Domingo, 27 de Mayo de 2018

BASADAS EN UN ESTUDIO DEL REAL INSTITUTO EL CANO

Los mitos y las "debilidades"de los jóvenes emigrantes españoles

El Real Insituto El Cano, acaba de publicar un estudio en el que compara la situación que atraviesan los emigrantes españoles jóvenes con amplia cualificación, con la de nuestros vecinos portugueses, italianos o griegos.

Hay conclusiones interesante en la que merece la pena detenerse, además de ser estudiadas. 

En primer lugar algo que ya suponíamos y que colectivos como Marea Granate vienen advirtiendo desde sus inicios y es que el número de emigrantes españoles podría ser casi el triple del que figura en las estadísticas porque solo se han registrado en los consulados el 36% de los que han emigrado.

Le emigración de jóvenes españoles fue más tardía que la de los jóvenes griegos o portugueses, de hecho sólo las sobrepasó a partir del año 2011. 

Hay más argumentos que nos llaman la atención, como que el porcentaje de la población con formación universitario y que se encontraba en riesgo de pobreza, era más alto en España que en el resto de países estudiados. 

El Estudio de El Cano, destaca que emigración motivada por el deseo de mejorar la formación, de tener nuevas experiencias, de avanzar profesionalmente o salarialmente, o también de encontrar mejores oportunidades de negocio, tiene menos peso que en cualquier otro de los países. Con lo que se cae otro mito, altamente repetido por los que intentan negar que los jóvenes españoles no se van por falta de oportunidades, si no por vivir nuevas experiencias. 

También se destaca en el estudio que el paro provocó que la emigración española se llevase a cabo en peores condiciones de preparación y capacidad de negociación y que el éxito del proceso fuese menor, tanto en términos de empleo como de salarios. Lo que significa que en los países de destino se aprovechan de la situación de debilidad de los emigrantes españoles.

 

Hay más cosas como que: entre entre los emigrantes que accedieron a un empleo, los españoles se encuentran sobre-representados en las ocupaciones que requieren menor formación e infra-representados entre los profesionales, por ello los ingresos de los españoles han sido más bajos. Destacan entre los que ganan menos de 1.000 euros mensuales y se concentra en los niveles intermedios, entre 1.000 y 3.000 euros, con baja representación en los niveles más altos.

A su vez la probabilidad de que un español esté ocupado en el país de destino es un 44% menor a que lo esté alguien procedente de alguno de los otros tres países.

Si el emigrante trabajaba ya antes de emigrar, la probabilidad de que luego también lo haga es un 70% superior a si estaba desempleado en origen. Y, puesto que los españoles estaban desempleados en origen con mayor frecuencia que los griegos, portugueses o italianos, se enfrentaron al paro en destino también con mayor frecuencia.

Vamos, que todo han sido desventajas para nuestros jóvenes, además de recordar que España lleva varios años con una saldo migratorio negativo entre la población joven, es decir, se van más jóvenes a trabajar fuera de los que vuelven. Los jóvenes que más emigran se encuentran en la franja de 25-34 años, por lo que no es de extrañar que todas las Comunidades Autónomas incluyan en sus programas de retorno partidas y medidas para recuperar el talento joven. Algo nada fácil por otro lado, cuando lo que hay que ofrecer es poco y precario.