Lunes, 26 de Febrero de 2018

OPINIÓN

La odisea de volar con animales

Quienes solemos viajar en avión acompañados de un perro, un gato o cualquier otro animal, sabemos que el proceso de encontrar un billete puede convertirse en una auténtica pesadilla. Centrémonos en la Unión Europea. Por suerte, tras la aprobación del Reglamento No 576/2013, que regula el transporte de perros, gatos y hurones (otros animales están sujetos a reglas específicas), ya pasó la época en la que cada país miembro de la UE tenía una legislación propia.

La legislación actual exige, entre otras cosas, la posesión en vigor del pasaporte europeo, un microchip identificativo, las vacunas reglamentarias actualizadas, y la puesta de la vacuna antirrábica con al menos 21 días de antelación al viaje (cuando el animal supera las 15 semanas de vida) y un año de antigüedad, como máximo. Países como Finlandia, Irlanda, Malta y Reino Unido, por su parte, piden el tratamiento contra la tenia Echinococcus por las especifidades de su ecosistema.

Pero esos requisitos, por engorrosos que parezcan, no lo son tanto como encontrar un billete de avión que se ajuste a tus necesidades. Cada aerolínea establece sus propias normas de viaje para animales de compañía (salvo perros lazarillo o asistenciales). Así, compañías low cost como Ryanair o EasyJet no aceptan transportar animales; Norwegian los admite en cabina, pero solo en vuelos nacionales (internacionales en bodega, por alguna extraña razón); en cambio, otras, como Iberia, son más flexibles, siempre con el correspondiente recargo.

Eso significa que las compañías más restrictivas son las más utilizadas por quienes menos recursos económicos tienen. Esto provoca que muchas personas tengan que replantearse las vacaciones o, en el caso de personas emigradas, limitar el número de veces que regresan al país de origen para ver a su familia.

Además, nos podemos encontrar con restricciones bastante pintorescas. Algunas compañías como Swiss Air (también, de nuevo, Norwegian) solo aceptan dos animales en cabina. ¿Acaso la presencia de más de dos transportines puede suponer algún problema durante el vuelo?

La compañía Vueling, por su parte, solo permite sacar billete para animal de compañía en cabina, si seleccionas la tarifa Basic (en la que no se lleva equipaje en bodega). Pongámonos en situación: vuelvo de vacaciones con mi maleta de 20 kilos, mi gato Almohadilla (siempre que pese menos de 6 kilos, transportín incluido) y mi mochila con el portátil. Voy a reservar mi billete en Vueling, y... ¿cómo? ¿Si llevo a Almohadilla en cabina, no puedo llevar la maleta en bodega? Llamamos a Vueling. “Debe reservar tarifa Basic”, me dicen. Tras discutir con el teleoperador, concluyen que puedo llevar la maleta siempre que  pague un extra (el segundo recargo tras el billete del animal).

Pero aún puede haber más sorpresas. Los grandes grupos de aerolíneas como One World o Star Alliance no aplican las mismas regulaciones para todas sus compañías. De este modo, al sacar un billete en una compañía puedes presentarte ante un vuelo finalmente operado por otra compañía con regulaciones distintas. Cierto es que al comprar el billete debe aparecer indicada la aerolínea que lo opera. Sin embargo, este despiste puede llevarte a que te quedes en tierra con tu animal.

Otro punto no menos importante es la gestión de los viajes en bodega. Quienes tengan mascotas habrán encontrado que sus animales, al llegar al destino, estaban entre vómitos, orines, con problemas respiratorios, o de estrés. También se ha dado el caso extremo de animales muertos en bodega, como recogía el artículo de 2014 de ElDiario.es “¡Mi perro no es una maleta!”.

Urge, pues, que la Unión Europea intervenga obligando a las compañías aéreas, en primer lugar, a establecer unas normativas estándares de transporte de animales que no supongan una discriminación por razones económicas para los viajeros que solo pueden pagar billetes low cost.

Segundo, que se establezcan también normas estándares de aceptación de animales en cabina y bodega (número por transportín, número total y peso), o transporte de equipajes adicionales (cuántos bultos a mayores se pueden llevar en cabina o que se pueda llevar bulto en bodega sin cargo adicional dentro de la tarifa del billete).

Finalmente, es necesario que se establezcan unos protocolos de bienestar para el viaje en bodega, así como para el transporte entre la terminal y el avión, de modo que se garantice la seguridad de los animales. Es hora de que un viaje en avión con animales sea accesible para todas las personas por igual, y sin que se convierta en una odisea.

Jaime Martínez Porro es Co-coordinador de Izquierda Unida en Berlín