Jueves, 21 de Febrero de 2019
Fernando Jáuregui 20/09/2014

¿Cómo se dice 'cambiar las formas de gobernar' en chino?

El 'no' al independentismo en Escocia se conoció el mismo día en el que el Parlament catalán aprobaba la ley de consultas con la que Artur Mas pretende celebrar 'legalmente' su propio referéndum el día 9 de noviembre. Ajeno a los ecos, unánimemente favorables, que el rechazo a la independencia de Escocia ha cosechado en el mundo entero, el president de la Generalitat mantiene su rumbo hacia algo que incluso sus asociados de Unió admiten que es bastante similar a un suicidio político. Así que lo importante ahora es dilucidar los efectos del terremoto generado por el voto escocés en la 'otra parte' del conflicto catalán, es decir, en Madrid. Y todo indica que, aunque de modo prudente y hasta timorato, el Gobierno de Mariano Rajoy está dispuesto a dar algunos tímidos pasos. Sobre todo, porque ya son bastantes las voces que en la UE empiezan a señalar sus paralelismos (y sus obvias diferencias) con el 'premier' británico, Cameron.

Lo menos que puede decirse del rumbo político del Gobierno español en las últimas semanas es que parece algo errático: marcha atrás en la reforma del aborto -dejando abierta la puerta de la dimisión al titular de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón-, marcha atrás en los planes de reforma de la normativa electoral para que el alcalde sea directamente el más votado. Muchos primeros ministros salieron el viernes a la palestra para explicar sus reacciones ante un acontecimiento político de primer orden a escala europea, como el referéndum escocés. Mariano Rajoy se conformó, como suele, con el vídeo. Plasma en lugar de afrontar las preguntas, que tanto parecen aburrirle, de los periodistas. Nada de dar la cara.

Me encuentro entre quienes piensan que David Cameron ha hecho una buena labor: algunos le critican haber permitido el referéndum. Yo discrepo: no había legalidad en contra y él creía que un debate convenientemente conducido podría, junto con la tozuda realidad de los intereses -bancos que amenazan con cambiar de sede, empresarios que amenazan con cortar inversiones, las presiones de la propia UE-, llevar a la derrota del 'sí'. Incluso, dicen que se barajó en el 10 de Downing Street, por más de diez puntos, como así fue. Pero donde Cameron ha dado muestras de grandeza política ha sido en el momento de las reacciones tras el veredicto de las urnas, que daba la razón a las tesis unionistas: fue generoso con el derrotado y consecuente con la hora de cumplir sus promesas de más autonomía para Escocia. Y dijo, y esto es lo que más me interesó, que se ha abierto una "oportunidad" para que los ciudadanos sean gobernados de otra manera.

¿Han entendido Rajoy, Pedro Sánchez y demás componentes de la 'clase política' (yo nunca la llamaré, pese a que a veces estoy tentado, 'casta') el mensaje? De momento, no hemos escuchado del secretario general del PSOE una explicación convincente al hecho de que los socialistas catalanes votasen el viernes 'sí' en el Parlament catalán a la ley de Consultas, que, como dijo el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, abre la puerta a los intentos secesionistas, cosa que todos saben menos, al parecer, los dirigentes del PSC, comenzando por Miquel Iceta. Espero que comprenda Sánchez que no basta con arriesgados -y por otra parte bien diseñados- gestos mediáticos para convencer al cada día más exigente, más confundido, más enfadado, electorado español.

En cuanto al PP, sus dirigentes han recibido instrucciones, parece evidente, para tratar con exquisita prudencia el 'tema escocés', o sea, dejémonos de disquisiciones, el 'tema catalán'. Pero son bastantes las voces que critican el 'dolce far niente' de Rajoy, que previsiblemente va a afrontar la convocatoria del referéndum y el consiguiente recurso del Gobierno ante el Tribunal Constitucional... en China. Visita importante, sin duda, y fijada con mucha antelación, pero altamente inoportuna en estos momentos en los que conviene saber qué tiene que decir el jefe del Ejecutivo, el hombre que más poder tiene en España para hacer y deshacer, pactar o no pactar, conversar o no conversar, ceder algo o tirar de las riendas en todo. Estoy deseando escuchar a Rajoy decir un día, aunque sea ante los enviados especiales a China, como Cameron a los británicos, que se abre una oportunidad para gobernar a los ciudadanos españoles de otro modo, no a base de aburrirlos con falta de participación y parsimonia máximas. ¿Cómo se dirá eso en chino mandarín? Porque a veces parece que el clamor en busca de otras formas de incorporar a los ciudadanos a la tarea política, a Rajoy -y a tantos otros- les suena a chino.

Puede que el próximo Consejo de Ministros extraordinario, para estudiar las reacciones a la convocatoria formal, ley de Consultas en mano, del referéndum, tenga un carácter deliberante además de ejecutivo. Y eso, aunque Rajoy acuda a la reunión con la maleta lista para irse a Pekín. El mundo entero está ahora, tras el adiós de Salmond, pendiente de lo que ocurra entre Madrid y Barcelona. Nos jugamos esta semana algo más que la 'marca España'.

Y claro que la victoria tiene un precio. Que se lo digan a David Cameron. Pero la derrota tiene un precio mayor aún. Y, más que ambas, el caos. Y puede que, aún más que eso, tiene un alto coste el 'laissez faire, laissez passer", actitud que en política acaba siempre, siempre, pagándose.