jueves, 01 de diciembre de 2022

Aulas ALCE: Mirando hacia el futuro

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AULAS ALCE: MIRANDO HACIA EL FUTURO

Beatriz Arlanzon 

Aunque las fechas cambian ligeramente en cada país, ya se ha dado el pistoletazo de salida para que las familias puedan matricular a sus hijos e hijas en los cursos que impartirán las Aulas de Lengua y Cultura españolas (ALCE) el próximo año escolar (2022-2023).

Aquellas clases que el gobierno español ofrecía a los hijos de los españoles que emigraron en los años sesenta y setenta ya son historia. Incluso el modelo semipresencial y la drástica reducción de las horas lectivas empiezan a quedar lejos pues ya llevan siete años en vigor a pesar de las protestas de los padres.  Las ALCE, como cualquier otro centro de enseñanza, tendrán que afrontar y dar respuesta a los nuevos retos educativos: un mejor uso de la tecnología, la enseñanza en línea post pandemia, la comunicación intercultural o los enfoques interdisciplinares por citar sólo algunos. Para conocer en profundidad la situación, entrevistamos a Javier Herreros Gil, director del programa en los Países Bajos.  

¿En qué año empezaron a ofrecerse las Aulas de Lengua y Cultura Españolas en los Países Bajos?

Este programa comenzó a funcionar allá por los años sesenta, cuando el gobierno de España se propuso dar apoyo educativo a los emigrantes españoles residentes en el extranjero. Este esfuerzo comenzó por los países que tradicionalmente han recibido más emigración española (Francia, Suiza…) y se fue extendiendo hasta un total de once países en la actualidad: Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Estados Unidos, Francia, Luxemburgo, países Bajos, Reino Unido y Suiza

¿Qué logros se han conseguido hasta ahora y qué retos hay que afrontar de cara al futuro?

Pues entre los logros de ALCE yo destacaría el haberse mantenido con el tiempo, con la gran competencia y todos los desafíos que existen en el mundo de la educación. Han pasado muchas décadas y el programa sigue más vivo que nunca, ofreciendo la posibilidad a muchísimos niños residentes en el extranjero de mejorar su español y no desvincularse de la cultura española. Concretamente, en Países Bajos tenemos cerca de mil estudiantes, que son muchos para un país no muy grande, y este número sigue creciendo año tras año. Y entre los retos a afrontar, posiblemente el adaptarse a los tiempos que corren a nivel tecnológico sea una de nuestras tareas, tanto a nivel administrativo como pedagógico.

980 alumnos de entre 7 y 17 años, distribuidos en las diferentes aulas abiertas en los Países Bajos. ¿Cuántos años están de media los alumnos?

En Países Bajos ha habido un importante incremento de alumnado durante los últimos años, de hecho durante este curso hemos tenido que incorporar a una nueva profesora, pasando de siete a ocho docentes en nuestro equipo. Además este curso también hemos abierto dos nuevas aulas en el país, concretamente en Maastricht y en Helmond, para dar respuesta a las familias que así lo solicitaron. Como bien dices los estudiantes pueden apuntarse a partir de los siete años, y pueden estar hasta los diecisiete. Esto supondría pasar un máximo de diez años en el programa, para aquellos que lo hagan de principio a fin. Aunque no todos siguen ese proceso, ya que algunos se incorporan más tarde o deciden abandonar antes.

Los confinamientos provocados por la COVID-19 obligaron a pasar a la enseñanza en línea y las quejas de los padres no se hicieron esperar. Sin embargo el 50% de las clases de ALCE se imparten a través de una plataforma digital. ¿No es excesivo para los alumnos más pequeños?

