Martes, 22 de Agosto de 2017

EL REGRESO DE LOS EMIGRANTES

Los negocios de verano, un oasis en la vitalidad de los pueblos, huérfanos casi todo el año

El calor del verano nos obliga o cambiar nuestros hábitos habituales que incluye abrir el bolsillo para un mayor gasto. A nadie se le escapa que el verano es la gran época de descanso para muchas familias, pero también, y unido a la llegada de los “guiris”, convierte a España en un gran centro de negocios del turismo. Tanto grandes ciudades como pequeños pueblos que dejan de serlo en estas fechas para convertirse (en especial en la costa) en grandes centros comerciales y de ocio que son capaces de generar riqueza para el resto del año. 

En concreto, playas y pueblos que se llenan de chiringuitos o negocios de verano, como heladerías ambulantes, venta de comidas y, cada vez más, cualquier cosa de venta ambulante que se nos ocurra. A ello debemos unir la aparición de negocios  clásicos en formato exprés para el verano. En el caso de los pueblos gallegos o de las ciudades, ya no solo de costa, el verano siempre ha sido el periodo del año de mayor recepción de turistas pero también es época de “morriña” y por lo tanto de vuelta de los emigrantes a su raíces. 

Este regreso propicia estampas de pueblos renacidos donde durante la mayor parte del año apenas existen viandantes y con la llegada del verano se convierten en espacios de vida, de bullicio en forma de niños jugando o de mayores conversando a la sombra. Esta vuelta es un bálsamo para los más de 31.000 mayores que viven solos o para el resurgir de pueblos en su “apenada” demografía y también en su economía.

Les pondré un ejemplo usando una pequeña anécdota personal, si ustedes me lo permiten. Soy nieto de zoqueiro, eso significaba que de chico (previa aprobación de notas, y de no comportarme demasiado mal en el colegio) me permitían acudir a las ferias con mi abuelo para la venta de zuecos. Aquello era un gran divertimento para mí y motivo de múltiples aprendizajes, como el de saber escoger a la mejor pulpeira, aunque ese secreto se lo cuento otro día. En aquella escuela de la vida llamada feria aprendí que los mejores clientes, tanto para el negocio de mi abuelo, como para el resto de feriantes en verano, eran los emigrantes. Compradores (pagadores, nada de dejar a deber) de múltiples y variados productos que a su regreso llenarían neveras, paredes o formarían parte de regalos a jefes y nuevos amigos locales. 

EL REGRESO DEL EMIGRANTE

Este es el debate que les proponemos en el día de hoy. La emigración es un paso duro y muy difícil pero que en muchos casos ha sido el medio para obtener un trabajo digno y desarrollar un plan de vida. Sin entrar a discutir sobre los efectos y consecuencias de la emigración, sin duda es un factor de incentivo a la economía de muchos pueblos de costa y del interior. El emigrante gallego históricamente y mayoritariamente es un emigrante que pretende a priori siempre volver a su país y a su pueblo. Por ello, verano tras verano, vuelve y se “obliga” a que sus hijos y nietos conozcan donde nació y la cultura que aprendió. Este arraigo le ha convertido en un gran inversor en pueblos y villas. 

Quizá ya pasó la época de la filantropía procedente de los emigrantes, aunque siguen siendo benefactores de fiestas o de conservación de iglesias parroquiales y de figuras de santos de devoción. Ahora el emigrante es un consumidor de fincas y de casas desarrollando proyectos pensados para su regreso y que en muchas ocasiones cristalizan estas operaciones en el periodo estival. Dando vida a parroquias casi en el olvido y trabajo en verano a notarios, gestores de fincas, entre otros. Además estarán de acuerdo conmigo que la llegada de los emigrantes y sus familias son fuente de demanda de consumo de ocio dando lugar a la creación de bares de moda en lugares verdaderamente sorprendentes. Y además convierten a bares de pueblo en referentes de gastronomía para emigrantes, familiares, y acompañantes extranjeros. Obligando a los bares a enfrentarse a situaciones como la de ofertar comidas a una gran cantidad de familias u  “obligando” a vecinos a convertirse en emprendedores de negocios  vinculados a excursiones turísticas o negocios de aventura. 

En general la vuelta del emigrante es un factor de gran riqueza en la economía de los pueblos del rural y en concreto del rural de las provincias de interior. Este proceso tiene una pega, que es que los emigrantes suelen ser compradores pero no suelen ser inversores en la tierra chica. En el sentido de que muchos de estos emigrantes inversores en terceros países no ven a Galicia como tierra de inversión, solo de descanso y de ocio. Es habitual en la estampa del verano gallego ver la foto de emigrantes famosos y ricos en los periódicos locales  jugando a las cartas, el domino o lo que se tercie, así como navegando en nuestras costas pero por desgracia no se pueden observar fotos de grandes inversiones procedentes de la emigración.