Domingo, 22 de Octubre de 2017

IMPORTANTE HALLAZGO

Arqueólogos españoles rescatan un ‘falaj’ que transformó el desierto en un palmeral

En la imagen, arqueólogos trabajando sobre el terreno. Foto: El Correo del Golfo
En la imagen, arqueólogos trabajando sobre el terreno. Foto: El Correo del Golfo

Los trabajos que el equipo de arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid desarrolla en Thuqeibah, situada desierto adentro en el emirato de Sharjah, están dando unos resultados sorprendentes, según publica El Diario del Golfo.

Entre otros, que en plena Edad de Hierro, allá por el 800 antes de Cristo, ya contaban en la zona con un complejo sistema de canalizaciones denominado 'falaj' que permitía a los pobladores del lugar conducir el agua de la capa freática, en aquella época situada a dos o tres metros de profundidad, hasta la superficie y transformar áridas tierras en verdaderos oasis.

La directora de la excavación, la doctora Carmen del Cerro, que ha avanzado durante el pasado mes de marzo junto con un nutrido grupo de profesionales en las investigaciones, explica sobre el terreno que el 'falaj' objeto del estudio, el más antiguo de la región hasta ahora sacado a la luz, hizo posible crear en aquel momento un palmeral de unas 15 hectáreas bajo el cual además se ubicaban áreas de cultivo que podían dar dos cosechas por año. Dátiles no faltaban.

La localización de semejante vergel no es casual. Se trata de una planicie en el área de Al Madam, ya cerca de Omán, resguardada por las montañas Jebel Buhais y Jebel Fayah -frenaban el avance de la arena- y que era especialmente lluviosa debido a que los monzones procedentes del océano Índico llegaban hasta la zona. Allí, gracias al conocimiento de la época, se levantó un poblado que incluso contaba con una fábrica de un producto parecido al adobe elaborado con roca natural existente en el lugar que posibilitó levantar construcciones muy duraderas. De ahí los restos hallados.

El equipo de Carmen del Cerro ha logrado localizar ya dos kilómetros y medio del 'falaj'. El tramo abarca desde el punto donde captaba el agua del subsuelo hasta el sitio en que alcanzaba la superficie para dar paso a una red secundaria de canalizaciones a izquierda y derecha que permitía regar los cultivos de modo similar al que se conoce hoy.

Cada 12 metros situaban una palmera en un avanzado alcorque que contaba con un regulador de entrada de agua creado con restos de tinajas y de vasijas. Una auténtica obra de ingeniería. "Bajo la Península Arábiga se encuentra uno de los mayores acuíferos del mundo; en aquella época el agua estaba a pocos metros, pero ahora se halla a más de cien", afirma Del Cerro.

Estas condiciones hicieron que los habitantes del poblado disfrutaran de una completa alimentación que incluía cereales y legumbres así como carne y productos lácteos de camello, cabra y oveja. Todo ello lo han revelado los estudios llevados a cabo por el equipo español, que han permitido reconstruir en detalle cómo era la vida en el lugar. La directora de la excavación subraya que la datación del enclave se ha podido llevar a cabo con gran precisión a través de la curva de calibración marina a partir de unos moluscos de la familia Thiaridae que han aparecido en cantidades importantes y que sólo se dan "en agua limpia, dulce y que corra a cielo abierto". Es una de las claves.