Sábado 10 de enero de 2009
Última actualización: 14:00
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El nuevo curso no cambió lo que ya se ha convertido en una tradición, que el Real Madrid salga del estadio de Riazor con la cabeza agachada y con dudas después de visitar al Deportivo de La Coruña, una situación que apena a los blancos desde 1991 y que se repitió este domingo con una nueva victoria gallega (2-1).

Con la salida de tono del brasileño Robinho demasiado reciente y la derrota del Barcelona ante el Numancia aún más fresca, el Real Madrid saltó al césped de Riazor con la pájara habitual en el estadio coruñés aturdido por las 'meigas' que le azotan en las últimas diecisiete temporadas.
El Deportivo apostó por refrescar la alineación después del partido europeo del jueves y Miguel Angel Lotina, que jugó con un defensa menos de lo habitual, sorprendió con la suplencia de Juan Carlos Valerón e Iván Sánchez 'Riki', claves en la pretemporada, para dar la alternativa a Verdú, Pablo Alvarez y Mista.
Fueron estos dos últimos los que estuvieron a punto de aprovechar la empanada mental de los madrileños en el arranque del encuentro, pero el larguero salvó a Casillas después de un remate inteligente de Mista a centro de Pablo Alvarez.
El Real Madrid combatió la desorientación inicial con mucho toque de balón en la parcela ancha, pero no consiguió avanzar metros y salir de su propio campo ante un rival replegado, bien ajustado en la presión, que apagó la creatividad de Guti y frenó a Raúl, Van Nistelrooy e Higuaín.
Sólo Robben, con un sprint endiablado, salvó la marca de Guardado y Filipe, y encontró huecos en la defensa deportivista cuando los gallegos, superado el primer cuarto de hora, le quitaron el balón al Madrid y asumieron la iniciativa en el juego.
Con el Deportivo más volcado en ataque, el partido se abrió y los de Schuster tuvieron la oportunidad de herir a los de Lotina con un contragolpe que el portugués Zé Castro, de nuevo en la alineación tras una lesión muscular, interceptó ante Higuaín cuando el Madrid tenía superioridad numérica.