Miércoles, 26 de Septiembre de 2018

OPINIÓN

Algunos hombres buenos

En la imagen Miguel Mosquera en una imagen de archivo.
En la imagen Miguel Mosquera en una imagen de archivo.

Seguramente tan evocadora frase retrotrae al film estadounidense dirigido por Rob Reiner en 1992, muy popular al haber sido protagonizado por el t,andem Tom Cruise – Demi Moore, aunque en esta ocasión lejos del tinglado legal, guarda una analogía por el drama de fondo que sacude la tragedia.

Sin embargo, para el caso que atañe hoy, esos hombres buenos o prohombres, se aproximan más a la apreciación de Pondal en lo que a la postre acabó siendo el Himno gallego, y que a la postre define lo que todos perfectamente entienden por los “Bos e Xenerosos”.

Este es uno de los mejores argumentos para mirar de frente al futuro al descubrir que, pese a la endeble e insignificante condición humana, hay algunos hombres buenos, capaces de llenar todos los corazones de esperanza.

Tal es el caso de José Balboa Rodríguez, entrañable residente y nativo del ayuntamiento de Beariz, cuya biografía discurre empujada a la emigración, en paralelo a la de muchos de sus convecinos. Quien haya tenido la fortuna de conocerlo en persona, gozará siempre de la impronta de un hombre sencillo y correcto, galante con toda mujer a la que encuentre y amable con quien visita su concello. Maestro de ceremonias de cuantos acontecimientos culturales se organizan en su pueblo y promotor, entre otros, de la marca del porco celta en los inicios de su difusión.

Pero lo que hace de José Balboa a sus 82 años un hombre renacentista, igual entregado a las artes que a las ciencias, es su nueva vocación como escritor. Universitario senior que aprovecha cualquier oportunidad para crecer humana e intelectualmente, lo que hace de él un abuelo muy poco al uso fue reflejar en su senectud el drama de la emigración en sendas entregas tituladas, respectivamente, “Uno de tantos” y “Merece la pena”. La primera publicada el pasado año con la ambición dar voz a quienes no la tienen, complementada con la segunda en el actual 2018, en forma de biografía de un amigo suyo ambientada en los años 40.

Hasta aquí un buen hacer que, aunque notorio, no iría necesariamente más allá de lo anecdótico. Pero lo que hace verdaderamente grande a José Balboa, lo que lo convierte en un auténtico “Bo e Xeneroso”, merecedor del mayor homenaje y respeto, es su altruismo y desprendimiento, al destinar desinteresadamente los beneficios de sus publicaciones a una de las más altas causas, la Fundación de ayuda a los niños con problemas de corazón.

Sin cejar en su empeño, este entrañable bearizao octogenario se entrega a la fatigosa labor de asistir a agotadoras presentaciones para dar a conocer ambos libros, con el único interés final de que las ventas vayan destinadas a “menudos corazones”, de la antedicha Fundación, cuya razón de ser es  mejorar la calidad de vida de las personas con una cardiopatía congénita y de sus familias. 

Pero pese a lo difícil que resulta ser profeta en tierra propia, ocasiones se dan para conocer a un puñado hombres ilustres respetados por sus cualidades, merecedores de especial consideración entre los suyos. Por eso hay días para congratularse de compartir la galleguidad con prohombres que hacen país, haciendo un mundo mejor para todos.

Desde aquí, un humilde homenaje y los mejores deseos para Pepe Balboa, con el convencimiento de que a su empuje artístico y generoso le seguirán nuevas y aplaudidas creaciones.