Miércoles, 14 de Noviembre de 2018

PREMIO OURENSANÍA

"La emigración no es como antes, Buenos Aires ponía pautas a la llegada de gente"

Emilio Nogueira es presidente del Centro O Carballiño en Buenos Aires. Foto: Miguel Angel
Emilio Nogueira es presidente del Centro O Carballiño en Buenos Aires. Foto: Miguel Angel

Sorpresa y una gran emoción fue lo que sintió Emilio Nogueira cuando le comunicaron que este año recibiría el Premio Ourensanía. Sus ojos lo expresan mejor que las palabras. Está en la tierra que le vio nacer y fue testigo de cómo tenía que cruzar el océano en busca de un futuro mejor. Toda una vida de trabajo y esfuerzo lo ve ahora recompensado con reconocimientos que no se imaginaba. Emilio Nogueira recordó cómo sintió él la emigración y habló sobre como han cambiado las cosas desde entonces, lo diferente que es Buenos Aires de España, haciendo un repaso personal y político en boca de alguien que lo vivió en primera persona.

Usted emigró a Buenos Aires con sólo 15 años, ¿fue difícil tomar esa decisión? 

Tengo 69 años de argentino y 15 de gallego. En esos tiempos se recurría a eso porque aquí se vivía mal. Después de la guerra nadie estaba bien, se trabajaba para comer nada más. Todo el mundo emigraba, más la juventud, porque no teníamos futuro. Gracias a eso, algunos volvieron y pudieron dar una vida próspera a su familia. Yo empecé desde jovencito con el comercio y me quedé allí, aunque siempre tienes en mente volver.

¿Podría decirse que la emigración fue un salvavidas? 

Buenos Aires es la quinta provincia de Galicia. Hoy hay tantos gallegos allí como aquí aunque desgraciadamente muchos ya fueron desapareciendo. La vida era muy diferente entonces, no había inflación, había mucho trabajo. Ahora mejoró, como aquí, pero los gobiernos no mejoran. La cifra de inflación está ahora en el 30%. 

La situación política en Buenos Aires no es estable, ¿cómo les influye a los ciudadanos? 

No está bien, es cierto. La oposición a Mauricio Macri no les deja gobernar y cuando él se puso al mando recibió un país muy deteriorado. Eso nos perjudica mucho, sobre todo a los trabajadores. Los sueldos no aumentan y eso repercute en las familias. Pero Argentina siempre sale a flote. Hay un dicho que dice que hay que dormir cuatro horas por día y que en ese tiempo el país se recupera.

¿Cómo es la situación de la colectividad exterior? 

Las condiciones son buenas, en general. Pero cuando no hay estabilidad la gente tiene que cuidarse más. Los españoles en Buenos Aires tenemos las mismas condiciones o incluso mejores que los nacidos allí. Somos respetados, queridos, no nos ven como diferentes a ellos en cuanto a ciudadanía. 

España está siendo el lugar de recepción de muchos extranjeros hoy en día. ¿Es una situación comparable? 

No, para nada, no creo que se repita aquello. Lo que está ocurriendo aquí es que están llegando personas sin documentación. Cuando yo me fui el gobierno argentino tenía establecidas unas pautas para recibir a gente de fuera. Te pedían que un familiar te reclamase y que tuvieses asegurado un trabajo, o si tenías dinero e ibas de vacaciones. Si no se cumplía eso, no podías entrar, pero como emigró tanta gente, siempre tenías algún conocido por allí. Eso marca una diferencia con hoy en día, no se podía entrar en cualquier país. 

Las noticias hablan mucho de la inseguridad en Suramérica. ¿Cómo sienten eso los emigrantes? 

La seguridad ha cambiado. Hay algunos países de Suramérica en los que no se vive como antes. Es algo que nos preocupa, igual que a los gobiernos. España, Galicia y Carballiño son mucho más tranquilos. La delincuencia aquí prácticamente no se conoce, se vive en paz, no tienes miedo de salir a la calle o de ir al trabajo. Se disfruta mucho estando aquí. Hay zonas como Venezuela o algunas de Méjico en las que es imposible vivir, el terrorismo hace a la gente escapar.

Muchos decidieron regresar por esa inseguridad en las calles. 

No. Es un país que tiene vida, es fructífero y el que quiere trabajar  tiene campo de acción. Creo que los que volvieron lo hicieron porque las cosas cambiaron aquí y su situación personal se transformó. Trajeron consigo una cuota personal adquirida con esfuerzo y la volcaron aquí, algo que no me parece mal. Se sentían satisfechos con lo que habían generado y regresaron con su familia. Otros no tenemos miedo, tenemos todo lo que queremos allí. 

Usted regresó en 1978, aunque sólo por vacaciones, ¿por qué tardó tanto en volver? 

No tenía los trámites para hacer el servicio militar y esperé a cumplir los 40 años, justo cuando terminó el mundial de fútbol en Argentina. A partir de ahí vengo todos los veranos. Aquí tengo familia, gente amiga y lo disfruto mucho. 

El Centro Partido de Carballiño en Buenos Aires nació como un punto de encuentro entre emigrantes. 

Los emigrantes que había en Buenos Aires en los años 30 tomaron la iniciativa de hacerlo por morriña de su tierra. Aunque eran muy pocas personas, crearon con sus propias manos un lugar de reunión, un local, al que ahora pertenecemos 600 gallegos. Cuando se juntaban se sentían en familia y sigue siendo así, Carballiño en Buenos Aires. Todos los domingos del mes nos reunimos para celebrar, tenemos las mismas fiestas que aquí y recordamos las mismas tradiciones que en nuestra tierra.

¿Nunca se planteó regresar para quedarse? 

Se echa de menos la familia, la gente de donde uno se cría y se extraña y se sufre mucho. Sólo lo sabe el que emigra, no es algo que con contarlo se pueda sentir. Nunca pensé en quedarme aquí de nuevo, cuando quiero venir tengo la fortuna de poder hacerlo. Allí lo tengo todo y aquí tendría que empezar de nuevo. 

¿Se arrepintió alguna vez de haber emigrado? 

No, jamás podría decir eso. Me arrepentí y lo sigo haciendo de no haber podido venir antes de 1978, antes de que fallecieran mi padre y mi abuelo. Eso sí que me marcó vivirlo lejos. Llevé a mi familia para Buenos Aires, a mis hermanos y mi madre y cree la mía propia y ahora estamos todos bien allí.