Viernes, 18 de Agosto de 2017
Marea Granate 15/05/2015

No me toque los derechos, señor ministro…

Señor Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior,

Quiero pensar que es la ignorancia y no otro motivo el que le llevó este miércoles a decir ante el Pleno del Senado que el Gobierno está actuando para facilitar el voto de los emigrantes españoles que buscamos un futuro digno en el extranjero.

Tuve la mala suerte de terminar la carrera en 2010, en pleno tsunami económico. Desde entonces, vivo en el extranjero y soy un aventurero, como diría su compañera Báñez. Voy a explicarle algunas de las muchas trabas a las que nos enfrentamos a la hora de ejercer nuestro sagrado derecho al voto y que ustedes desde el gobierno podrían eliminar en dos cafés. Me he topado con los mismos problemas mientras viví en Chile, Brasil, Reino Unido, Corea del Sur y Francia.

Antes recibíamos las papeletas por correo y solo teníamos que enviar de vuelta nuestro voto. Ahora, con la nueva ley electoral que en 2011 aprobó el PSOE con el apoyo del PP y de Ciu, tenemos que rogar el voto (¿por qué no escogieron un eufemismo?) dentro de unos plazos tan estrictos como desconocidos, y eso que la ley lo deja “muy claro” (Ley Orgánica 2/2011, art 39.1: “Para cada elección, el Censo Electoral vigente será cerrado el día primero del segundo mes anterior a la convocatoria”). La web del ministerio desinforma, a veces no funciona y en ocasiones hasta se contradice. Por cierto, ¿qué tal se lleva su abuela con internet? La mía fatal. Por suerte, hay gente noble trabajando para contrarrestar su falta de competencia y de interés, como la gente de Marea Granate. Recientemente una circular interna del Ministerio de Exteriores pidió a los consulados que hicieran “una interpretación restrictiva de la normativa”. Señor ministro, he visto a funcionarios veteranos del servicio exterior avergonzarse ante tanta desinformación. No los culpo. Parece que desde el gobierno quieren cargar sobre ellos la culpa de todas las trabas que ustedes van sembrando. Debería depurar responsabilidades si quiere que siga creyendo que es la ignorancia la que le permite defender el buenhacer del gobierno. No quiero aburrirle, así que no voy a describirle el interminable viacrucis burocrático que cada emigrante debe superar para intentar votar. Digo intentar, porque nadie garantiza que nuestro voto llegue a buen puerto, y eso que nos gastamos un buen dinero enviando cartas certificadas (en plural) a la Delegación Provincial del Censo Electoral y demás instituciones.

Para las elecciones autonómicas de Andalucía tuve miedo de volver a quedarme sin votar, así que bajé a Úbeda para meter mi sobre en la urna. ¿Sabe usted cuántos emigrantes andaluces pudieron votar? El 3,8%, un dato que antes oscilaba entre el 25% y el 35%. Si cree que están facilitando el voto de los emigrantes, sepa que lo están haciendo de pena.

Otro problema tiene que ver con nuestra situación. A pesar de que España tiene tantos consulados y embajadas como Reino Unido y Alemania, no todos vivimos cerca de una delegación en la que rogar nuestro voto. Ahora vivo en París y tengo que pedirle a mi jefe que me libere dos o tres mañanas para hacer trámites, pero los emigrantes que viven a 600 kilómetros de una capital, los que van en silla de ruedas, los que tienen 85 años o los que viven en países sin consulado no lo tienen tan fácil. Sin ir más lejos, los consulados de África han reconocido abiertamente que desde allí no se puede votar. Tenemos que rogar, implorar, suplicar nuestro voto, lo que supone una humillación para los votantes y duplica el trabajo de los funcionarios. Si no le queda ni una pizca de ética, actúe al menos para conservar el voto de los invidentes que siguen creyendo que su partido tiene espíritu democrático. Tras seis meses viviendo en el extranjero perdemos nuestro derecho a sanidad en España, un asunto vital para miles de emigrantes españoles que padecen enfermedades crónicas y que además nos pone a todos en una horrible tesitura: inscribirse en el consulado para votar o perder el derecho a sanidad, he ahí la cuestión.

Esta vez no tendré que reservar billete de avión para las municipales, pues la ley también prohíbe votar en estos comicios a los que vivimos en el extranjero. Antes sonreía cuando me decían “¡tú eres muy de tu pueblo!”. Ahora me duele escucharlo y convivo con la amargura de saber que muchos piensan que los emigrantes somos unos despolitizados cuando, en realidad, no tenemos ni voz ni voto.

Los que salimos de España sin billete de vuelta queremos mantener nuestras raíces. Somos embajadores de nuestra cultura y no desaprovechamos ni una sola ocasión para compartir el amor que sentimos por nuestra tierra. Mantenemos la esperanza de volver y de construir una sociedad más justa, a pesar de sus esfuerzos por arrancarnos el arraigo. Por todo esto, el 24 de mayo me manifestaré junto a otros emigrantes españoles frente a la embajada. Ya somos más de dos millones de españoles residiendo en el extranjero, y eso que la estadística no tiene en cuenta a los que no se inscriben en el consulado. No nos toquen los derechos, señor ministro, que la emigración es hoy nuestra pena y cada día la de más gente. Rectificar es de sabios, señor ministro. Por el bien de la democracia y de España, espero que no sea usted un ignorante.

Atentamente,

J.A.B, emigrante.