Viernes 9 de enero de 2009
Última actualización: 14:00
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La venta de ostras en la populosa A Pedra, junto al puerto de Vigo, acerca todos los veranos a cientos de turistas que quieren degustarlas. Las vendedoras, muchas de ellas a punto de jubilarse, aseguran que el producto está en óptimas condiciones.
Hace casi dos meses cuando una de las ostreras del barrio de A Pedra afirmó que la tradición había cambiado mucho y que se esperaba un verano ‘muy flojito’. Ayer su sensación había cambiado y el ambiente de la calle también.
Esta mujer, con más de cincuenta años de experiencia abriendo moluscos y ofreciéndoselos a los turistas, reconoció que el verano ‘ha ido un poquito mejor de lo que imaginaba’. No hace falta más que acercarse a la zona para comprobar que está repleta de turistas. Todos con cámaras de fotos inmortalizan lo que quizás dentro de poco no exista si estas mujeres deciden jubilarse.
Esta vez no sonaban las gaitas, pero no hacía falta para saber que nos encontrábamos en uno de los puntos de encuentro más típicos de las Rías Baixas gallegas. Los restaurantes no daban a basto con todos los turistas que se sentaban para probar este manjar, pero ese ajetreo ya se echaba de menos en A Pedra. Aunque ya no aparecen tantos vigueses como antes por allí, los que vienen de fuera no se olvidan de hacer una parada, por pequeña que sea, en el barrio de las ostras.
La crisis continúa afectando a los bolsillos de los españoles y como consecuencia no se consume marisco, pero la calle viguesa continúa recibiendo visitantes. La mayoría se acercan para mirar o tomar algo refrescante, pero aportan movimiento y alegría a un barrio que a principios del mes de julio estaba casi vacío. Las ostreras no se quejan del turismo, pero una de ellas opina que éste debería ser ‘to davía mayor’, pero con las campañas ‘diciendo que no se podían comer ostras porque no estaban en buenas condiciones, nos han hecho mucho daño’. Ellas explican que no hay ningún problema con los moluscos y que se pueden consumir perfectamente sin miedo alguno.
Sea cual sea la razón, A Pedra ya no es lo que era hace algunos años y estas mujeres, tras tantos años de trabajo, lo notan cada vez más. Algunos piensan que este hecho quizás las empuje un poco a obtener esa tan merecida jubilación y descansar después de tanto tiempo.