Viernes 9 de enero de 2009
Última actualización: 14:00
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Un año más, la localidad extremeña de Alcollarín vivió una Fiesta en homenaje a sus emigrantes. Los vecinos de esta población cacereña pudieron disfrutar con las actuaciones del Grupo Teatral Farándula, que ofrecieron la obra 'El Conde de Alcollarín', así como con la presencia del humorista Pedro Reyes.
Alcollarín sigue rememorando año tras año el ancestral ritual de reencuentros entre vecinos separados en muchos casos por miles de kilómetros. Abrazos, besos, apretones de manos, se suceden en cualquier rincón del pueblo, alternando con el “chateo” no virtual en los bares o sentados “al fresco” al caer el sol tras la solana agostona.
La población se duplica durante estos días, y la mayoría de emigrantes que continúan acudiendo a la llamada de sus raíces durante el verano, siguen manteniendo que en su pueblo es donde mejor se come y donde realmente se puede descansar, a pesar del ajetreo de las fiestas locales, de localidades cercanas y las inevitables “procesiones” de vehículos durante la siesta para poderse dar un refrescante chapuzón en las piscinas de Zorita, Campo Lugar, Escurial…
El desabastecimiento o la falta de presión del agua, problema demasiado antiguo que sigue sin solucionarse de forma definitiva, ha empañado la gran labor que se está realizando para que las Fiestas vuelvan a tener el esplendor que les corresponde, siendo en agosto el principal y casi único reclamo para que los emigrantes -muchos de segunda o tercera generación- se decidan por Alcollarín como lugar de descanso. Aparte, claro está, de visitar a la familia y estar junto a ellos durante unos días.
El Palacio Pizarro-Carvajal fue el marco incomparable en el que se desarrollaron los dos actos más emotivos y emocionantes de las Fiestas: el Pregón, pronunciado por los hermanos Martín Barrado y el estreno de la obra de teatro “El Conde de Alcollarín”, a cargo del Grupo Teatral Farándula, escrita también por Manuel Angel y Prudencio Martín.
No sería justo destacar por encima de otro la interpretación de ningún miembro del grupo, ya que todos, cada uno en su papel, supieron estar a la altura, brillantemente dirigidos por Loli Prados, en una noche mágica e inolvidable para los más de 400 hechizados espectadores que desde el primer instante fuimos cautivados por la grandeza y belleza del escenario, el graderío, la música, el sonido, la iluminación, el vestuario... Perfecta puesta en escena que deja el listón muy alto para próximas representaciones de este abnegado grupo de artistas, orgullo de Alcollarín, que no escatiman esfuerzos para cada año brindarnos la magia y el misterio del teatro, superándose a sí mismos.