo de sus padres de que continuara estudios superiores, no fue posible dado los escasos recursos con los que contaban las familias en aquella época. 

Me contaba Felisindo como su camino y el de la que sería su compañera de vida se cruzaron.  “A los 17 años conocí a la “jefa”, mi señora. Dos años más tarde nos casamos". Ya casado y tras aquel amor de estudiantes, no quedaba más remedio que pensar en el porvenir. Un porvenir incierto por el contexto político del momento.

Las sucesivas guerras: la Guerra Civil española y la II Guerra Mundial, dió lugar a uno de los mayores éxodos de personas hacia América latina. A él se unió Felisindo y su nueva familia, su mujer Solita y su primera hija, Sinda. En 1958, los tres emprenden rumbo a las Américas.

Brasil fue su primer destino, pero tras desempeñar varios trabajos, no acababa de llegar la estabilidad profesional, económica y personal que perseguía. En aquel entonces sus suegros ya vivían en Venezuela y mantenían contacto por carta. Un mes de noviembre del año 1959 decidieron encontrarse todos en Caracas, donde años más tarde nacería su segundo hijo, Javier. 

Allí comenzaría la verdadera historia de aquel gallego emigrante, que llevó toda su vida grabados a fuego los valores de la emigración: esfuerzo, trabajo, constancia, tesón... Valores que hoy en día están en crisis, pero que nosotros los gallegos los llevamos escritos en nuestro ADN y es gracias a ellos, a los que son reconocidos y queridos en mundo entero. 

Felisindo era un claro ejemplo de ello. Lo era poniendo en marcha proyectos que llevó al éxito, como su primera empresa: “Pantrys Caracas”, de la que el mismo decía “nos fixemos cadeiras como churros”. 

Su perseverancia y buen hacer profesional le granjeó muchas  condecoraciones y reconocimientos ya en sus primeros años de trayectoria, como la Medalla José Felix Rivas que le llegó en 1972 o la Medalla al Mérito al trabajo Francisco de Miranda en 1976. A lo largo de toda su vida recibiría innumerables premios. 

A medida que crecía empresarialmente, lo hacía también en nobleza y generosidad, lo que se expresaba en infinitas obras sociales, una de las tantas huellas que Felisindo dejó. Pero su gran obra fue su trabajo y desvelos en pro de la ciudadanía española en Venezuela. 

Como buen amante del futbol ingresó en la Junta Directiva del Deportivo Galicia FC en el año 1970, donde desempeñó el cargo de tesorero. Ese mismo año, el laureado equipo de fútbol nacional venezolano, quedó Campeón de la Liga y de la Copa, con el entrenador de origen brasilero Silvio Leite al frente. Felisindo formó parte de este equipo hasta 1978, y posteriormente del Deportivo Galicia, extinguido en el año 1982. 

Hablar de Felisindo López Lorenzo es hablar de éxito, nobleza, constancia, de quien siempre miró por sus paisanos, y lo demostró en sus empresas y en todas las actividades en las que estaba involucrado.  “A la callada”, sin mucho aspaviento, como lo hacen las personas a las que le sale del corazón, a quienes comenzaron desde muy abajo, y que saben lo que es pasar necesidad, estar al límite, arriesgarse, emprender, cooperar y ayudar a que otros sigan tu ejemplo.

Hoy muchos agradecemos poder haber compartido con él, ya sea en acciones comerciales, deportivas, sociales o políticas. Yo conocí a Don Felisindo en el año 2003, cuando él había sido ya vicepresidente de la Hermandad Gallega de Venezuela en el período 2001-2003, mientras fue presidente Manuel Diéguez “Menoti”. En el año 2003 Felisindo asumió la presidencia y al mismo tiempo que yo llegaba a la presidencia de la Asociacion Civil Gallega “Fillos de Ourense” integrada dentro de la Hermandad. El decía de si mismo que no era político, “No tengo trayectoria política, debido a que no soy político, soy empresario”. 

Palabras que resuenan ahora en mi memorias como las que me dijo una vez Don Manuel Fraga Irisaren, en el IV Dia de la Galicia Exterior con tan solo 29 años, “Don José, estudie, prepárese, trabaje mucho, llegue a empresario y luego sea político”. Palabras sabias de quien fuese presidente de la Xunta de Galicia durante 15 años. 

Felisindo era muy estricto, cosa que se agradecía, difícil que cambiara una idea, pero sabía escuchar, sabía rodearse de gente buena y sacarle el mejor provecho, Aprendí muchas cosas de él, como dice el dicho “la sangre te hace pariente, pero la lealtad te hace familia”. Hoy la emigración llora su perdida, llora la pérdida de un paisano que desarrolló las virtudes y el comportamiento de un emigrante en toda regla, que siempre tendió la mano a quienes lo necesitaban. Por esa razón, institución que presidiera o de la que fuese directivo, su convocatoria era fiel y masiva. Tanto en sus empresas, en CAVESPA (Cámara Venezolana-Española), en la AEGV (Asociación de Empresarios Gallegos en Venezuela), en la Asociación de la Comarca de Carballiño, en el Deportivo Galicia FC, en la Hermandad Gallega de Venezuela A.C, en FACEV (Fundación de Apoyo a la Ciudadanía Española en Venezuela), en la FES (Fundación España Salud)... y una larga nómina  de organizaciones en las cuales participó, donde cientos de paisanos, cientos de españoles fueron beneficiados. Siempre con pensamiento “popular”, que le hizo llevar durante muchos años las riendas del Partido Popular de España en Venezuela.

Felisindo delegó en mi muchas responsabilidades. No pienso defraudarlo. Sus consejos, sus jocosos comentarios, sus discursos nunca escritos, (los soltaba en el momento lo que le parecía...), sembraron en mí una enseñanza que día a día se ha convertido en un manual para desarrollar en la vida, sobre todo en el campo social.  

Hoy desde la Presidencia de la Hermandad Gallega de Venezuela y agradeciendo a mis padres, “Charo" y "Manolo”, que fueron los que me enseñaron a amar a Galicia, aprovecho para darle las gracias en nombre de todos esos socios y paisanos que disfrutaron de su nobleza, de su mano amiga, de su enseñanza. Esta institución siempre estará agradecida a usted. Durante su sepelio se pidió un sentido minuto de silencio por el descanso de su alma. A su despedida asistieron sus empleados, socios, amigos. Un pequeño homenaje para darle simplemente las gracias. 

Tal y como lo expresó el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo en uno de sus discursos de inicio de curso político, compartimos un pensamiento: “tenemos tres cosas primordiales, la primera GALICIA, la segunda GALICIA y la tercera GALICIA”. Seguiremos trabajando para que esa Galicia que rompe fronteras, que tiene hijos por todos lados siga siendo grande.

No puedo terminar estas letras sin expresarle todo mi apoyo a su familia, sus hijos, sus nietos, pero en especial a Doña Solita, esa mujer luchadora que siempre estuvo a su lado en todo momento, mis respetos para usted.

Don Felisindo lo recordaré siempre como lo que fue: “UN GRAN EMIGRANTE”