miércoles, 05 de octubre de 2022

BERNARDO J. CÓLOGAN FUE ESENCIAL EN LA FAMOSA HISTORIA CONOCIDA COMO LOS 55 DÍAS EN PEKÍN

Los 55 días en Pekín del "tío Bernardo"

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Bernardo Cólogan, sentado último la izquierda

A Carlos Cólogan le sigue la historia. Le persigue por los pasillos de las viejas residencias de su familia, de las que van saliendo a la luz legajos del pasado (hasta hoy desconocido) de las Islas Canarias. Él deja claro en esta charla con La región Internacional, que todo lo que ahora está saliendo a la luz gracias a sus libros es el resultado de años y años de acumulación de recuerdos. Los Cólogan, una familia irlandesa que desde hace varios cientos de años decidieron formar dinastía en Tenerife, lo guardaba todo. Y gracias a ese pozo cultural que les venía de los genes, ya conocemos las relaciones de estos, entre otros ilustres, con Benjamin Franklin o con la familia Gálvez y especialmente con Bernardo de Gálvez.

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El archivo mercantil de la casa Cólogan es un auténtico tesoro, porque empieza en 1670 y termina en 1900. Contiene, sólo en cartas manuscritas, entre 75.000 y 100.000. Hay que imaginarse el tesoro que aun va a seguir saliendo de estas páginas. Nuestro protagonista, Carlos Cólogan, sigue buceando en la historia de la familia. No para: le apasiona irse abriendo paso entre el pasado de los Cólogan, sus Cólogan; con paso firme pero en ocasiones de puntillas, porque aun hay quien pueda molestarse. No por el contenido de las cartas en sí, sino por el pudor que aun se tiene a contar cosas de la intimidad familiar, que aunque en este caso tenga varios siglos de antigüedad y  sigue siendo únicamente asunto doméstico.

Pero hay relatos que se escapan a las paredes de la familia y que estaban esperando por el inquieto Carlos para ser desvelados, entregados a la sociedad para sorpresa de gobiernos y cuerpo diplomático. El culpable de tal revuelo es el "tío Bernardo". Bernardo J. Cólogan  (1869-1910) que había estado en China en plena revolución de  los bóxers en 1900. El tío Bernardo fue esencial en la famosa historia conocida como los 55 días en Pekín.

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Carlos Cólogan habla de su tío bisabuelo con pasión. No es para menos. Su cargo de embajador de España durante esos durísimos días marcó el curso de la historia y posiblemente que la revolución no se extendiera durante meses o años. Aun hoy, un cuadro de Bernardo J. Cólogan preside la estancia principal, concretamente el despacho del embajador español en China. Y no son pocos los que han confesado que mirando el retrato del diplomático "tío Bernardo"  le han preguntado como hubiera afrontado la crisis de Tianamen.

El autor de " Bernardo Cólogan y los 55 días en Pekín" recuerda cómo comenzó todo: "entre la documentación que manejaba para la publicación del libro sobre la familia, siempre aparecía la figura del tío Bernardo que había estado en China. Lo comenté a algunas personas y desde el mismo Gobierno de Canarias se me empujó a escribir sombre este personaje". El Gobierno regional estaba dispuesto, y así ocurrió, a financiar la obra"

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La obra está escrita en primera persona, como si el mismo Bernardo Cólogan la estuviera relatando. El protagonista iba contando sus viajes en cartas  a su madre, Laura, que enviaba a La Orotava y le contaba todas las peripecias. Pero además, durante su estancia en China confeccionó un álbum de fotos que ha sido el detonante de el episodio actual. Un álbum familiar de cuero sin grandes marcas, posiblemente comprado en cualquier bazar de la época y que iba destinado a la colección de retratos. "Afortunadamente mi abuela lo conservó durante años en perfecto estado", nos  cuenta Carlos. Cuando esta muere el libro es llevado por su tía a   Cádiz, como parte de un lote de la herencia. "Cuando por fin decidí saber más sobre la vida del tío Bernardo le pregunté a mi padre por el álbum. Mi tía no dudó un solo momento en enviármelo.  Abrí el libro en parecencia de mi padre y le dije que teníamos una historia protagonizada por el tío Bernardo y que detallaba los hechos de la revolución de  los bóxers en China en 1900. Estábamos ante los 55 días de Peking. que se conoce perfectamente en España porque la película con el mismo título se rodó en Madrid. Fue protagonizada por David Niven, Charlton Heston y Ava Gadner y como director Nicholas Ray. En la cinta hay varios guiños a España, y entre estos la aparición del personaje del tío Bernardo, que fue interpretado por Alfredo Mayo. Al productor no le debió sonar muy español el nombre de Bernardo Cólogan que decidió tomarse la licencia de hacer un borrón en la historia y cambiar el guión renombrando al embajador como Guzmán. Con un sólo gesto de este tipo sacas, creemos sin proponerlo, a un personaje clave de la memoria histórica.  

