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Antonio Blanco, el Dalí balinés

Hijo de un emigrante catalán tuvo una personalidad polifacética, también fue mago, actor y escritor
Tiempo estimado de lectura: 2 min 45 seg Comentarios: 0 Imprimir el artículo Agregar a favoritos Descargar en PDF Enviar por correo Texto normal Texto grande
LRI - 19-09-2007

Escondido en medio de un pueblo de la isla de Bali se encuentra el Museo del Renacimiento de Antonio Blanco, un artista de origen español que convirtió este país en la cuna de su dinastía familiar y donde practicó la pintura influenciado por la obra de Salvador Dalí. El pintor falleció en 1999, pero su hijo ha impulsado la obra de su padre, rematando las obras del museo, recopilado los cuadros vendidos y produciendo un libro y una película que explican la historia de su padre, nacido en Manila de un catalán y una italiana.

Antonio Blanco, el Dalí de Bali.
Antonio Blanco, el Dalí de Bali.

En el pintoresco pueblo de Ubud, en las montañas de Bali, se levanta un curioso edificio flanqueado por una estatua de quince metros de altura y rodeado de jardines llenos de fantásticas cacatúas: es la entrada al mundo onírico de Antonio Blanco, el Dalí balinés.

El Museo del Renacimiento de Blanco está decorado de forma grandiosa, ambientado con música de ópera y cuidado al detalle para convertirse en una ventana mágica que permite acercarse a la vida de este bohemio pintor de origen catalán, que llegó en la década de los cincuenta a la conocida como ’isla de los Dioses’ y la convirtió en su hogar.

El pintor falleció en Bali en 1999, pero su hijo Mario continúa con la saga familiar y se encarga de dirigir el centro y de conservar los más de 150 cuadros de su padre que alberga, además de crear sus propias obras.

’Mi padre era una persona muy excéntrica y también muy difícil: no podías estar cerca de él pero tampoco te dejaba alejarte’, explicó Mario Blanco, quien añadió con rotundidad que su progenitor ’era un verdadero genio, comparable sin duda a Salvador Dalí, aunque sus estilos eran distintos’.

’Estaba muy influenciado por Dalí, al que veía casi como un loco, pero no le copiaba, sólo aprendía de él, su trabajo era diferente’, añade el hijo.

En la obra expresionista de este artistas abundan las mujeres desnudas, las bailarinas balinesas, las obras con un toque de irreverencia y picardía sexual y los collages con poemas propios en inglés.

Mundo femenino ’Mi padre amaba enormemente a mi madre. Estaba especialmente seducido por el mundo femenino: adoraba a las mujeres’, rememora Mario, y asegura que la causa está en que ’pasó once meses en el vientre de su madre antes de nacer, en vez de nueve’.

Blanco en su taller de pintura.
Blanco en su taller de pintura.


Los fascinantes marcos de las obras han sido todos diseñados por el artista e incorporan motivos y juegos que aparecen también en las pinturas, casi todas ellas óleos o acuarelas.

Las fotografías que se exponen en el museo dan una idea de la personalidad polifacética del creador, quien, según asegura su hijo, era también mago y escritor y llegó a trabajar de actor en Hollywood en su juventud.

El museo El museo no vende ninguna de las obras y trata de comprar las que encuentra en manos de coleccionistas privados, tarea complicada, según Mario, ya que el último cuadro que salió a subasta alcanzó un precio de 400.000 dólares.

’Mi padre quería que sus cuadros se expusieran, que los pudiera ver mucha gente. Antes de morir me dejó tres encargos: acabar de construir el museo, hacer una película sobre su vida y publicar un libro. Los he cumplido los tres’, dice Mario.

Su estilo es diferente al del padre y consiste, sobre todo, en naturalezas muertas, lo que para este practicante hindú ’es una forma de honrar a los dioses’.