Lunes, 23 de Octubre de 2017

FAMILIA

Carmen y sus cinco tataranietos

La comarca de Terra de Celanova es una de las más envejecidas de la provincia, y también una de las más sacudidas por la emigración y la baja natalidad. Sin embargo, la casualidad ha querido que una segunda familia compuesta por cinco generaciones tenga sus raíces en A Merca.

Oriundos del pueblo de Forxás dos Montes, la saga familiar que preside la nonagenaria Carmen Calviño suma ya tres bisnietas y cinco tataranietos. La llaman la "tata" y ella está encantada porque es muy niñera. Así lo confirman sus seres queridos, que le organizaron una comida sorpresa a la que no faltó La Región. "¡Ya me las pagarás!", amenazaba cariñosamente a su bisnieta Tatiana Costa de 30 años, después de que le anunciaran en la sobremesa la presencia del fotógrafo que iba a retratar el evento familiar. Hasta 16 miembros se reunieron en la jornada dominical donde faltó Natalia Costa, una de las bisnietas y sus dos hijos Pedro y Pablo, que residen en Soria y sólo vienen en verano.

A sus 93 años recién cumplidos, Carmen Calviño vive ahora a caballo entre Forxás dos Montes y la ciudad de As Burgas. Allí se asentó tras una intensa vida marcada por la emigración en Bilbao y el trabajo en el campo. "Metía os nenos nun cesto e ibamos a traballar na terra", recuerda. Hoy, su última tataranieta Noelia de cinco meses, salta del "colo" de su abuela Mari Carmen Álvarez (52 años) al de bisabuela Julita Cid (76 años) y de ahí, con la tatarabuela. Pero no es la única en disfrutar de los privilegios de tener tantas "abuelas".

Los tataranietos mayores, Pedro (seis años), Pablo (tres), Bruno (seis) y Dylan (dos) están encantados con los mimos y cariños que reciben de todas ellas. "Tienen demasiados", comenta Tatiana Costa, madre de Bruno y Noelia, y bisnieta de Carmen, pero feliz de poder disfrutar de la familia. Y es que, de la relación especial que se genera entre las distintas generaciones, lo sabe bien la propia Tatiana, que llegó a conocer a su tatarabuela Pilar. "Murió con 95 años, cuando yo tenía 12", recordaba.

Formar parte de esta extensa saga familiar tiene sus ventajas, reconocen las primas Costa, que en sus distintos embarazos han recibido la ayuda y los consejos de las matriarcas. "Siempre me decían que lo cuidara bien, pero sobre todo qué hacer y qué no", recuerda Tania Costa. Un apoyo en los primeros años de vida de los niños que no tuvo la bisabuela Julita Cid de 76 años, que se casó por poderes y emigró a Venezuela, lugar en el que nacieron sus hijas Mari Carmen y Yolanda. De la época de antes, la familia echa en falta la tranquilidad. "Ahora hay más comodidades, pero también más consumismo", dicen.

La concurrida celebración que tuvo lugar en el número 17 de la "Rúa do Forno", con un alboroto más propio de las fiestas de la Virxe das Neves que de un simple homenaje, llamó la atención de los lugareños. Pura y Mari Carmen, vecinas de toda la vida de la familia, no dudaron en salir al camino al oír tanto alboroto. "É unha sorte contar cunha familia tan longa", les dicen siempre.