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Bernardo Cólogan llevó la voz cantante en los acontecimientos diplomáticos que se sucedían durante los famosos 55 días. Fue él el elegido y no el británico para ostentar tan noble y complicada responsabilidad. El embajador ingles hizo lo imposible para que no fuera así, casi imponiendo el peso especifico que tenía el reino Unido sobre Pekín. Pero el resto de embajadores y delegados votaron en varias vueltas y acordaron que tanto por talante negociador como porque España no disponía de tropas y sus soldados no protagonizaron actos de agresión", manteniendo una distancia que, unida a la condición de Bernardo Cólogan como decano del cuerpo diplomático, derivó en que llevara la voz cantante en las negociaciones posteriores al conflicto.

"El tío Bernardo fue el primero en firmar el Tratado de Xinchou (1901), acto que se escenificó en la embajada española por la emperatriz y los representantes de las potencias extranjeras, según el cual China se reconocía culpable de la rebelión y sus consecuencias, admitiendo el pago de compensaciones y fijando nuevos acuerdos con las potencias internacionales". Fue la misma emperatriz Cixí la que regalaría a Bernardo Cólogan los dos leones de piedra que presiden hoy por hoy la entrada a la embajada de España en China.

Nunca antes, ni tampoco después, España o un Embajador español habían tenido tanta parecencia en un asunto internacional, hasta extremo de ser el punto de concordia para que el conflicto no se dilatara en el tiempo y las víctimas se contaran por centenares de miles.

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Quien sin puso a Bernardo Cólogan en su sitio en la historia, al menos en la que sucedía en aquel momento fue George Ernest Morrison, el "Chino Morrison", corresponsal del The Times en Pekín y al que todos consideran el mejor relator de los acontecimientos que rodearon la revolución de los Boxer. Morrisón hablaba algo de español- tras haber trabajado como medico en la compañía que explotaba las minas de Rió Tinto- y se convirtió en uno de los mejores amigos de don Bernardo. Carlos Cólogan destaca el párrafo de una de las crónicas del Chino Morrison:

Los europeos lucharon con sereno coraje hasta el final contra incontenibles hordas de bárbaros fanáticos… Con el último cartucho les llegó la hora final. Se enfrentaron a ella como hombres. Sobreponiéndose a sus maltrechas defensas resistieron la embestida de los chinos hasta que, derrotados por el simple peso de los números, perecieron en sus puestos. Murieron como siempre supusimos que lo hicieron, luchando hasta el final por los desvalidos niños y mujeres que fueron asesinados sobre sus cadáveres…

Del libro de Carlos Cólogan (Bernardo Cólogan y los 55 días en Pekín) se extrae este fragmento en el que Bernardo Cólogan habla en primera persona del "Chino Morriso":

Morrison reunía todos los recursos para la supervivencia y además de bien informado, tenía conocimientos rudimentarios de mandarín y contaba con su formación médica, por ello, no le fue muy complicado sobrevivir pese a que incluso debió superar la peste bubónica. Su físico muy atlético puso el resto y superó tanta calamidad con mucha soltura. Durante el asedio, Morrison vivió con nosotros en el barrio de las legaciones y su casa fue destruida, como muchas otras, pero por fortuna su librería se mantuvo a salvo en un almacén cercano y fue trasladada al palacio del príncipe Su antes de que las legaciones fueran incendiadas. En 1902 se trasladó a una casa en la calle Wangfujing, dentro del barrio chino, que pertenecía a la gran residencia del príncipe Pulun. En ese lugar Morrison construyó el ala sur para acomodar su extensa colección de libros, todos ellos escritos en inglés, de China y del este de Asia.

Bernardo Cólogan era un hombre ilustrado. Llegando a componer algunas canciones y temas musicales. Lo mismo componía que pintaba y a la vez organizaba fiestas, por las que, además, era también muy conocido.

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Carlos Cólogan, nos cuenta que cuando llevó el álbum al los responsables del archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, estos no salían de su asombro. Nunca antes habían visto esas fotos y leído con tanto lujo de detalles lo que el Embajador narraba, ya que el tío Bernardo había confeccionado el libro para él y como legado y recuerdo de su paso por China. No hay ahora mismo en el mundo documentación más preciosa que la que aportó Bernardo J. Cólogan sobre los 55 días en Pekín. Don Bernardo está considerado como una de las cinco referencias históricas del cuerpo diplomático español, no sólo por sus gestiones con el Imperio Chino, sino luego ( tras pedir su traslado al sentirse cansado tras la revolución de los Boxer) las realizadas en  México. Allí se casó con una mejicana y allí nacieron sus dos hijos. Asistió a los primeros pasos  de la revolución mexicana en la que ya eran protagonistas indiscutibles Porfirio Díaz y el general Huertas.