Jueves 20 de noviembre de 2008
Última actualización: 08:53
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El británico Lewis Hamilton (Mclaren-Mercedes) que el año pasado actuó con total impunidad por las pistas del mundial gracias al comisario único nombrado por la Federación Internacional del Automóvil (FIA), su compatriota Tony Scott Andrew, este año ha dejado de ser el niño mimado y ya ha sido sancionado en cuatro ocasiones.
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El pasado año hiciera lo que hiciera, investigaran lo que investigaran los comisarios jamás había sanción para Hamilton, cuyo coche fue sacado por los comisarios a la pista en el Gran Premio de Europa, disputado bajo un diluvio en el circuito alemán de Nurburgring, para después decir que lo que habían hecho ya no se volvería hacer.
En Hungría el mencionado Tony Scott Andrew, sin que constase nada en ningún reglamento, sancionó a Fernando Alonso con la pérdida de cinco puestos en la formación de salida, que terminarían costándole el mundial, tras la denuncia de Lewis Hamilton por retrasar el español la salida a la pista en la sesión de clasificación.
Otro caso que casi nadie llegó a entender fue su conducta en el Gran Premio de Japón tras el coche de seguridad, disputado también bajo el diluvio en el circuito de Mont Fuji, cuando detuvo drásticamente su marcha y provocó la colisión entre el australiano Mark Webber (Reb Bull) y el alemán Sebastian Vettel (Toroo Rosso) que tuvieron que frenar para no adelantarle.
Vettel fue sancionado con la pérdida de diez puestos en la formación de salida del siguiente Gran Premio, China, y Hamilton exonerado.
Pero ante la presentación de nuevas evidencias, la película de un aficionado en la que se mostraba a Hamilton apartándose hacia el lado derecho de la pista hasta detener casi completamente el coche, mientras Webber y Vettel colisionaban, los comisarios volvían a abrir la investigación cuatro días después en Shangai.
Las nuevas evidencias no sirvieron para sancionar a Hamilton, que una vez mas se escapaba sin sanción, pero al menos servía para que levantaran la de Vettel, que había proclamado su inocencia y cargado contra el británico, como la mayoría de los pilotos, por su conducta tras el coche de seguridad.