Nuestras enseñanzas están catalogadas como semipresenciales, esto es que contemplan una hora y media de clase presencial a la semana y una sesión de actividades que tienen que hacer en Aula Internacional, una plataforma Moodle en Internet creada por el Ministerio de Educación. Por causas de fuerza mayor, durante la pandemia hemos tenido que llevar a cabo las clases presenciales a través de vídeollamadas y actividades en línea, al igual que el resto de sistemas educativos de todos los países. La mayoría de las familias han sido muy comprensivas y nos han ayudado en este proceso, aunque ya sabemos que nunca llueve a gusto de todos. Estoy de acuerdo en que en algunos momentos quizás haya sido demasiado trabajo virtual para los estudiantes, especialmente los más pequeños, ya que las clases en sus colegios holandeses también eran en línea. Pero creo también que esta experiencia ha tenido muchos aspectos positivos y nos ha servido a todos de valioso aprendizaje.

Además de la formación lingüística y cultural, los profesores de ALCE también prestan atención al desarrollo de los valores de convivencia y respeto mutuo. ¿Qué ocurre cuando las dos culturas chocan, cuando los valores españoles y los del «país de acogida» van en diferentes direcciones? 

Los profesores de ALCE, al igual que el resto de profesores, siempre nos preocupamos mucho por la transmisión de valores a nuestros estudiantes, algo inherente a cualquier tipo de educación. En nuestro caso, al tratarse de una formación lingüística y cultural, es inevitable la comparación con el país de residencia. Pero la clave está en saber valorar y respetar las diferencias, que es lo que intentamos inculcar a nuestros estudiantes. Y también poder entender que el conocer y desenvolverse en culturas diferentes es muy enriquecedor para ellos y para sus familias.

Los profesores de ALCE son funcionarios de carrera. Dado que son españoles y no conocen la realidad sociocultural del país en el que van a trabajar, ¿qué formación reciben? Pueden surgir malentendidos (porque la comunicación intercultural ha fallado) tanto con los alumnos como con los padres que no sean españoles.

El profesorado de ALCE son en su mayoría funcionarios de carrera, aunque también contamos con profesores interinos. Maestros y maestras con su puesto de trabajo en España que deciden salir de su zona de confort para incorporarse a este bonito programa en el extranjero, en el que se encuentran con muchos retos. Como bien dices, el acostumbrarse a un nuevo entorno sociocultural puede llevar algún tiempo, pero en la mayoría de los casos siempre de manera exitosa. Muchos de los docentes que vienen a trabajar a este programa ya han tenido experiencias en el extranjero, además de que el Ministerio ofrece un curso de adaptación antes de la incorporación. Y cuando surge algún malentendido, se suele solventar sin ningún problema.  

La tecnología ha cambiado completamente la vida de los migrantes españoles. Hoy contamos con servicios de mensajería en el móvil (como WhatsApp), plataformas de televisión en la que cada vez hay más programas españoles, radio/podcast, plataformas de videoconferencia para estar en contacto con la familia y los amigos… ¿qué les falta a estos niños y jóvenes para practicar el idioma?

Es cierto que la tecnología nos ha sido de mucha utilidad en este sentido, ya que tenemos una inmensa variedad de recursos a los que acceder para poder practicar el español. Los niños y jóvenes tienen al alcance cualquier material que necesiten para reforzar sus destrezas, tanto orales como escritas. En nuestra experiencia, los que más nos ayuda en el desarrollo del programa es el compromiso de las familias a mantener vivo el español en casa, especialmente a nivel oral. Si se habla desde pequeños el idioma entre los miembros de la familia, se facilita mucho el poder mejorar el resto de aspectos idiomáticos en el futuro. Por eso siempre insistimos en pedir su colaboración en este sentido.

Los Reyes Magos ya se han ido pero, ¿qué le gustaría pedir para las ALCE?

Actualmente el programa en Países Bajos está funcionando muy bien, con un alumnado en crecimiento y un equipo docente inmejorable. Si tuviera que pedir algo, creo que sería el poder terminar ya con esta pandemia que nos acompaña desde hace dos años, para poder volver a la normalidad en nuestras clases y poder centrarnos en lo que realmente nos importa: el aprendizaje del idioma español y su cultura.

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