Martes, 25 de Julio de 2017

QUIEREN DEJAR SU HUELLA A TRAVÉS DEL GRAFITI

Tres artistas españoles dejan su firma en una kilométrica aventura por EEUU

Carretera, una furgoneta de 1992 y mucha pintura. Ese es el plan de dos muralistas y un fotógrafo españoles que realizan un viaje de 6.600 kilómetros alrededor de Estados Unidos en el que quieren dejar huella de su pasión: el grafiti.

Desde comienzos de junio y hasta finales de mes, el catalán Joan Tarragó y el madrileño Sabek pondrán su firma en paredes de San Antonio, Atlanta, Miami, Richmond, Washington D.C. y Nueva York con el proyecto "Survibe", siempre con la inseparable cámara del leonés Elliot Alcalde para documentar una experiencia "en 360 grados".

"La idea era viajar con amigos y hermanos, con un viaje que tuviera paradas organizadas, pero que también tiene una parte bastante amplia de improvisación y estilo libre", asegura Tarragó en una entrevista a Efe mientras pinta un mural en el exterior del Centro Cultural Español de Miami.

La ciudad del sur de Florida es la tercera parada de una aventura que Tarragó y Sabek, cuyas firmas yacen en incontables muros de todo el mundo, decidieron emprender después de un viaje similar por Asia.

Sabek, que prefiere mantenerse bajo su identidad artística, afirma que no concibe "otra manera de viajar que no sea pintando".

El joven madrileño está en un descanso antes de dar los últimos retoques al lobo negro que acompaña a sus otras dos creaciones únicas para Miami, un águila y un ciervo.

"Una persona me dijo el otro día que no podía ver ni lobos ni ciervos en Miami y yo le dije que ahora puede verlos", dice Sabek, que añora la época en la que el ser humano tenía mayor contacto con la naturaleza y los animales, que ahora son "una sombra de su pasado".

Los murales de Sabek se relacionan con el estilo orgánico y naturalista de su compañero de pinceles, pero la pintura de Joan Tarragó es más "abstracta" y remite a formas de la naturaleza y el agua, con mucha influencia de su pasado relacionado con el surf.

"Se trata de dar movimiento y vida a lo que es una pared de hormigón", dice Tarragó.

En total serán más de 6.600 kilómetros los que el grupo tiene la intención de unir en un documental a su final y del que los artistas afirman que "se trata del viaje, no sobre el destino".

Compañías como Luminaria, Big Secret, Outer Space, Wynwood Embassy, Spain Arts & Culture y, en Miami, el Centro Cultural Español, les apoyan por el camino en cada parada.

Al lado de Tarragó y Sabek, Elliot Alcalde no para de hacer fotografías y vídeos del trayecto para transmitirlo por las redes sociales en tiempo real. No en vano, se declara enamorado de la parte más social del viaje.

Como salido de "El camino", de Jack Kerouac, este castellanoleonés conoció a decenas de personas en San Antonio, una tarde en la que se quedó sin llaves de casa y el vecindario le acogió.

"Se trata de no basarnos en la ciudad como espectáculo sino irnos a la realidad, al humano, conociendo a mucha gente con cuatro cosas en la furgoneta", destaca el fotógrafo.

Mientras habla, abre el capó de la vieja Ford Econoline F-150 Premier que compraron en Texas por apenas 1.500 dólares (1.300 euros) y que les ha dado "amor pero también disgustos".

Apenas llevan la mitad del viaje y el armatoste móvil ha dado signos de debilidad, pero la "virgencita" que le dio a Alcalde un anciano de San Antonio en su despedida les protege por el momento.

Por dentro, la Ford tiene la tapicería desgastada, un reproductor de casetes y una televisión con un reproductor VHS con una cinta atascada de la película "El guardaespaldas".

El vehículo necesita un cambio de aceite, según el fotógrafo de la expedición española, aunque los tres confían en que la furgoneta aguante hasta Richmond, en Virginia, su próxima parada prevista, un largo viaje de 13 horas por la Costa Este del país en el que deberán pasar por Georgia, Carolina del Sur y Carolina del Norte.

Pero dentro de la "locura" del programa que tienen marcado, Tarragó insiste en que cuando salgan de Miami le apetece bajarse en medio de la carretera y pintar cualquier pared para dejar su nombre escrito en el lugar más remoto. EFE

Pablo Ramón Ochoa